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El Gobierno y la Oposición deben negociar las bases de un entendimiento

Al escuchar o leer las declaraciones de los distintos voceros del Gobierno o de la oposición lo natural es concluir que existe un consenso en torno a la necesidad de celebrar conversaciones. ¿Es cierto esto o son simples palabras que se las lleva el viento? Ciertamente, pudiera pensarse que se está frente a un episodio más de esas acostumbradas situaciones en las que los dirigentes políticos hacen gala de habilidad para mantenerse en los límites de lo políticamente correcto. ¿Pero si no fuera así, si efectivamente cada dirigente de cada sector habla sinceramente y de verdad considera necesario que se produzcan acuerdos? ¿Entonces, qué ocurre, por qué no comienzan a reunirse de una vez para realizar intercambios que conduzcan a entendimientos?

Tal vez lo que pueda estar ocurriendo es que cada quien tenga en mente una idea distinta de lo que pueda significar “negociar”, y, claro está, sin un lenguaje común es difícil avanzar. Una parte importante de los dirigentes de la oposición, que se manifiestan partidarios de una negociación, pudieran estar haciendo referencia a una situación en la que, luego de ser vencido el Gobierno -un derrocamiento o una renuncia-, se entabla un diálogo y se disponen condiciones blandas o no muy severas para la rendición. En esta visión se asimila “negociación” a “términos de la capitulación”, lo que obviamente no corresponde a la perspectiva visualizada por el sector Gobierno, pues nada indica que esté dispuesto a dejarse vencer y luego sentarse, “para capitular”.

Otro vocablo que se usa con frecuencia, y que también es causa de confusiones, es el de “transición”, puesto que lleva implícito un cambio de fondo no sólo de actores políticos sino también de sistema político, económico y social. Para acordar unas modificaciones de tal magnitud, los sectores partidarios de “ese” cambio tendrían que disponer de una correlación de fuerzas a su favor tan contundente e indiscutible, como para que el sector partidario del modelo actual se vea obligado a renunciar a su condición y a su proyecto. De modo que “transición” correspondería a una modalidad de derrota, derrocamiento o renuncia, y las negociaciones serían el sello de una capitulación.

¿Qué pudiera entenderse entonces por negociación en el actual contexto, caracterizado por el equilibrio de fuerzas? La imagen más cercana es la de un tratado de paz, que en este caso de conflictividad interna sería un tratado que recogería las bases de un modelo de coexistencia entre los factores en pugna, que facilite la alternancia durante el período constitucional 2019-2024 y los subsiguientes, independientemente de quien gane las elecciones. Un entendimiento que pudiera ser elaborado en términos semejantes al de otras experiencias históricas.

El asunto, por el momento, es que no hay acuerdo para dar inicio a una negociación de este tipo, y se sigue pensando en términos de “capitulación” o de “transición”. Pero, quiérase o no, expresan una idea distinta a una negociación para la coexistencia.

 

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