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La exdiputada Anna Gabriel apoya a Maduro en campaña electoral y quiere vivir exiliada en Venezuela

El Estado, a través de la aplicación de la Ley y de la vigilancia de la policía, está estrechando los círculos independentistas. Tanto los partidos, como sus líderes y activistas asumen que cada vez tienen menos margen y que de cada cosa que hagan tendrán que pagar el correspondiente precio. Reseña: ABC de España

En este sentido, la exportavoz de la Candidatura de Unidad Popular (CUP), Anna Gabriel, que está estos días en Venezuela apoyando a Nicolás Maduro en su campaña electoral, se está planteando no volver a España y quedarse en Caracas «exiliada» para evitar la cárcel. De momento le ha pedido al juez Llarena aplazar su declaración hasta el día 21, y éste se lo ha concedido, para ganar tiempo mientras acaba de pensárselo. Su compañera de partido, Mireia Boya, también está considerando la posibilidad de fugarse.

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Los independentistas se atrevieron a hacer lo que hicieron porque en su farol permanente creyeron que también el Estado iría de farol, y que no se atrevería a tomar las drásticas decisiones que ha tomado, y que por lo tanto estaban en condiciones de forzar una negociación. Pero una vez más quedó claro que el catalanismo político está todavía en las cuestiones previas, y que antes de querer fundar un Estado tendría que saber qué es y cómo funciona.

También creyeron que la Unión Europea concretamente, y en general la comunidad internacional, apoyarían la causa del catalanismo, en otra demostración de que no sólo no saben qué es un Estado sino que tampoco entienden que la UE es un cub de Estados que se ayudan entre ellos.

Aunque sorprenda por lo que tiene de naif, tanto a los que están en Bruselas como a los que están en la cárcel, la respuesta del Gobierno a su rebeldía, más que indignarles, les ha sorprendido.

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