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Jurate: La información sobre las reuniones entre Washington y militares rebeldes venezolanos no se filtró por arte de magia

Salvo que me equivoque, un artículo como el que salió este sábado en The New York Times (NYT) sobre las veces en que militares venezolanos planearon derrocar a Nicolás Maduro, no se “filtra” a los medios por arte de magia. Debe significar que en las alturas de Washington, alguien decidió que era el momento de indicar que varias veces estuvo planteado en Venezuela un golpe militar y que en cada ocasión, el gobierno norteamericano se negó a darle apoyo.

Siguiendo con la lectura de lo que esa “filtración” podría significar, cabe sacar varias conclusiones. La primera es que Washington quiere demostrar que ha resistido durante años a la tentación de repetir lo que históricamente hizo una vez en Cuba, otra en Santo Domingo y más recientemente, en Granada y Panamá. También indica que de haber habido aquel golpe, Washington no hubiera sido participe. ¿Significa esta evidente confesión que si ahora accede a las instigaciones, será porque se le llenó el vaso?

Sin embargo, no es esto lo que más me confunde. Es la otra confesión, según la cual en ningún momento hubo confianza en los presuntos “putshistas” venezolanos. Apartando cualquier consideración a favor o en contra de un golpe de estado, o un golpe militar, o un golpe parlamentario, o lo que sea, lo que indica el relato del NYT es que cada vez, existió la desconfianza en los venezolanos que proponían la llamada “solución”. Es evidente que con un juego de esta magnitud, cualquier interlocutor debía haber sido analizado por los servicios de inteligencia norteamericanos con lupa y filtro, y aparentemente cada vez privó la desconfianza. ¿Culpa de quién? ¿Del venezolano que se atrevió a plantear lo que evidentemente, si se llegaba a saber, le costaría la vida o la tortura? ¿O del funcionario norteamericano que encontraba una mancha en la vida de la persona investigada? ¿Eran manchas comprobadas o sembradas? En el opaco mundo de los servicios de inteligencia y contrainteligencias, todo era – y es – posible.

Queda entonces, que no apareció ningún venezolano de los presuntos “golpistas”– o “salvadores” según el lado del que se le mire -,  digno de confiar en lo que dice.  Eso lo explica el artículo del NYT en términos directos – ni siquiera  lo disfraza por deferencia hacia las personas que no nombra, pero acusa. Chávez nunca entendió que al involucrar a la Fuerza Armada en la ayuda a la narcoguerrilla colombiana, tiñó de esa mancha a la Fuerza Armada Venezolana en su totalidad: hasta el más honrado y pulcro oficial aparece como alguien que produce desconfianza.

Para leer el artículo completo publicado en Zeta, pulse aquí.

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Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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