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La Vida

¡Curioso! El calor del verano puede quitarte el apetito

La época estival (temperaturas altas) y las altas temperaturas asociadas a estos meses provocan una disminución del apetito en muchas personas. Además los días más largos, el incremento en el tiempo de ocio, la realización de más actividades al aire libre o el desajuste en los horarios pueden incidir en que la dieta se descuide.

Asimismo, el verano también conlleva un cambio en la despensa con los productos de temporada. Así, los últimos datos del XIII Panel de Hábitos Saludables de Herbalife Nutrition confirman que un 72% de los españoles cambia su dieta en verano. Sin embargo, ¿es saludable esta variación en la alimentación?

Sin ganas de comer

Con el calor del verano el cuerpo requiere menos energía. Si bien es cierto que el organismo continúa regulando la temperatura corporal, el gasto energético se reduce y, por tanto, la demanda de alimentos disminuye.

Los requerimientos basales no cambian, son propios de cada persona en función de sus características, edad, sexo, peso y altura. Cuando hace frío, el cuerpo destina una parte de lo que se ingiere a regular la temperatura, por eso en invierno se consumen alimentos que son más fuente de energía como las legumbres o guisos”, explica Elena Pérez Montero, nutricionista del Hospital Quirón Salud Madrid.

Además “si añadimos que con el calor apetece menos el deporte y el ejercicio, en verano no tendremos que aumentar en aporte extra de energía, porque no la vamos a necesitar”, dice. Por otro lado, “en cuanto al hecho del procesado de los alimentos si una persona está acalorada va a tratar de evitar una digestión pesada“, señala Julián Álvarez, especialista en medicina deportiva, nutricionista y miembro del Consejo Asesor de Herbalife Nutrition.

Aunque cualquier persona puede padecer la falta de apetito, los niños y las personas mayores son los grupos a los que más afecta esta variación en el hambre. Si no se está tomando ninguna medicación o se sufre una enfermedad, la subida de las temperaturas será una de las razones más frecuentes.

Hidratación

La ingesta de líquidos y mantener una buena hidratación es fundamental durante los meses de verano. El cuerpo humano está compuesto en casi tres cuartas partes por agua, elemento que colabora en los procesos de digestión, la regulación de la temperatura, posibilita el transporte de nutrientes, etc. Con la llegada del calor, la sudoración es más elevada (para mantener la temperatura del cuerpo), y la pérdida de agua es mayor.

Para evitar la deshidratación, según la nutricionista, se debe tomar una cantidad suficiente de líquidos, bebiendo de forma frecuente y no limitarlo a cuando se tiene sed. “Se recomienda entre 25-35 ml por kg de peso y día. Si hace calor o sequedad ambiental o se practica un deporte, se aconseja prestar especial atención al agua y aumentar su ingesta. Lo más saludable es tomar agua, repartida a lo largo del día”, dice. Además, “nuestro cuerpo con el calor necesita mas cantidad de agua para hacer procesos como la digestión, mantener la temperatura corporal y una correcta oxigenación de nuestra piel”, expone.

Mientras que a niños y ancianos se les debe vigilar ya que “son grupos de riesgo, al no ser conscientes de que tienen sed”, continúa. Por fortuna “la mayoría de los alimentos típicos de verano suelen tener cantidades altas de agua: sandía, melón, gazpachos, ensaladas”, asegura Pérez.

De temporada

Los productos de temporada son más saludables y más económicos. “Se debe adaptar la alimentación a cada etapa del año e incluir alimentos de temporada que están en el momento idóneo para su consumo y ofrecen más nutrientes“, dice Álvarez, que subraya los beneficios de la dieta mediterránea.

Frutas como el melocotón, el albaricoque, la nectarina, la ciruela, la paraguaya, la cereza, la sandía y el melón son protagonistas de la época estival. Además, son ricas en agua, vitaminas, minerales, hidratos de carbono y antioxidantes naturales.

En cuanto a las verduras y hortalizas están en su apogeo el tomate, el pepino, la cebolla, el calabacín, el pimiento, la judía verde, la berenjena, la patata, la lechuga, etc. El pescado (sardina, bonito, atún, boquerón, jurel…) es también un básico por su contenido en proteínas de alto valor biológico.

Si a esto se une que “en verano apetecen más ensaladas, alimentos frescos, cremas frías y frutas” es el momento idóneo para consumirlas, según la nutricionista. Aunque se debe tener en cuenta que “llegan alimentos típicos de esta época ricos en grasas y azúcares, como helados y bebidas endulzadas y alimentos fritos“, advierte Álvarez.

Cambios en la rutina

El buen tiempo invita a salir. Con el aumento de las horas al aire libre y las vacaciones los horarios habituales se alteran. La consecuencia es que “cambiamos lo que comemos, en función de esos horarios. No se desayuna (porque nos levantamos más tarde), pero se pica algo hasta que comemos y se cambian los horarios de todas las comidas. El organismo tiene necesidades durante todo el día y hay que darle su combustible”, expone Pérez.

No se trata de rigidez, por un día no va a suceder nada, pero hay que tratar de mantener el orden en las comidas y vigilar el picoteo. Es preferible optar por frutas y dejar de lado los snack siempre que se pueda”, añade el doctor.

Además, “salir más veces implica que tomamos fuera lo que no solemos hacer en casa, pero todas juntas: paella, con calamares a la romana, unas croquetas, tinto de verano y un helado de postre, para luego tumbarnos en la playa. Con la comida que hemos acumulado deberíamos pasarnos la tarde corriendo“, manifiesta Pérez, que recomienda que en lugar de eso hay que estar pendiente que en la alimentación no falte el aporte de fibra, vitaminas y minerales necesarios para el organismo.

Fuente: El Mundo

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