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Latinoamérica

Búsqueda del submarino perdido mejoró relaciones EE.UU.-Argentina

Con la declaración de gratitud del ministro de Defensa argentino por la ayuda del Pentágono en la desesperada a infructuosa búsqueda de un submarino perdido, Jim Mattis se convirtió en el primer secretario de Defensa estadounidense en visitar este país desde el 2005, indicio de una mejoría en las relaciones militares entre los dos países, que prácticamente quedaron eliminadas tras un decenio de liderazgo político izquierdista en el país sudamericano.

“Hemos regresado al camino del que nunca debimos apartarnos”, dijo el ministro argentino de Defensa, Oscar Aguad, antes de reunirse con Mattis y su delegación.

Posteriormente, Mattis dijo que las dos partes se habían comprometido a reanudar los ejercicios militares conjuntos y otro tipo de cooperación, como un nivel de apoyo milita estadounidense no especificado para la seguridad de la Cumbre del G20, que debe celebrarse en Buenos Aires del 30 de noviembre al 1 de diciembre de este año. El papel de Argentina como anfitrión de la cumbre de las mayores 20 economías del mundo ilustra “el papel de liderazgo cada vez mayor de este país en el escenario mundial”, dijo Dana White, portavoz de Mattis, en un comunicado.

La mejoría en las relaciones en general comenzó durante el gobierno del presidente Barack Obama después que Mauricio Macri llegó a la presidencia del país en diciembre del 2015, después de más de un decenio de liderazgo izquierdista y aislacionista de la entonces presidenta Cristina Fernández y su ahora fallecido esposo, Néstor Kirchner. El acercamiento continuó con la visita de Macri a la Casa Blanca el año pasado, cuando el presidente Donald Trump recibió al ex empresario como un viejo amigo.

Sin embargo, la escala de Mattis en Buenos Aires en su primera visita a Sudamérica, después de visitar Brasil y antes de hacer escala en Chile y Colombia, fue considerada un paso significativo en la reanudación de una alianza militar que prácticamente desapareció en los años de los Kirchner. Durante ese tiempo, Argentina dejó de enviar militares a programas educativos en Estados Unidos, no hubo intercambios y cesó la participación de militares estadounidenses en ejercicio militares conjuntos.

Expertos militares estadounidenses y latinoamericanos observaron con atención cuando Argentina, que necesita asistencia financiera, permitió que las fuerzas armadas chinas construyeran una estación de control de satélites de $50 millones en la Patagonia, un arrendamiento que demostró el papel cada vez mayor de Pekín en el continente.

“Yo no diría que es amenazador”, dijo Jazon Marczak, experto en política latinoamericana del Atlantic Council, “pero esa base militar muestra el aumento de las relaciones de Pekín, tanto comerciales y militares, en la región, y es un llamado de alerta para Estados Unidos sobre la importancia de no alejarse de Latinoamérica y encontrar nuevas formas de impulsar una mayor cooperación militar”.

Fran Mora, quien fue subsecretario adjunto de Defensa para las Américas entre el 2009 y el 2013, dijo la víspera de la visita de Mattis que la estación de control satelital china, que comenzó a operar en marzo, “no debe ser una preocupación”.

¿Qué es? ¿Es una instalación de inteligencia? ¿Por qué la ubicaron en Argentina?” Mora agregó que “debe preocupar más que los acuerdos comerciales. La gente se asusta y dice: ‘Los chinos están comerciando, están invirtiendo’. Nosotros debemos competir en ese espacio, debemos invertir en vez de asustarnos. Pero una base de control de satélites es otra cosa completamente diferente”.

Sin embargo, poco después de salir de Washington el domingo pasado, Mattis pareció mezclar los dos temas al advertir que la inversión extranjera en la región podía tener peligros ocultos para la democracia y la seguridad nacional.

