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Corto y Profundo

Hermético Bergoglio

Jorge Bergoglio parecía muy a propósito para abordar con alguna eficacia la tragedia de America Latina y el retroceso de nuestra Iglesia en ella -una epidemia de predicadores autodesignados que se bonchan la fe inspirados en el “pare de sufrir” acosa a catolicismo y protestantismo por igual.

Porteño sobrado y canchero, abrigado con el nombre de Francisco, con experiencia de vida y política -pues se ordenó tarde y navegó entre peronismo, terrorismo y régimen militar-, lucía que ni pintado. Declaraba como un político en campaña y parecía realmente estarlo. Reflejaba parcialidad por los humildes, que buena falta hace en esta era grotesca y gritesca en que la “áurea mediocritas” va sumiendose en el hoyo infernal de la pobreza.

De repente, el Papa cerró el pico. Se corrió la voz de que andaba en inconfesables tratos con los malos. García Banchs lo acuso de comunista y Aristeguieta Gramcko hablo de exorcisarlo. Este cronista, a quien todo le huele a billete recién impreso, vio la clave en los negocios europeos. Exageraciones, sí. Pero algo le pasa al Papa Pancho. O en algo anda.

De que le toca resolver el Caso Venezuela no cabe duda. Los obispos criollos ya asumieron esa tarea. Por lo que dijo en Colombia pareciera confiar en la virtud del diálogo. Urosa, liberado desde que renunció al cardenalato, le replicó al efecto.

Diálogo, de que lo hay, lo hay. En La Habana. Sin Trump y sin Maduro.

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Rafael Poleo

Director -Editor del diario El Nuevo País. Fundador de la Revista Zeta. Presidente del Grupo Editorial Poleo. Periodista. Analista político.

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