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España

La Infanta Cristina se reivindica y ya no quiere esconderse más

Once y media de la noche del pasado miércoles. Los fotógrafos a las puertas del Teatro Nuevo Apolo, en el centro de Madrid, captan una secuencia que no se veía desde hacía casi un lustro.

Doña Cristina, la Infanta de España que contra viento y marea se ha aferrado a unos derechos dinásticos a los que se niega a renunciar, abandona el local con un semblante sereno, una amplia sonrisa y un ánimo que le lleva a hacerse varias fotos con quienes se lo piden y a estrechar algunas manos antes de perderse entre la maraña de coches oficiales.

Veinte minutos antes ha concluido la función de ‘El Médico’, otro de los musicales recién estrenados que hacen que la cartelera capitalina cada vez tenga menos que envidiar a Broadway.

Doña Cristina ha disfrutado de la obra entre otros junto a sus dos hijos menores, su hermana Elena y la hija de ésta, Victoria Federica, y su gran amiga, Cristina de Borbón Dos Sicilias. Nada es casual en la secuencia.

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Tres horas antes, el grupo no ha pasado desapercibido a la entrada del teatro. Y la Infanta sabe que toda la atención va a estar centrada en su salida y le produce ternura que su tímido hijo Miguel se cubra con una gorra para ocultarse algo de los flashes. Pero ella no. Doña Cristina ha decidido esa noche que no va a esconderse de nada ni va a mostrarse como el alma en pena que ha sido en todas y cada una de sus últimas apariciones. Esta vez desea sonreír, necesita mostrarse amable, educada. Quiere, sobre todo, reivindicarse. Es una mujer inocente, a la que la Justicia ha exculpado de todo delito, y está decidida a que la vean con la frente bien alta.

La segunda hija de Don Juan Carlos y Doña Sofía siempre se ha sentido una víctima. No ya porque siga creyendo en la inocencia de su marido, a pesar de la contundencia de las pruebas por las que éste cumple condena por prevaricación, malversación, fraude, tráfico de influencias y dos delitos fiscales, sino también porque no comprende cómo los españoles -e incluso su propia familia- la han condenado a ella con mayor severidad que la propia Justicia. Desde que se inició la instrucción del caso Nóos, Doña Cristina ha repetido sin cesar a sus amigos que se sentía como una apestada y que se creía en el epicentro de una profunda injusticia.

Pero no se engaña. Sabe que jamás va a poder borrar la mancha que ha arruinado su imagen. Y es consciente de que no volverá a tener el más mínimo papel institucional. Sin embargo, desde hace meses está decidida a ser rehabilitada en el núcleo familiar, un objetivo para el que cuenta con el apoyo decidido de Doña Sofía, de la Infanta Elena y también del Rey Emérito.

La misma Doña Cristina que hasta fechas recientes rehuía el calor de Zarzuela porque le dolía profundamente el severo cordón sanitario contra su marido -en el  cumpleaños 80 de Don Juan Carlos, por ejemplo, se le hizo ver que su presencia era bienvenida, no así la de Urdangarin-, ahora necesita el respaldo de toda su familia y quiere que sus vástagos vuelvan a relacionarse de un modo más natural con sus primos.

La cárcel lo cambia todo

Porque la entrada en la cárcel de Brieva del ex duque de Palma lo ha cambiado todo, incluso en la opinión pública, hoy más indulgente con la Infanta; a fin de cuentas, una mujer que atraviesa el peor trago de su vida. Y, además, porque el fallo del Tribunal Supremo de junio abundaba en los argumentos de la sentencia de la Audiencia Provincial de Baleares que había absuelto a la Infanta de los dos delitos fiscales de los que únicamente la acusaba Manos Limpias, si bien le obligó a pagar algo más de 130.000 euros como responsable a título lucrativo de los delitos fiscales de su marido.

