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La sombra de la Constituyente en México y Colombia

Los candidatos presidenciales de Colombia, Gustavo Petro y México, Andrés Manuel López Obrador, están ofreciendo la misma promesa básica de Hugo Chávez en Venezuela en el año 1998; la misma de Rafael Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia: Una Constituyente.

Un procedimiento en apariencia impecablemente democrático que aprovechando el desprestigio de la clase política tradicional, asegure el posterior ejercicio del poder sin límites ni contrapesos.

Que dos líderes de izquierda encabecen los sondeos de opinión pública de cara a las elecciones presidenciales de Colombia y México no debería preocupar demasiado. Después de todo, independientemente de las inclinaciones ideológicas, los gobiernos van y vienen y se supone que de ganar alguno de los dos la extensión y poder de los mandatos serían limitados.

Sin embargo, sí debería alarmar una propuesta del candidato presidencial colombiano Gustavo Petro y el mexicano Andrés Manuel López Obrador de convocar una Constituyente, porque la reciente experiencia latinoamericana demuestra que la consecuencia de aplicar ese procedimiento es la desaparición de la limitación del poder, lo que hace que el planteamiento no sea nada inocente. El problema de la Constituyente es que cuando se tiene un mal Gobierno es muy difícil salir de él.

Es el procedimiento institucional, aparentemente más democrático, de gobernar sin las limitaciones propias de un Parlamento y de unos tribunales independientes, tal como ha ocurrido en los casos de Ecuador, Bolivia y de manera más escandalosa en Venezuela.

López Obrador, AMLO, como se le conoce en México, ha asomado la posibilidad de una “Constituyente moral”, sin ser claro en qué consistiría. En cambio el exalcalde de BogotáGustavo Petro, ha sido explícito al prometer que convocará una Constituyente que reforme la Constitución colombiana vigente desde 1991.

Una oferta absurda, puesto que si uno de los problemas tradicionalmente más graves de la región es el incumplimiento de la Constitución y las leyes, cambiarlas por otras no hará que se cumplan.

No obstante, esta es una práctica con resultados muy negativos. Así por ejemplo, los países con más Constituciones y procedimientos constituyentes del continente son Haití, Venezuela y Bolivia, en ese mismo orden. Mientras que los países con menos Constituciones son por regla general los más estables y prósperos.

Las reformas constitucionales en Latinoamérica han tenido por norma un propósito: Asegurar la reelección presidencial. Esta era una maniobra típica de gobernantes conservadores de derecha, pero a fines del siglo XX un político de izquierda como Hugo Chávez descubrió sus “virtudes”.

La llegada de Hugo Chávez

En el año 1998 Hugo Chávez hizo campaña y ganó su primera elección presidencial prometiendo convocar una Asamblea Nacional Constituyente, ANC, que refundara la República y barriera con toda la desprestigiada clase política venezolana de la época. El país le votó y luego, por medio de sucesivos referendos, Chávez impuso la todavía vigente Constitución de Venezuela.

Pero para el exteniente coronel golpista, lo importante no fue la nueva Constitución, sino el procedimiento mediante el cual se sancionó. Para Chávez la ANC era la depositaria del “poder originario”, es decir del pueblo, pues le había votado la mayoría, aunque sólo uno de cada tres electores inscritos en el registro electoral.

Sin embargo, Chávez le atribuyó plenos poderes para cambiarlo todo, comenzando por el nombre del país y fue así como entre 1999 y 2000 sus partidarios tomaron el control de todas las demás instituciones venezolanas, como los tribunales de justicia y el Consejo Nacional Electoral, CNE.

De pasó su Constitución “bolivariana” incrementó todavía más el presidencialismo venezolano. Desde entonces a esta parte el chavismo más nunca perdió el control institucional de Venezuela, hasta fue derrotado en las elecciones parlamentarias de 2015 y a continuación el sucesor de Chávez, Nicolás Maduro, hizo uso del control sobre otro poder, el Tribunal Supremo de Justicia, TSJ, para bloquear a la Asamblea Nacional, AN, de mayoría opositora y luego se sacó de la manga otra ANC, también con absolutos poderes plenipotenciarios.

Al igual que Salvador Allende en Chile, Chávez ratificó que un “revolucionario” podía llegar al Gobierno por la vía electoral, pero a diferencia del malogrado presidente chileno demostró que en determinadas circunstancias y con las adecuadas manipulaciones institucionales se podía neutralizar a los adversarios, lograr todo el poder y conservarlo indefinidamente. Todo eso sin necesidad de empañar demasiado la imagen democrática.

La principal de esas manipulaciones fue el proceso Constituyente. Por un medio en apariencia impecablemente democrático y aprovechando las fallas del sistema político, se forzó el colapso de la institucionalidad democrática vigente en Venezuela.

En Ecuador y BoliviaRafael Correa y Evo Morales, respectivamente, aplicaron la idea con éxito. Siguiendo el ejemplo que Chávez dio, no necesitaron sacar los tanques a las calles para cerrar ningún Parlamento, ni para tomar el control de los tribunales de justicia.

Se ahorraron los inconvenientes de Alberto Fujimori en Perú. Y todo eso con el apoyo masivo de la opinión pública, tanto nacional como internacional.

 

 

Fuente: El Navio

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