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La “Doctrina Betancourt”

La Carta Democrática Interamericana (CDI) reivindica la “Doctrina Betancourt” frente a cualquier mala copia de la Cuba comunista.

El pasado martes 31 de enero se cumplieron 55 años de la expulsión de Cuba de la Organización de Estados Americanos (OEA), según Resolución VI de su VIII Cumbre celebrada en Punta del Este, Uruguay, entre el  22 y el 31 de enero de 1962.

La reunión de cancilleres fue solicitada por Colombia ante la creciente injerencia del comunismo soviético y chino en Cuba, “la ofensiva subversiva de Gobiernos comunistas, sus agentes y las organizaciones controladas por ellos”, tratando de extender ese proyecto por el continente.

Las dos terceras partes de los votos aprobaron que Cuba se había colocado “voluntariamente fuera del sistema interamericano” porque la adhesión de cualquier miembro de la OEA al marxismo-leninismo “es incompatible con el sistema interamericano y el alineamiento de tal Gobierno con el bloque comunista quebranta la unidad y la solidaridad” continental.

La llegada en 1999 del fallecido teniente coronel Hugo Chávez al poder en Venezuela, dio otro aire al proyecto cubano y el petróleo caro sirvió para comprar adeptos.

El cambió fue tanto que en julio de 2009 la OEA se reunió en Honduras y con los votos de Honduras, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua quedó sin efecto la resolución número VI del 31 de enero de 1962.

Cuba alegó no estar interesada en regresar porque la OEA era  una organización muy “desprestigiada e impertinente”, frase copiada por el actual gobierno venezolano.

Lo ocurrido en Uruguay a finales de enero de 1962 tiene mucho que ver con la situación que enfrentaba el incipiente proyecto democrático en Venezuela con Rómulo Betancourt, impulsor de la “Doctrina Betancourt”, en la presidencia del país.

La “Revolución Cubana” catalizó la agitación social e inestabilidad política que sufría la Venezuela de principios de los sesenta. El 11 de noviembre de 1961, el gobierno venezolano rompió relaciones diplomáticas y consulares con el gobierno de Cuba, pero Fidel Castro y la Unión Soviética siguieron fomentando violencia y la formación de grupos guerrilleros como las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), el Frente de Liberación Nacional (FLN) y las Unidades Tácticas de Combate (UTC).

La “Doctrina Betancourt” permitió la estabilidad de la democracia recién instaurada y la legitimación internacional.

La Carta Democrática Interamericana, aprobada por la OEA el 11 de septiembre de 2001 en Lima, a propósito de los abusos de Alberto Fujimori, convalida la “Doctrina Betancourt” para impedir la destrucción de las instituciones democráticas y el establecimiento de dictaduras totalitarias, como parece la intención de la actual cúpula del gobierno venezolano.

Ante esta realidad, la comunidad continental debe aprovechar el debilitamiento del proyecto del fallecido Fidel Castro para acabar con cualquier mala copia de ese fracasado intento comunista y enrumbar a todos nuestros países en la senda del progreso político, económico y cultural.

@jajogra

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