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Opinión

Diálogo de sordos, entre gobierno y nación

Cuando un gobierno se aísla de la realidad nacional y se encierra detrás de sus anillos de seguridad, corta cualquier comunicación entre gobierno y nación. El discurso de Maduro lleno de promesas para apaciguar, creó la impresión que ese caso no tiene remedio.

En la camada de los dictadores europeos del siglo XX, el portugués António de Oliveira Salazar empezó igual que los demás, con una Gestapo llamada PIDES, presos políticos y represión. Sin embargo, de todos ellos (Hitler, Stalin, Mussolini, Franco, Tito, etc), Salazar fue el único que podía salir caminando por las calles de Lisboa sin escolta. Lo saludaban los transeúntes, respondía al saludo y seguía. Se entendían, había comunicación pese a todos los horrores del PIDES. Entonces vino la revolución de los claveles, y Portugal volvió a la democracia.

Otro dictador, Marcos Pérez Jiménez, solía inaugurar cada 2 de diciembre las obras que mandaba construir, recorriéndolas a pie, acompañado de varios altos oficiales y los civiles relacionados con la obra. Tenía a muchos en su contra, pero no lo acompañaba un enjambre de guardaespaldas. Fue rechazado por el pueblo, pero no se encerró en una jaula protegida por guardianes. Vinieron los eventos del 23 de Enero, y el dictador se fue.

     En los 40 años de la democracia, a pesar del intento de un magnicidio del que Rómulo Betancourt se salvó con quemaduras en las manos, no recuerdo haber visto guardaespaldas durante las campañas electorales. Al presidente, después de su toma de posesión, es que lo acompañaban los edecanes y la Casa Militar.

Hugo Chávez, recién electo presidente, solía mezclarse con la gente. Unos meses después de su toma de posesión, yo estaba manejando en la mañana mi carro en la autopista y me pasó el vehículo donde iba Chávez. Sacaba el brazo por la ventanilla saludando a la gente en los vehículos a los que el suyo se adelantaba. Me llamó la atención su confianza y ese mismo día, lo puse en una breve nota, de las llamadas “brasero”, en la revista Zeta. Allí debe estar en algún número del año 1999.

Fue el tiempo cuando a Chávez lo visitó Fidel Castro y ambos asistieron a una ceremonia – creo que del 5 de Julio – en el Panteón Nacional. El reportero gráfico que ese día cubría el evento, me trajo unas fotos que eran todo un documento. Al salir del Panteón con Fidel, Chávez se mezcló con la gente. Fidel se encontró separado de sus guardaespaldas, se pegó de Chávez como de un escudo. Su rostro era de pánico en contraste con la alegría de Hugo al encontrarse entre la gente. Esa foto de los dos rostros la busqué hace un par de años para ponerla en Zeta, no recuerdo con qué motivo.

Era natural que inmediatamente después de pasar ese susto en Caracas, Fidel aleccionara a Chávez. Por primera vez en Venezuela, fueron creados los “anillos de seguridad” alrededor del presidente, siendo el primero formado por experimentados guardaespaldas cubanos. La norma fue instaurada y creció a tal punto, que ahora, cuando se desplaza Maduro, su seguridad forma un arco compacto a su alrededor. Conté ocho guardaespaldas corriendo de ambos lados del vehículo presidencial la última vez que fue a un desfile.

Gradualmente, en estos casos, el gobernante termina viviendo separado de sus gobernados y sus decisiones dependen de lo que le dicen y cuentan en su entorno. Si el entorno le miente – mala suerte. El gobernante termina viviendo en una burbuja, aislado del resto de la población. Es cuando se corta el contacto y los problemas se vuelven sin solución.

El discurso que pronunció Maduro el 7 de septiembre en el Palacio Legislativo, fue quizás para gobierno y oposición por igual, una muestra del quid pro quod que hoy rige la relación entre Miraflores y la calle. El orador habló con arrojo y convencimiento, prometiendo un 40% de aumento de todos los salarios, un nuevo sistema de control de precios máximos para 50 productos, y servicios fundamentales que espera aplicar próximamente para hacer frente la inflación. Como Maduro no se lo pasa en la calle y la gente sí, era natural que con esos anuncios, la población en su mayoría, entrara en pánico.

Para el ciudadano que desde el anterior aumento de sueldos está sometido a la angustiosa ausencia de dinero efectivo y pasa horas un día sí y el otro también, en las colas de los cajeros automáticos para sacar algún billete de su cuenta que inmediatamente se le evapora, ese aumento significaba más colas y más problemas. Para el vendedor en la calle que ni tiene ni puede conseguir el “punto de cuenta” para cobrar con tarjeta, es simplemente otro problema más.

Peor sonó la amenaza de Maduro a los bancos de que están obligados a pagar las pensiones en dinero efectivo. ¿Cómo? Si el BCV no manda dinero efectivo a los bancos, porque no lo tiene. El dinero se transformó en una cifra agregada en las computadoras no viene en forma física.

¿No es que las reservas del Banco Central hace tiempo que no cubren la cada vez más abultada emisión de bolívares? Además de que ahora ya ni siquiera esos montos se imprimen en billetes, solamente se anotan como una emisión virtual.

¿Qué sabe el presidente, de las horas que el trabajador debe pasar en colas del banco, colas del mercado, colas para gasolina, para el gas doméstico (que no hay), retrasos en el transporte y finalmente, cuando llega exhausto a su hogar, encuentra que no hay comida, porque los precios son inalcanzables y la escasez es inaguantable.

Propongo: para estar en sintonía con la gente, Nicolás y Cilia deben mudarse a un apartamento y vivir un mes, colas mediante, con el depósito en un banco de dos sueldos mínimos y sus correspondientes cestatickets. Después hablamos.

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Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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