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Daniel Ortega hostiga a médicos nicaragüenses por atender a jóvenes manifestantes

El régimen de Dadiel Ortega ha hecho que ser médico en Nicaragua sea casi igual de peligroso que ser joven. Por un lado reprime a los estudiantes, a quienes responsabiliza por el estallido social que enfrenta el país centroamericano desde abril, y por otro, tilda de terroristas y obliga a huir a los médicos que asisten a estos jóvenes.

Carlos Duarte, cardiólo pediatra sin militancia política, denunció, durante una entrevista ofrecida al Nuevo Herald desde Miami, que los galenos se han negado a cumplir las órdenes del régimen nicaragüense de no atender a los heridos corren un grave peligro.

“Esa orden fue rechazada contundentemente por nosotros. El deber moral de un médico es no aceptarla, porque se trata de un principio elemental de la profesión médica”, manifestó Duarte, quien tuvo salir de manera clandestina de Nicaragua el 14 de julio bajo amenaza del Gobierno por haber curado a cientos de heridos.

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El galeno, que se encuentra desde hace una semana en Miami, recalcó que despidos, amenazas, cárcel y exilio es lo que enfrentan actualmente los profesionales de la salud que han respetado el juramento hipocrático en su país.

Duarte se sumó a los estudiantes de medicina y colegas que comenzaron a atender a los heridos en las protestas unos días después del estallido por la fallida reforma del Seguro Social, el 18 de abril. “El Gobierno decía que no se atendieran a los heridos porque eran delincuentes”, alegó.

Además, fue uno de los médicos que atendió a los heridos durante el ataque de las autoridades a la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, UNAN, el 13 de julio, luego de que acordarán salir del recinto tras permanecer dos meses atrincherados en la casa de estudio en protesta por la actitud colaboracionista de la rectora con el Gobierno.

“El Gobierno, al darse cuenta que ellos se retiraban, inició el ataque al mediodía con paramilitares armados con fusiles y lanzagranadas antitanques”, rememoró Duarte, quien con otro colega médico, Ricardo Pineda, y 200 estudiantes buscaron refugio en la iglesia Divina Providencia, frente a la Universidad

“Los estudiantes se defendían con piedras y morteros. Dos personas fallecieron y 15 fueron heridas de gravedad”, precisó Duarte.

Asimismo, agregó que esa madrugada practicaron la “medicina de guerra” con pocos recursos. Aplicaron analgésicos y apósitos, estabilizaron heridos y entablillaron miembros con sillas desarmadas.

“La ministra de Salud, Sonia Castro, dijo en su círculo que yo lo iba a pagar caro, porque había ayudado a salvar las vidas de los estudiantes. El objetivo de la policía y los paramilitares era asesinarlos a todos”, aseveró Duarte, que se escondió en la selva y luego logró salir hacia Honduras, y de allí volar a Miami.

Cabe resaltar que este rechazo forzado en los hospitales públicos ha causado la muerte de personas que podían haberse salvado, como fue el caso del estudiante Alvaro Conrado, de 15 años, quien llegó al hospital Cruz Azul el 20 de abril, con una herida de bala en el cuello, y murió por falta de atención médica.

La estrategia en los hospitales públicos cambió poco después. Las autoridades médicas permitieron que los heridos fueran atendidos pero luego llamaban a los paramilitares, que se los llevaban y los desaparecían, denunció Duarte.

Por su parte, los centros médicos privados, como el Hospital Bautista y el Vivian Pellas, en el que Duarte prestó sus servicios hasta su huida del país, gozan de más independencia y por ello han podido atender alrededor de 40 heridos diarios.

Con información de El Nuevo Herald

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