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Opinión

El voto de la rabia

A la escasez /que sigue siendo grave en rubros como la harina de trigo y maíz, el azúcar y el café / se agregaron en víspera de estas elecciones, los garrafales errores del manejo monetario.

Las medidas oficiales pre-elecciones, consistieron en decretar un mes y medio antes de los comicios, un aumento de 40% del sueldo mínimo y un casi igual aumento del cestaticket, – el bono alimentario para cada trabajador. Sumados, pasaban a ser un ingreso mensual por cada trabajador, de 325.544 bolívares. Nicolás Maduro anunció el decreto el 8 de septiembre y explicó que el aumento es a partir del 1º de septiembre. Se interpretó como una medida previa a las elecciones de gobernadores, a celebrarse el 15 de octubre.

La primera consecuencia fue que el Banco Central no disponía ni de la cantidad de nuevos billetes correspondientes al incremento que el gobierno lanzaba a la calle, ni de la cobertura de esa suma con reservas del Banco Central. Al mes de emitirse el decreto, la población se encontró que no podía cobrar sus sueldos en dinero efectivo – por no existir suficiente disponibilidad de billetes. Dado que tampoco existía cobertura de esa gigantesca suma en el Banco Central, la caída del poder de compra del bolívar fue otra consecuencia inmediata.

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     El viernes antes de las elecciones a celebrarse el domingo, Nicolás Maduro acaparó los canales del Estado en un supremo esfuerzo para remendar el gigantesco error de emitir dinero sin sustanciarlo. Informó que todos los bancos aceptarán pagos con tarjeta de débito, sin importar de qué banco es la tarjeta. Se ve que a la Banca, le torcieron el brazo obligándola a sumergirse en lo que evidentemente será un caos para cobrar cada tarjeta. Además de que el anuncio no remedió nada, porque el problema para la gente es que no existen los puntos de cuenta para utilizar esa, ahora declarada multibancaria, tarjeta.

     Al no haber cobertura del dinero sacado a la calle, en mes y medio su poder de compra se fue al suelo. Los precios crecieron incrementados por las necesidades de reposición de la mercancía.

     No menos grave fue para el público, la imposibilidad de utilizar por lo menos parte de su nuevo sueldo con el dinero en efectivo. Mientras por un lado, los precios aumentaban, por otro, los cajeros automáticos de muchos bancos no pagaban sino Bs.5.000 por persona y por día, debido a la escasez de billetes. En un país donde un alto porcentaje del comercio popular está en manos de los buhoneros, al no haber efectivo, los “informales” buscaron el aparatico para cobrar con tarjeta, y averiguaron que hace tiempo los bancos ya no los tienen, porque eran importados.

       La gente se encontró que no podía pagar el transporte, el estacionamiento, ni un cafecito en la calle y menos comprar su periódico. Todo por no poder conseguir el menudo en efectivo.

       La mayor molestia causada por la imprevisión oficial, se manifestó justo para la fecha de las elecciones. Al emitir dinero fantasma, sin cobertura del Banco Central, los precios subieron antes de lo que el gobierno parece haber calculado y afectaron principalmente la compra de la comida. En las últimas dos semanas, el kilo de carne pasó de costar Bs. 38.000, a Bs. 54.000 por ese mismo kilo. Un pollo de 2 kilos y 200 gr., la semana pasada me costó Bs. 50.000 y este sábado 14, compré otro, del mismo peso y en el mismo expendio, por Bs.73.600. Cuando reclamé, la única respuesta fue “…Ay, señora, y lo que falta. Ya me avisaron que seguirá subiendo”.

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     Los huevos pasaron a costar Bs.21.900 la docena. En cuanto al pescado, que hace poco se vendía el filete en Bs.35.000 el kilo, este sábado estaba en Bs.68.000 (el doble). Los tomates estaban hoy, día 14 de octubre, en el supermercado en Bs.22.365 el kilo. Y, por cierto, el queso blanco Palmizulia, también dio un salto y pasó a Bs.55.000 el kilo. Todo, como es lógico, técnicamente pagadero con la entrada mensual de los “aumentados” 325 mil bolívares, con los que además, se debe pagar la vivienda, gas, luz, agua, transporte, colegio, vestimenta, etc. etc. Y por favor, no piensen en dólares, sino en el ingreso en bolívares de cada familia.

Supongo en consecuencia, que si cada familia, como es la costumbre, hizo su compra semanal de comida este sábado 14, lo primero que hará al día siguiente, será ir a votar para drenar la rabia acumulada. Y le apuesto, que el voto no será por el candidato del gobierno.

 

 

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Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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