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Mugabe no renuncia y pide que Zimbabue vuelva a la normalidad

El presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, no dimitió este domingo, 19 de noviembre, como se esperaba, y durante un mensaje televisado al país insistió en “la necesidad de llevar a cabo acciones para devolver” al país “a la normalidad”, reseñó Efecto Cocuyo

Mugabe, acompañado por los altos mandos del Ejército, reclamó que el país no se “deje llevar por la amargura” y dijo que “tiene en cuenta” todas las quejas formuladas por diferentes estratos de la sociedad y por su propio partido, que este mismo domingo lo destituyó como número uno y lo emplazó hasta mañana a mediodía para dimitir.

Mugabe, de 93 años, reconoció que “algunos incidentes ocurrieron aquí y allá” pero celebró que “fueron corregidos, afortunadamente en poco tiempo, y los pilares del orden se sostuvieron”.

Recomendó que se resuelvan los conflictos generacionales en el seno de la formación gobernante, la Unión Nacional Africana de Zimbabue-Frente Patriótico (ZANU-PF) uniendo a los miembros más veteranos, que a su vez deben aceptar nuevas reglas.

Aunque las calles de las principales ciudades del país se han llenado de gente pidiendo la salida del poder de Mugabe que ejerce desde 1980, el gobernante les instó a “resolver nuestras diferencias con dignidad y disciplina” al considerar que los zimbabuenses son “un pueblo predispuesto a la paz”.

También reconoció que la economía nacional “está pasando por un bache” desde la hiperinflación de 2008 que provocó que Zimbabue perdiera su propia moneda, y anunció que inauguraba “una nueva de cultura de paz” con el “compromiso de darle la vuelta” a esta situación.

Sin embargo, culpó del mal momento económico a las rencillas internas en el seno del partido y del Gobierno: “Los dardos públicos entre altos funcionarios” han suscitado unas críticas “de las que no se puede escapar”.

Asimismo, reconoció el papel de los veteranos de guerra, que también le han retirado su apoyo pese a estar considerados entre sus tradicionales apoyos, e indicó que “deben volver a tomar un papel central” en el país.

Desde el alzamiento militar del martes, Mugabe ha estado bajo arresto domiciliario y se ha reunido en dos ocasiones con los militares para negociar una salida que finalmente no se ha producido, aunque su partido anunció que, de no dimitir, planteará una moción de censura contra él.

La ZANU-PF (Unión Nacional Africana de Zimbabue-Frente Patriótico) le destituyó este domingo como número del partido y nombró en su lugar al exvicepresidente Emmerson Mnangagwa, además de nominar a este último como candidato para las elecciones presidenciales de 2018.

También expulsó del partido a la primera dama, Grace Mugabe, y a varios de sus aliados políticos, incluidos varios ministros.

Los militares tomaron el control de Zimbabue en la noche del martes al miércoles y, en un mensaje que emitieron por televisión nacional, explicaron que no se trataba de un golpe contra el Presidente, sino de una operación contra “criminales” de su entorno.

Un día antes habían advertido públicamente que se tomarían “medidas correctivas” si Mugabe continuaba con la purga de los miembros más veteranos del partido.

En el trasfondo de esta declaración se leyó la destitución del hasta la semana pasada vicepresidente, Mnangagwa, un incondicional del partido y veterano de guerra al que se había opuesto Grace Mugabe con reiterados ataques verbales.

Con Mugabe ya confinado en su residencia, las Fuerzas Armadas arrestaron también a tres ministros afines a la primera dama.

Las Fuerzas Armadas tratan de reforzar la idea de que no se trata de un golpe de Estado, algo que sería rechazado por la comunidad internacional.

Pese a la tensión política, las calles del país se han mantenido en relativa calma y los zimbabuenses se echaron este sábado masivamente a la calle para pedir la dimisión del presidente.

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