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Opinión

El duro camino hacia “la solución”

Apenas empezó la tal “reunión exploratoria” presumiblemente entre Maduro y la Mesa de Unión Democrática o la Asamblea Nacional (ni eso está claro), cuando las componendas del régimen ya la transformaron en un malentendido.

Puesto que se supone que las conversaciones serían entre el Ejecutivo y la MUD o la Asamblea Nacional (¿cuál de las dos?), lo primero que uno pregunta es ¿desde cuándo Manuel Rosales y Timoteo Zambrano son quienes las representan?

Por el otro lado, los Rodríguez están allí, pero uno es Alcalde y la otra ya no es canciller, sino presidenta de la llamada Asamblea Constituyente. Si nadie reconoce la constituyente, ¿será que vino a representar y defender lo que a los ojos del mundo legalmente no existe? El tercer miembro de esa delegación del oficialismo, Roy Chaderton, es diputado por el PSUV en el Parlamento Latinoamericano. Ninguno de los tres forma parte del Poder Ejecutivo ni ha sido formalmente acreditado para representarlo, que yo sepa.

Si eso ya parecía poco claro, empeoró todavía más cuando por fin se manifestó el poder Ejecutivo en la voz de Nicolás Maduro y lo hizo tan alejado de la verdad y la realidad, que automáticamente anuló con sus palabras cualquier esperanza de credibilidad en los posibles resultados. Felicitó a la MUD por sentarse en esta “fase avanzada” del diálogo”, que se habría logrado después de “varias semanas de preparación”. No dijo con quién fueron las semanas de “preparación”. Todos notaron el estupor que evidenciaron Borges y Guevara, cuando les anunciaron esa “mediación” de la República Dominicana.

Tampoco mencionó Maduro que la oposición, en la voz del presidente de la Asamblea Nacional, la única que ostenta la legitimidad de millones de votos, colocó como condición previa a cualquier conversación: la liberación de los presos políticos, cese de hostilidad contra la Asamblea Nacional (¿incluye reconocimiento de los magistrados nombrado por la AN y el nombramiento de dos rectores del CNE por la Asamblea Nacional?, no lo vi en las condiciones), y la apertura del canal humanitario.

Lo que sí vi y escuché, es la exigencia de Jorge Rodríguez del PSUV, de que fuera reconocida la Asamblea Constituyente. ¿Y no es que si es reconocida, la constituyente subordina a ella a todos los demás poderes?

Salvo un milagro – no soy muy creyente en varitas mágicas – no le veo futuro a ese ensayo de entendimiento que ya empezó con la falsedad de que “Estamos cerquita de lograr un acuerdo con la MUD”, en palabras de Maduro.

Lo que sí observo como más sólido, es la innovadora e inédita Declaración de Lima, en la que los doce más importantes países de la región sellaron su voluntad de una “salida pacífica y negociada” que permita la “restauración de la democracia” en Venezuela. Las actuales sesiones en la Organización de Estados Americanos (OEA) con los testimonios que confirman la sostenida violación de Derechos Humanos, sobre todo de torturas, suena como la preparación de otro hecho inédito e innovador, concatenado con la Declaración de Lima como lo sería la acusación a un gobernante en ejercicio, en el hemisferio americano, de delitos contemplados en el Estatuto de Roma. Serían por lo tanto de la incumbencia del Tribunal Penal de La Haya.

Los hechos concretos en este momento en Venezuela son los siguientes. Los cuatro meses de sangrienta conmoción en las calles de todo el país, con saldo de 124 manifestantes asesinados, miles de detenidos, centenares de presos políticos y torturas denunciadas en todos los niveles de detención, además de destrucción de propiedad privada por incursión en viviendas, han creado una opinión pública mundial, alarmada con lo que ocurre en Venezuela. Simultáneamente, creó inquietud en la región por la llegada de refugiados venezolanos y en Europa por el contagio que representa el chavismo a través de los partidos locales de la extrema izquierda.

Esos cuatro meses del inmenso sacrificio del pueblo venezolano, ahora traen sus frutos. El mundo clama por una solución democrática, impuesta por presión nacional e internacional, pero cada grupo busca la solución que más le convenga. Sigo pensando que en lo de Santo Domingo hay mucha discrepancia entre quienes esperan lograr algún beneficio propio local, y quienes le dan cuerda para ver hasta dónde puede llegar, para adoptar algo más radical. Veo los casos particulares de Francia y España, donde los partidos financiados por Chávez, los Insumisos y Podemos, a sus respectivos gobiernos les ladran en la cueva. Los acompaña en eso la Unión Europea que también tiene sus temores en ese aspecto.

En la ONU están las presiones para lograr un acuerdo sobre el Esequibo, que obviamente, por culpa de Chávez ya está perdido para Venezuela y donde lo más que los venezolanos pudiesen lograr sería una participación en petróleo y minería. Es de todos los males introducidos en Venezuela en la era chavista-madurista, el más irreparable de todos los daños, porque no tiene remedio posible con el tiempo.

Finalmente en Estados Unidos, donde priva el vernáculo “América para los americanos”, existen las alarmas por la penetración a través de Venezuela de potencias extracontinentales, fuesen europeas, africanas o asiáticas – sobre todo cuando el universo musulmán y la hegemonía china tratan de lograr asideros en América a través de la ¨plaza¨ que es la muy bien ubicada Venezuela. Sin contar el interés del canciller norteamericano en saldar a favor de la Exxon Mobil el problema de los yacimientos del Esequibo, ahora que sus planes de colaboración con Rusia y la petrolera estatal rusa Rosneft parecen estar naufragando.

De manera que cada quien tiene su interés particular en el caso venezolano, pero todos parecen estar interesados en darle una solución estable y duradera. Repito: para todos, la campana de alarma la hicieron sonar los propios venezolanos en su heroica salida a las calles durante cuatro meses sin descanso.

Mi muy personal apuesta entre las soluciones que se están planteando, sería que el actual ensayo de Santo Domingo será arruinado – como ya se notó en la primera declaración de Maduro – por la infinita capacidad del régimen en ganar tiempo y enredar los hechos. Vendrá entonces el corte franco, quizás de Trump, pero ojalá que sea a través de la OEA, cuyo Secretario General se ha revelado como una extraordinaria persona, dotada de franqueza, audacia y capacidad poco comunes. Es a él en quien habría que apostar, creo yo y así lo digo.

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Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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