La culpa es del rencor y del odio

Por Jaime Granda

Es necesario que los venezolanos aceptemos que nada ni nadie es absolutamente bueno o malo para que logremos entendimiento y equilibrio en favor de todo el país.

El rencor y el odio inoculados por el proyecto castro-chavista para la división de los venezolanos en “revolucionarios” y “escuálidos” han bloqueado la posibilidad de concretar acuerdos entre las partes para superar la espantosa crisis de nuestra querida Venezuela. Todo en exceso es dañino y cuando de odio se trata, es doblemente dañino.

Uno que desde años insiste en que hay que superar nuestros prejuicios en el sentido de que no todo es absolutamente malo o absolutamente bueno, que  todo tiene parte de bondad y parte de maldad, se topa cuando expresa su opinión en algún medio, con demasiada gente que solo ve el lado malo de las cosas o de la gente. Cuando califican algo o a alguien de malo, no le ven ninguna utilidad que pueda aportar a la humanidad.

Eso es la principal razón de las guerras porque cuando eso ocurre, se concluye que lo malo debe ser exterminado y  si  el humano llega a ese convencimiento, deja de lado toda posibilidad de conversar, las vías sensatas como la electoral o el diálogo entre adultos que se supone buscan el bien de todos y no solo de una parcialidad.

Hay que aprender a ser amable y gentil con todo ser vivo porque con ellos, nos guste o no, compartimos esta esfera  de materia llamada Tierra.

En Venezuela no puede seguir la guerra entre bandos dañinamente polarizados, mientras la hiperinflación mata más gente que cualquier enfermedad conocida. La polarización, hay que repetirlo una y otra vez, solo favorece a quienes gobiernan y disponen de todos los recursos del Estado y la fuerza de las armas para imponer su populismo y autoritarismo.

El escritor de origen cubano Carlos Alberto Montaner considera que los peligrosos populistas parecen inmortales, como las cucarachas.

Eso nos da pie para una comparación muy desagradable por nuestros prejuicios contra esos insectos que la gran mayoría de humanos desea fervientemente que sean exterminados en este planeta.

Dicen los que estudian este animal que las  5 mil o 10 mil especies de cucarachas se mueven por toda la superficie terrestre buscando desperdicios, aunque solo unas pocas interactúan directamente con el hombre, entre ellas la más conocida, la llamada Periplaneta Americana o cucaracha doméstica.

A pesar de su desagradable presencia, con estos animales se confirma que nada es absolutamente malo. Todo ser vivo es parte del equilibrio ecológico de los ecosistemas.

Las cucarachas son alimento de ratones y otros que su vez son alimento de águilas y otras aves de presa, felinos, coyotes, lobos, y muchos reptiles. Pero, además, está su contribución inestimable en el ciclo del nitrógeno a partir de los desperdicios, algo vital para el funcionamiento de nuestro planeta.

Lo que hay que precisar, entonces, superando prejuicios, es qué utilidad tienen los autoritarios, los populistas, los dictadores y otras alimañas humanas.

Tenemos que aceptar que nada ni nadie es absolutamente malo o absolutamente bueno, para establecer  equilibrio en favor de todo el país y que todos podamos vivir sin mayores traumas y con todo lo que necesitamos, al alcance de todos. No se trata de exterminar, sino de impedir que esos animales se apoderen de nuestro entorno por mucho tiempo. Esperamos y rogamos que la química reticular consiga otra solución a corto plazo.

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