La bellísima Ailyn Pérez, soprano lírica, tiene todo para convertirse en la gran diva latina.

Esquelas: Sexo y religión

¡Dios ten misericordia!, son las tres últimas palabras del monje Athanaël en el acto final cuando la amada cortesana, ahora Santa Thaïs, entrega su alma a Dios. Thaïs está en el reino de Dios.  Y el monje inconsolable. Cae el telón de damasco tejido en oro más grande del mundo, y el público, de pie, aplaude, aunque con poco entusiasmo l´acte final de la obra de Jules Massenet, melodrama lirico de sexo y religión en tres actos y siete cuadros, con libreto de Luis Gallet, basado en la novela del mismo nombre de Anatole France. Tuve la dicha de asistir al opening de Thaïs en la Metropolitan Opera House, NYC, donde seguirá representándose hasta el 2 de diciembre. Demos gracias a Dios por sus dádivas, por permitirnos este gozo único. Desde que la MET anunció su temporada 2017-2018 tuve la certeza de cuál sería la ópera que deseaba ver, no obstante, el fabuloso programa: 220 performances de 26 grandes óperas con cinco producciones nuevas y dos estrenos premiados. En tiempos mejores hubiera podido ver cuatro o cinco en la misma temporada, pero el ajuste obliga así que no tuve dudas, Thaïs fue la elegida.

Jules Massenet compuso Thaïs con intenciones religiosas – y así debe interpretarse-, centrando la historia de la cortesana de la impura ciudad de Alejandría y el monje cenobita (Siglo IV DC) en las pasiones humanas, esto es, el combate entre el deseo erótico y el fervor religioso, el poder que el encanto femenino ejerce sobre la virilidad del casto monje arrebatado por la lujuria y que se vuelve una obsesión. El tema ha creado una gran controversia desde el mismo día de su estreno, en la Ópera Garnier, Paris, en 1894, y tal vez siga siendo ésta la causa de la exclusión de Thaïs del ranking de las 100 obras más representadas.

La bellísima Ailyn Pérez, soprano lírica, tiene todo para convertirse en la gran diva latina.
Ailyn Pérez es la primera soprano latina que interpreta Thaís, de Jules Massenet.

Athanaël es un monje cristiano que se propone salvar a Thaïs del pecado, pero termina loco de amor por ella. Thaïs logra la salvación de su alma, pero el monje preso de su lujuria, llega demasiado tarde al convento conde la confinó. Tahïs, en su agonía, ha visto el rostro de Dios y le entrega su alma. Muere. Solo en las óperas se muere de amor.

Massenet preparó el camino desde la primera entrada de su heroína en el segundo cuadro del Acto I, cuando la cortesana más guapa de Alejandría (Aylin Pérez, soprano lírica, primera Thaïs latina), bella, enigmática, deseada por todos, hace su primera aparición: “Aquí está Thaïs!”, dice en su aria la devota de Venus. “Las últimas horas serán de gozo, mañana no seré para ti más que un nombre.”

Cae el telón, no hay intermedio. La atmosfera de la sala en forma de abanico, decorada en oro y burdeos, envuelve el auditórium de tres mil 3.794 asientos -no todos ocupados-, las 21 lámparas de cristal regulan la semi-penumbra, hay silencio hasta de toses. Es el momento más esperado: La meditación de Thais, un intermezzo sinfónico escrito para un solo de violín y orquesta, que se deja escuchar como entreacto entre la primera y segunda escenas del II Acto. Thaïs reflexiona (tras bastidores), el telón está bajo y la orquesta la conduce el maestro Emmanuel Villaume. David Chan ejecuta la meditación en D mayor en unos 6 minutos. La pieza, magistralmente interpretada abre con una breve introducción de arpas para dar rápidamente entrada al solo de violín, que toca la melodía dos veces para entrar en “anonimato”, volviéndose cada vez más apasionada hasta alcanzar el máximo clímax de pasión seguido por un brevísimo pasaje del solista que vuelve rápidamente a la cadencia del tema principal.

Sala de la MET, en NYC. El telón de damasco tejido en oro, es el más grande del mundo.

Punto y aparte para la diva, Aylin Pérez, de voz voluptuosa y cuerpo digno de pecadora. Ella nació en Chicago, de padres latinos, hizo su debut en la MET como Micaela, en Carmen, en 2015. Su voz tiene un timbre distintivo. Ailyn es graduada en la Academia de Artes vocales de Filadelfia y de la Universidad de Indiana. Tiene “…una voz pura y melosa que la despliega con elegancia y ternura.” Escribió sobre ella el crítico de Associated Press. Poseedora de tan extraordinarias virtudes vocales, unidas a su belleza latina y a su dominio del escenario, no quedan dudas, la nueva diva de la ópera es una latina.

Sobre Thaïs escribí dos versiones, esta, más corta, para la última edición impresa de ENPaís este año, y la de la página web revistzeta.net, más completa, muchas fotos del opening y videos. Se la recomiendo.