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Familia carabobeña pierde dos pequeños integrantes por problemas de desnutrición

La familia Guarenas parece creer en cuentos de campo. “Xavier, no te lleves a más nadie”, suplicaban unas mujeres en el velorio del bebé. Su primo Nelson, de un año, falleció justo 24 horas después y esperaba que lo retiraran de la morgue del Hospital Central de Valencia. Los niños tenían algo en común, según los médicos: cuadro crónico de desnutrición.

Por lo que cuentan las mujeres, cuando una persona muere y queda “blandita”, es porque “viene” por alguien. Parecen historias incrédulas pero tras la muerte de Xavier de apenas seis meses, vino la de Nelson.

En la casa de la familia, en el sector El Rosario del municipio Libertador, se percibía la tristeza. Contrastaba con los juegos de otros niños en el porche de la vivienda. En eso pasaron todo el velorio, muestran su inocencia.

Génesis Guarenas es mamá de Xavier y tía de Nelson. Sintió a su bebé calientico y lo llevó a la medicatura de Tocuyito. Le dijeron que estaba bien pero ella sabía que no. Su esposo hizo un sacrificio y pagaron una consulta en una clínica privada. La pediatra le ordenó llevarlo a la Ciudad Hospitalaria Dr. Enrique Tejera (Chet) pero no lo recibieron.

Al día siguiente Génesis insistió: fue a la emergencia pediátrica y esta vez los médicos los atendieron. Dicidieron dejarlo y subirlo a sala de hospitalización. Allí empezó a orinar con sangre. Tenían que colocarle medicamentos pero nunca lo hicieron. Aunque sí los había. “Los médicos me dejaron morir a mi hijo”, sozollaba la joven madre.

Xavier solo estaba dos kilos por debajo de su peso. Siempre estaba en los brazos de su mamá. Les costaba comprar comida pero hacían un esfuerzo por conseguir dinero y hacerle cremitas y jugo. Su muerte sí soprendió a la familia en comparación con Nelson, él estaba mucho más delgado y también tenía VIH.

Genifer poco habla. Es la mamá de Nelson. Estaba sentada frente al ataúd de su sobrinito, seguramente, pensando que en ese mismo lugar vería a su hijo por última vez, este domingo. Esperaban enterrar a Xavier para buscar al primo en la morgue. En ambos casos recibieron ayuda por parte de entes gubernamentales oficialistas para cubrir los gastos.

Nelson ya había subido 400 gramos. Pesaba 4 kilos y tenía un año. El viernes durmió mucho. Ya no podía más. Le costaba respirar. Hicieron el mismo procedimiento: lo llevaron a la medicatura y luego a la Chet, donde no le dieron ingreso. Volvieron a casa. El niño se puso duro y -nuevamente- lo llevaron al ambulatorio donde declararon su muerte.

Los ojos de Génifer la delatan. Ha pasado el día envuelta en lágrimas. Su hija mayor, de 4 años, pregunta con frecuencia cuándo van a llevar a su hermanito a casa. Su rostro es peculiar. Parece ser una niña que no vive su infancia a plenitud.

El resto de los niños de la familia vistió de negro. Cargaron a urnita blanca, donde reposaban un par de alas de ángel, y pasearon por la carretera. Allí hubiese querido estar Andreina pero por tratar de saciar el hambre de sus nietos, le tocó llorar las pérdidas tras las rejas de un calabozo en la Policía Municipal de Libertador.

 

 

 

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