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Farsa electoral a su medida preparan Venezuela y Cuba

Venezuela y Cuba preparan una farsa electoral a su medida, porque ambos regímenes creen en el espectáculo si ellos disponen del libreto y asumen la dirección del sainete según el periodista cubano Pedro Corzo.

Por Pedro Corzo

Enfrentar electoralmente un régimen como el que impera en Venezuela caracterizado por una legalidad aparente es complicado. Igual ocurre con el modelo gubernamental cubano, porque tanto en un país como en el otro, las reglas electorales son impuestas a la exclusiva conveniencia de quienes detentan el poder sin un mínimo respeto a las normas democrática.

Los comicios en Cuba y Venezuela son ficciones. Un falso montaje en el que se pretende presentar que el electorado decide sobre su destino. Ambos gobiernos controlan los organismos electorales y tienen un férreo control sobre los candidatos.

Ninguno de los dos regímenes reconoce a sus contendientes políticos igualdad de derechos y oportunidades. Un reto singular porque los postulantes de la oposición no cuentan con garantías de que una eventual victoria les sería reconocida por el oficialismo.

Sin embargo, algunos consideran que se debe concurrir a los comicios porque las oportunidades electorales deben ser aprovechadas, y para que el gobierno no use la abstención como una manera de despreciar los procedimientos legales para cambiar el gobierno, al señalarla como partidarias de la violencia como recurso para resolver las diferencias.

En el caso de Venezuela esta hipótesis tiene más fundamentos porque en ese país, en teoría, hay pluralidad política, aunque el régimen también recurre a la criminalización de los aspirantes al invalidar a los candidatos opositores con cualquier pretexto, a la vez que el fraude sigue siendo la carta más sólida del partido del oficialismo.

En los comicios se elegirán gobernadores de los 23 estados, exceptuado el distrito capital, y participarán candidatos de 76 organizaciones políticas, aunque incomprensiblemente el CNE le prohíbe a la MUD presentar aspirantes a la gobernación de los estados Zulia, Apure, Monagas, Bolívar, Trujillo, Aragua y Carabobo, aduciendo que tal medida es en cumplimiento de decisiones acordadas por juzgados de esos estados relacionadas con procesos judiciales del 2016.

Otro factor es que el poder ejecutivo central tiende a invalidar a los funcionarios electos de la oposición y les niega las partidas presupuestarias que le corresponden para cumplir las funciones para las que fueron escogidos, cerrando un cerco que demuestra que las votaciones no respetan la voluntad de las mayorías.

En Cuba la situación es más precaria, porque en un régimen de Partido único y con los medios de prensa bajo el control del Estado, afirmar que por norma constitucional el partido de gobierno no participa en las elecciones, no postula ni nomina candidatos ni elige o hace propaganda por uno u otro de los nominados, cuando la mecánica electoral vigente establece que un nominado tiene que estar identificado con la revolución.

Cuba se prepara para una farsa electoral en un contexto que no tiene precedentes. Por primera vez en 60 años, ningún Castro está inscrito para dirigir los destinos del país. En esta ocasión más de un centenar de opositores se presentarán como candidatos en las elecciones municipales, ejercicio interesante pero no repercutirá en los destinos del país, como tampoco ocurrirá en los comicios venezolanos, porque ambos regímenes creen en el espectáculo siempre y cuando ellos dispongan del libreto y asuman la dirección del sainete.

 

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