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¿Un secreto de Estado? El corredor de la muerte en “la última dictadura de Europa”

El corredor de la muerte en Bielorrusia, único país de Europa donde se cumple la pena capital, no les avisan a los internos cuándo serán ejecutados. Y cuando pasa, se mantiene como un secreto de Estado.

A menudo descrito como “la última dictadura de Europa”, Bielorrusia es el único país de Europa y de la disuelta Unión Soviética en practicar la pena de muerte y el proceso está sumido en el secreto.

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El Gobierno del presidente Alexander Lukashenko, en el poder desde 1994, ha sido señalado por abusos a los derechos humanos y por encarcelar a sus oponentes, prohibir protestas y restringir la libertad de expresión.

Las ejecuciones se llevan a cabo con un disparo en la cabeza, pero se desconocen cifras exactas sobre estas: Hay estimaciones que ha habido más de 300 desde 1991, cuando Bielorrusia se convirtió en un país independiente.

Dos ejecuciones se practicaron allí el año pasado, según reportes de Amnistía Internacional. En la actualidad, también según estimaciones, hay seis personas en el corredor de la muerte.

Aquellos sentenciados a muerte, usualmente por homicidios con circunstancias agravantes, son recluidos en una de las celdas de alta seguridad en el sótano del Centro de detención previa al juicio 1.

Se trata de una cárcel instalada en el edificio de un castillo del siglo XIX, ahora parcialmente colapsado, en el centro de la capital, Minsk.

Allí sufren violaciones a los derechos humanos, incluida “presión psicológica”, con métodos usados por los agentes de “tortura y otros tratamiento crueles, inhumanos y denigrantes”, indicó en 2016 un reporte de Viasna, un grupo local defensor de derechos humanos.

Los internos no tienen permitido acostarse o sentarse en las camas fuera de las horas designadas para dormir, se le dijo a la organización un extrabajador del penal.

Cuentan también que los prisioneros pasaban la mayoría de los días caminando dentro de sus celdas. Incluso su derecho de enviar y recibir cartas a menudo se irrespetaba.

“Las condiciones son espantosas”, dijo Aisha Jung, de Amnistía Internacional en Bielorrusia, que trabajó durante una década el tema de las ejecuciones en ese país.

Los tratan como si ya estuvieran muertos”, dijo.

 

Aleh Alkayeu, antiguo director de la prisión donde se llevan a cabo las ejecuciones, le dijo a Viasna:

Temblaban ya fuese por frío o por miedo y sus ojos enloquecidos irradiaban un horror tan real que era imposible verlos”.

A los prisioneros les vendan los ojos y los llevan a una habitación donde el acceso es restringido solo para quienes tienen la autorización del fiscal: Nunca un miembro del público, de acuerdo a testimonios de exagentes.

Se estima que todo el proceso dura unos dos minutos. Las autoridades informan a los familiares semanas e incluso meses después.

En algunos casos, se enteran cuando les llega una caja por correo postal con algunas de las pertenencias del prisionero.

Los cuerpos nunca son devueltos a las familias y el lugar donde los entierran es un secreto de Estado, una violación de derechos humanos de los condenados y de sus familiares, dijo el año pasado el relator especial de la Organización de las Naciones Unidos, ONU, Miklós Haraszti. Esto, agregó, equivalía a tortura.

En un referéndum en 1996, el 80% de los bielorrusos votaron contra de la abolición de la pena de muerte. El resultado no fue reconocido internacionalmente porque, como ha pasado con procesos electorales en ese país, hubo amplias denuncias de irregularidades.

El Gobierno del presidente Lukashenko todavía se vale de este argumento para justificar su política y ha condicionado cualquier cambio a otro voto popular.

Mientras tanto, un grupo de parlamentarios está discutiendo qué puede hacerse, pero observadores señalan que podría pasar tiempo antes que se tome una decisión.

Hasta entonces, es probable que Bielorrusia continúe siendo el único país europeo fuera del Consejo de Europa, el principal órgano de monitoreo de derechos humanos de Europa.

“En última instancia, Bielorrusia tendrá que elegir cómo abolir la pena capital”, dijo Tatiana Termacic, de la dirección de Derechos Humanos y Estado de Derecho del Consejo de Europa.

Está en camino hacia la abolición y esperamos que sea más pronto que tarde”. 

Sin embargo, acotó, es una “mancha negra” en un continente casi libre de este tipo de sentencia. Encuestas recientes en Bielorrusia sugieren que el apoyo popular a la pena capital ha decrecido a medida que surgen campañas para crear conciencia.

Hubo una gran protesta en 2012, cuando dos hombres fueron ejecutados por un ataque con bomba mortal en el metro de Minsk un año antes.

Sin embargo, hay estimaciones que entre el 50% y las dos terceras partes de los bielorrusos siguen favoreciendo la práctica.

“Más y más gente está hablando en contra de la pena de muerte”, dijo Andrei Paluda, coordinador de la campaña de Defensores de los derechos humanos contra la pena de muerte en Bielorrusia.

Pero el Gobierno está usando el hecho de ser el último país europeo donde hay pena de muerte para obligar a los países europeos a negociar”.

 

 

Fuente: BBC Mundo

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