“En este mundo la soberanía se puede perder de más de una forma; no es sólo con las bayonetas”, dijo a los reporteros. “También puede ocurrir cuando países vienen ofreciendo regalos costosos y grandes préstamos” que son una “enorme deuda sobre esos países, sabiendo que no la podrán pagar, o proyectos de gran envergadura donde la gente no consigue empleo, porque esos países traen sus propios trabajadores”.

El miércoles, Mattis reconoció que la estación de control de satélites “se tocó” en sus conversaciones con el Ministerio de Defensa, pero explicó “eso es un asunto soberano de Argentina”.

La visita de Mattis fue la primera de un jefe militar estadounidense desde que Donald Rumsfeld visitó el país en marzo del 2005 y declaró que la relación “sigue fortaleciéndose”.

“Nos centramos en lo que podemos trabajar juntos en momentos que pasamos por momentos económicos muy difíciles”, dijo Mattis. “Las dos partes están muy abiertas a una relación militar más fuerte con una transparencia total, de manera que no haya dudas de lo que hacemos, no hay nada secreto. Todo se ve muy bien”.

Macri, un exitoso empresario en los sectores de la construcción, las finanzas y automotriz, fue uno de los primeros líderes latinoamericanos en acercase a Trump tras las elecciones de noviembre. Los dos tuvieron relaciones de negocio y jugaron golf juntos antes que llegaran a la presidencia.

“Él es mi amigo desde hace muchos años”, dijo Trump cuando Macri visitó la Casa Blanca hace 16 meses. “Nos conocemos hace mucho, antes de estar en la política”.

Pero la reanudación de las relaciones militares entre los dos países ha quedado retrasada en comparación con la relación personal entre los dos presidentes. Macri, cuyo gobierno presiona por un aumento en el papel de los militares a lo largo de la frontera norte, no se reunió con Macri esta semana. Entre la llamada Guerra Sucia y los años de Kirchner, los argentinos todavía desconfían de los militares.

Entonces, el año pasado, una tragedia nacional creó una oportunidad. Un submarino argentino con 44 tripulantes, el ARA San Juan, desapareció en el Atlántico sur el 14 de noviembre. Gran Bretaña, Rusia y Estados Unidos se apresuraron a enviar asistencia.

El Pentágono envió equipos avanzados “tan rápido como fue posible”, recordó Mattis el domingo al comienzo de su recorrido de cuatro días por Sudamérica. “Hicimos todo lo posible con la mejor tecnología, con la misma tecnología y nivel de apoyo que hubiéramos usado si un submarino estadounidense se hubiera hundo frente a Virginia”.

También citó lo ocurrido el martes en la Escuela Superior de Guerra de Brasil como ejemplo de relaciones duraderas.

“Queremos ser sus aliados, especialmente en caso de problemas, cuando olas de refugiados cruzan la frontera, cuando un accidente afecta a un submarino sudamericano, cuando hay amenazas a la soberanía o a su modo de vida”.

El ministro argentino de Defensa destacó también lo ocurrido al recibir a Mattis en Buenos Aires. Estados Unidos fue “el país que más contribuyó a la búsqueda del submarino”, dijo Aguad a los periodistas. “Ese gesto no se olvidará nunca”.

Durante la visita se reveló que una firma estadounidense, Ocean Infinity, Inc., había firmado un contrato con el gobierno argentino para reanudar la búsqueda del submarino perdido. La compañía, con sede en Houston, dedicaba cinco de sus seis vehículos submarinos autónomos a recopilar imágenes de alta resolución del lecho marino.

El contrato es “solamente por hallazgos concluyentes”, dijo el portavoz Mark Antelme a McClatchy el miércoles, al describir por primera vez el contrato en público. “Si no lo encontramos no nos pagan, el riesgo financiero es nuestro”.

“Esperamos comenzar las operaciones a principios de septiembre y esperamos ayudar a ubicar el submarino”, dijo Antelme. “Pero no hay garantía de que podamos ubicar exactamente el lugar donde está el submarino”.

SEA, una firma fundada en Caracas con oficinas en Miami, también participó en la licitación, pero no fue escogida, muestra un anuncio del gobierno argentino.

FUENTE: elnuevoherald.com

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