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Aristeguieta Gramcko: Las sanciones nunca han derrocado un Gobierno. La prueba es Fidel Castro

"No me gustaría morirme en dictadura"

Enrique Aristeguieta Gramcko, es el último miembro vivo de la Junta Patriótica que acabó con la dictadura de Marcos Pérez Jiménez en Venezuela en 1958. A sus 85 años, combate ahora a la “tiranía” de Nicolás Maduro, que el pasado febrero le detuvo por primera vez en su vida.

No me gustaría morirme en dictadura”, asegura durante una visita a Madrid, en la cual participó en un acto de la plataforma Soy Venezuela.

En 1958 la Junta Patriótica y la sublevación popular acabaron con Pérez Jiménez. ¿Por qué Maduro sigue en el poder?

Hay un enfoque diferente. En 1957 había una remota esperanza de elecciones y cuando esa posibilidad se cerró, cambiamos de dirección. La Junta Patriótica fue para derrocar a la dictadura, no con elecciones, sino con la combinación de fuerza armada y el pueblo en la calle. En esta ocasión la MUD, Mesa de la Unidad Democrática, ha querido enfrentar a la dictadura como una democracia que no es. Llevo insistiendo en eso 20 años. Ahora al fin se han dado cuenta que no se puede derrotar a una tiranía, mucho menos totalitaria, hay que derrocarla. No hay otro camino.

¿Buscar un referédum revocatorio y el diálogo fueron perder el tiempo?

Sí, porque ya se veía la intención del régimen de no aflojar. El referéndum (contra Chávez) se ganó y nos lo arrebataron; Capriles ganó las elecciones y las arrebataron;aceptaron a regañadientes la Asamblea Nacional, AN y le quitaron funciones y bloquearon y crearon la Constituyente paralela. No hay posibilidad de salir por las buenas de este régimen. Lo debieron ver hace tiempo, a estas alturas es bastante tarde.

¿Cuál es entonces la solución?

Es muy difícil, porque se ha perdido mucho tiempo y esfuerzo. La oposición perdió sus mejores armas. Habrá que improvisar, encontrar nuevos caminos. Lo que no podemos es rendirnos.

Las sanciones nunca han derrocado un Gobierno. La prueba es Fidel Castro: Aún están allí sus herederos. Son positivas, pero no suficientes”

¿Vendrá por la presión internacional, por ejemplo las sanciones?

Las sanciones nunca han derrocado un Gobierno. La prueba es Fidel Castro: Aún están allí sus herederos. Son positivas, pero no suficientes.

¿Y la Corte Penal Internacional?

El problema de los organismos internacionales es lo tardío de su respuesta. Cuando ha intervenido la Organización de las Naciones Unidas, ONU o la Fuerza Interamericana de Paz ha sido tras una montaña de muertos. Deberían establecer mecanismos para intervenir a tiempo para evitar genocidios. Lo de Venezuela se repite en Nicaragua.

¿Qué se cuece en el ejército?

Está muy golpeado, deshecho. Esa labor comenzó con Chávez y la intervención cubana. La Fuerza Armada sufrió como el resto de la nación. La lista de oficiales detenidos y torturados es larga. Hay tantos civiles presos como militares.

¿Maduro ha cortado cualquier posibilidad de esa “solución”?

Nunca se sabe. Pérez Jiménez parecía firme el 31 de diciembre de 1958 y el 1 de enero hubo un alzamiento, el comienzo de su derrumbe.

¿Y cómo ve “el día después”, la transición a la democracia?

Mucho mas difícil que en 1958. Entonces el país no estaba deshecho. Ahora no hay instituciones y la economía está en pedazos. Han destrozado todo: la mayor petrolera del mundo, el banco central, la Fuerza Armada, el aparato productivo, la educación, la sanidad. Lo han convertido en un país africano.

¿Cómo se sobrevive en Venezuela?

Es muy difícil. En la farmacia no hay ni colirio ni antibióticos. Pasa igual con la comida. Para agravar la situación, la inflación desatada hace recordar la Alemania de la entreguerra. Los precios cambian a veces en el mismo día. No sé cómo subsiste la gente.

A usted lo detuvieron en febrero, con casi 85 años. ¿Qué le teme Maduro?

La lengua. Les molestan las críticas. Entraron en mi casa a las tres de la mañana como ladrones, saltando las paredes sin orden judicial y armados hasta los dientes.

Fuente: ABC

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