Ni para los pasaportes hay dólares

Ante la imposibilidad de disponer de al menos 50 millones de dólares para cancelar el papel con el que se elaboran los pasaportes, el Gobierno de Nicolás Maduro debió improvisar una nueva medida “socialista” que revela el nivel de la crisis venezolana: prorrogar por dos años el documento que permite salir y entrar legalmente del país.

Por RICHARD SANZ

Corrían os primeros días de marzo de este año y a Juan Andrés solo le faltaba algo para largarse de Venezuela rumbo a Argentina: el pasaporte.

Había decido irse luego que “un contacto con la realidad” -como dicen en el canal del Estado, Venezolana de Televisión-, lo hiciera “madurar de golpe” a los 21 años: no tenía cómo comprar los insumos y alimentos más básicos para su chamo que había nacido en octubre pasado, como pañales, leche y medicinas, entre otros. Juan Andrés no quería que su hijo viviera en un país donde las panaderías no tienen pan, las estaciones de servicio no tienen gasolina, los supermercados no tienen alimentos, los hospitales no tienen medicinas y los bancos no tienen dinero en efectivo.

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Juan Andrés vendió el carro, ahorró lo que pudo gracias a su trabajo como técnico en reparación de teléfonos celulares y con el modesto capital acumulado pensó llegar al barrio de Palermo, en Buenos Aires, donde ya había contactado a otros venezolanos que le iban a tender una mano solidaria.

Hoy, cuando su hijo ya tiene un año de edad, Juan Andrés sigue en Caracas… ¿Por qué? Continúa a la espera que el Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (SAIME) le expida el pasaporte para irse de Venezuela.

Arrepentido por no pagar la extorsión

Juan Andrés -nombre ficticio porque no quiso revelar su identidad por temor a represalias-, relató que en una de las oficinas del Saime de la Gran Caracas, cuando acudió en mayo para enterarse que “no había papel” para el pasaporte, de la nada apareció “un gestor”, que le dijo que le expedía el documento si le pagaba US$1.500 dólares, “porque tú tienes pinta de sifrinito”.

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En ese momento ni siquiera pensó en buscar alguna negociación con el sujeto, lo único que atinó a decirle en medio de un asombro mezclado con indignación era que no disponía de ese dinero.

“Ahora me arrepiento, si a lo mejor le hubiera ofrecido US$300 o US$400 dólares ya estaría trabajando en Buenos Aires”, dice Juan Andrés con un dejo de frustración. “Me hubiera salido más barato”, continúa en su lamento, porque cuenta que con un amigo que es deportista, los gestores “se afincaron”, y lo extorsionaron con cuatro mil dólares para entregarle el documento en solo 24 horas.

“De paso, ya me ‘comí’ los reales del carro y los ahorros”, producto de una inflación que azota a los venezolanos que no perdona ni los bolsillos más repletos.

Aún así, Juan Andrés no pierde la esperanza, porque su chamo lo motiva a seguir adelante. “Aquí lamentablemente no hay futuro, por más que trabajes de forma honesta no puedes comprarte una casa y un carro como lo hicieron mis viejos. Esta gente -refiriéndose al Gobierno madurista-, destruyó mi país y no quiero que mi hijo crezca en medio de esta miseria”.

Caldo de cultivo par la corrupción

La situación de Juan Andrés es la que deben sortear unos dos millones de venezolanos cada año, que solicitan un pasaporte con el fin de buscar lo que no consiguen en la patria que los vio nacer, o “buscando visa para un sueño”, como canta Juan Luis Guerra, aunque para algunos el irse del país se convierta en una pesadilla, pero ese es otro tema.

Y es que tramitar un pasaporte en Venezuela requiere, además de tiempo para perder, una paciencia digna de Job, el siervo de Dios que relatan las Santas Escrituras, porque lo primero es “cazar” el momento en el que esté operativa la página web del SAIME, para pautar la famosa “cita”, lo que puede llevar varias semanas, incluidas sus madrugadas, frente al computador.

Luego, en medio de ese entramado de obstáculos no faltan los ya citados “gestores”, que en ese caldo de cultivo de burocracia que amamanta corruptos exigen entre 300 y 5.000 dólares para “sacarte el pasaporte”, tarifa que varía según la urgencia y el aspecto del solicitante del documento.

Motivo de la prórroga de los dos años

Sin embargo, lo que pareciera ser la génesis del problema, la reveló el mismo Juan Carlos Dugarte, director del SAIME, en una declaración que ofreció a la agencia oficial AVN: “Cada pasaporte es subsidiado por el Estado y tiene un costo de 25 dólares, sin incluir otros gastos que acarrea la entrega al usuario”.

De acuerdo a ese cifra y calculando que la demanda de ese documento promedia los 2 millones al año, se está hablando de un costo de, mínimo 50 millones de dólares que debe disponer el Gobierno de Nicolás Maduro para la elaboración de los pasaportes.

Y como se sabe, un régimen que no paga la deuda con las líneas aéreas que ronda los 4 mil millones de dólares; que también dejó en crisis humanitaria a los jubilados venezolanos y retornados en España al no cancelarles la pensión desde hace más de un año y que redujo las importaciones en un 80% que han provocado escasez de alimentos y medicinas, mucho menos debe contar con las divisas requeridas para pagar el papel con el que se elaboran los pasaportes.

Ese es el motivo que llevó al Gobierno de Nicolás Maduro a “correr la arruga” con el tema del pasaporte, al aprobar en el decreto presidencial Nro. 3.097 su prórroga por dos años, el cual fue publicado en la Gaceta Extraordinaria Nro. 6.333 del pasado 8 de octubre.

LOS PASAPORTES QUE CALIFICAN

Dugarte difundió a través de su cuenta en la red social Twitter las condiciones que aplican para que un pasaporte vencido pueda ser prorrogado por dos años, entre las que destacan:

Twitter: @rsanz777

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