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Hay que volver a la movilización popular

En la columna anterior analizamos el documento-propuesta presentado por los facilitadores internacionales para reanudar el diálogo, realizado del 30 de octubre al 6 de diciembre de 2016, entre el la oposición y el gobierno. El 26 de enero la MUD emitió un comunicado en el que fijó posición ante aquel documento y anunció que está  elaborando otro texto con la participación de los sectores fundamentales del país para que “toda la sociedad democrática plantee a la comunidad internacional sus demandas para la restitución del hilo constitucional en Venezuela y el retorno de nuestro país a la democracia”.

En espera de ese texto es oportuno hacer un breve comentario sobre el publicado a fines del mes pasado. Allí se reclama que el gobierno incumplió los acuerdos inicialmente logrados en las conversaciones, gracias a que no se habían creado instancias y mecanismos que garantizaran el acatamiento de los compromisos hechos. Y se insiste en la exigencia de respeto a las competencias y funciones de la Asamblea Nacional, en la libertad de los presos políticos, en la atención de la crisis humanitaria, y, cuestión esencial, en el establecimiento de un cronograma electoral. Sobre este último, a ocho días del mes de febrero, todavía el CNE sigue silencioso y de brazos cruzados.

Ese es el panorama que ha obligado a la MUD a declarar que el experimento del diálogo “es un capítulo cerrado que no se volverá a abrir”, sin que se deje de reconocer que la palabra y el intercambio de opiniones, cuando no se usan para encubrir otro propósito, son herramientas de la política para solucionar diferencias y problemas. Lo que pasó es que el oficialismo se aprovechó del diálogo para que le sirviera de bombona de oxígeno cada vez que le faltara el aire, siguiendo el consejo de Lenin de que “por medio del diálogo, alcanzamos aquellos objetivos a corto y mediano plazo para ganar tiempo”. No obstante, la agonía continúa, como lo revela la encuesta de Datanálisis de enero, en la que el 95,1% de los consultados cree que la situación del país es mala.

¿Qué hacer? Primero, volver a la movilización popular en la calle, la cual se enfrió porque el gobierno manipuló el diálogo, al que sigue insistiendo porque se sabe débil y para guardar la apariencia de que busca entendimientos con la oposición. Y segundo, plantear a la OEA que se avance en los pasos previstos en el artículo 20 de la OEA de la ya invocada Carta Democrática Interamericana, lo que hasta ahora se ha obstaculizado por 19 países, beneficiarios de las subvenciones que reciben del gobierno venezolano a través de Petrocaribe y el Alba, que no votan en el Consejo Permanente de ese organismo regional para adoptar las decisiones requeridas. Sin embargo, como acaba de decir Luis Almagro, secretario general, “hoy existen más razones que antes para aplicar la Carta Democrática”. No siempre el dinero y el interés económico están por encima de los valores y principios que comprometen tanto a las personas como a las naciones.

El juego sigue y la democracia venezolana tiene muchas cartas para ganar.

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