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El Diario de Jurate Rosales: Vertiginosa aceleración del deterioro

Un luto precedido de enfermedad interrumpió mi rutina diaria durante tres semanas. El regreso a la vida normal, realizado en este fin de semana del 28-29 de julio 2018, fue brutal.  Me ofuscaron los muchos cambios ocurridos en el país en apenas tres semanas.

La primera sorpresa fue que al acudir al mercadito al aire libre de cada sábado, no estaba la cola de vehículos para entrar en el estacionamiento ubicado en la  plazoleta del mercado. Por el contrario, había varios puestos libres. Hasta pude escoger el lugar que me pareció más cómodo para estacionar y luego salir sin dificultad.

Después de bajar del carro, la segunda sorpresa fue ver que había  poca gente en el mercado. ¿Qué pasó para que ocurra un cambio tan notorio en apenas tres semanas? Jamás, en ninguna época  del año, incluyendo la temporada vacacional de agosto, había visto el popular mercadito sabatino  tan vacío de compradores.

Al acercarme a la venta de los quesos, por fin comprendí la causa de la poca afluencia de gente. En apenas 21 días, la diferencia de los precios era abismal. Con razón la gente no va a comprar su comida: es que no puede pagarla.

Para hacer corto un cuento que podría ser excesivamente largo, el salto del precio por kilo de queso o carne, lo vi en 3 millones de Bs. superior al que había cuando estuve en el mercadito hace 3 semanas.  No pregunté por el pollo – vi de lejos la venta del pollo sin compradores, cuando antes en ese lugar la cola de los clientes solía ser larga.

La locura de los precios es de un manicomio. Ir en Metro es gratis, porque con la inflación el costo del pasaje llegó a ser incobrable, por la ausencia de  monedas y billetes de baja denominación.  Con decir que ni un billete de Bs.100 ya vale algo. No sirve ni para un café, que costaba en junio 1 millón de Bs. según Bloomberg, agencia internacional que mide la inflación real de Venezuela por el precio de un café con leche en Caracas. Según Efecto Cocuyo, esa taza de café está  ahora, para el 30 de julio, en Bs.2.200.000, lo cual implica un alza de más de 100% en un mes, con el agravante de que ese porcentaje es en millones de bolívares.

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Hay una psicosis emigratoria que lleva la gente a irse dónde sea y cómo sea. Familias enteras esperaban  que terminara el año escolar para irse de Venezuela con los niños a cuestas. Muchos partieron a la buena de Dios. Dejan la vivienda al cuido de “los viejos”, que se quedan angustiados al ver que se les pierde el principal valor de su larga vida: la familia. Es cuando el padecimiento por el hambre se ve superado por el dolor de las separaciones y  las incertidumbres ante un nuevo destino.

El otrora “infernal” tráfico de Caracas es apenas un recuerdo, que sólo reaparece cuando algunas de las manifestaciones de protesta bloquean la vía. Por lo demás, tanto en la empresa privada como en la administración pública, los trabajadores desaparecen, algunos durante días y semanas por no haber conseguido dinero en efectivo para pagar el pasaje, otros definitivamente, por haberse ido del país. La mayoría ni se preocupan de presentar su renuncia, debido a lo insignificantes que serían las prestaciones. Cada día hay más puestos de trabajo vacantes que nadie intenta llenar. ¿Para qué?  Si de todos modos, en ningún sitio de trabajo ya es posible mantener un ritmo normal de actividades, mucho menos recibir un sueldo que permita alimentar a la familia. Un sueldo, que en tiempo normal servía para comer, paga la vivienda, comprar un vehículo, irse de vacaciones… hoy, con la inflación, este sueldo mensual no sirve ni para comer un día. Lo que le queda a la gente, es irse de Venezuela.

No logro comprender, cómo es que después de tres semanas sin siquiera haberme ido de viaje, simplemente por haber estado absorta en un problema familiar, me reencuentro con un país en coma… ¿Todavía se le puede llamar “país”, o es ahora el “ex país” del que nos habla el profesor universitario Agustín Blanco Muñoz desde hace años?

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Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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