Alguien próximo al entorno de la Infanta señala a LOC que lo esperable a partir de ahora es volver a ver sonreír a la Infanta Cristina públicamente en muchas más ocasiones, si quiera a modo de máscara bien ensayada -como todo en las familias reales- para contribuir así a empezar a dar normalidad a sus visitas a España, que en los últimos meses se han disparado, en paralelo a la operación en marcha para su rehabilitación familiar.

Cristina de Borbón y sus dos hijos pequeños, Miguel e Irene, aterrizaron en Madrid el miércoles por la mañana, procedentes de Ginebra donde cogieron un vuelo low costLOC ha sabido que la idea de asistir esa noche al musical ‘El Médico’ partió de Doña Cristina. Las Infantas contactaron con el modista Lorenzo Caprile para contarle su plan, pero éste no pudo verlas porque se encontraba de viaje. Caprile es responsable del diseño de vestuario de esta superproducción 100% española de más de cuatro millones de euros que ha puesto sobre las tablas el best seller de Noah Gordon.

Y Caprile es, asimismo, un incondicional de Doña Cristina que le demostró su amistad de forma pública -pocos se han atrevido a hacerlo- en uno de sus momentos más amargos. Acudió a la última sesión del juicio por el caso Nóos para dar fuerzas a la Infanta. El modista siempre agradece que ella le escogiera para confeccionar su traje de novia, cuando todavía no era lo reconocido que es hoy. Supuso su espaldarazo profesional. La amistad viene de lejos y está basada en una discreción a prueba de bomba.

EN ZARZUELA SE ESFUERZAN POR RECUPERAR CIERTA SINTONÍA FAMILIAR

El grupo adquirió 10 entradas para ver el musical, incluidas dos para los guardaespaldas que se sentaron detrás de las Infantas, quienes junto a sus familiares ocuparon una de las primeras filas del teatro. Durante el descanso, Victoria Federica y su prima Irene comieron palomitas, mientras Doña Cristina y Doña Elena charlaron con los productores del montaje.

Cuando acabó, no dudaron en saludar a los miembros de la compañía, hubo intercambio de fotos y felicitaciones sinceras. Les dijeron a los artistas que le iban a recomendar la función a la Reina Sofía, quien está a punto de celebrar su cumpleaños 80 con un almuerzo familiar en el que se espera a Doña Cristina, al contrario de lo que ocurrió en enero durante la efemérides de Don Juan Carlos. Entonces, los ex duques de Palma y sus hijos cambiaron el cumpleaños en Zarzuela por un viaje a Roma. Aprovecharon para asistir a la Misa de Epifanía en el Vaticano, donde ocuparon un lugar de honor. El protocolo de la Santa Sede no pasa por alto que es Infanta de España.

Poco después de las Navidades, era vox populi que el fallo definitivo del Supremo estaba al caer -aunque al final se pospuso varios meses más de lo previsto- y, por tanto, la Familia Real era consciente de que el ingreso en prisión de Urdangarin era inminente -nadie creía en la absolución-. Entonces, en línea con el acercamiento familiar al que nos referimos, ya tuvo lugar un hecho que no pasó inadvertido. Con motivo del cumpleaños 50 de Iñaki Urdangarin, tanto la Reina Sofía como el Rey Juan Carlos se desplazaron a Suiza para almorzar con su hija, su yerno y sus nietos en un restaurante. Era la primera vez que trascendía que el Emérito viajaba al país helvético para encontrarse con Urdangarin.

El 18 de junio, pocos minutos después de las ocho de la mañana, el ex duque de Palma ingresó en la cárcel de Brieva, en Ávila, donde cumple condena. Desde entonces, se sabe que Doña Cristina ha viajado con extraordinaria frecuencia a España, aunque sus visitas muchas veces tardan en trascender. El 23 y 24 de junio, el fin de semana siguiente a la entrada en la cárcel, la Infanta acudió a verlo por primera vez.

Pocos días después, a principios de julio, fue su hijo mayor, Juan Valentín, quien se desplazó hasta Brieva, accediendo por la puerta principal en lo que se consideró no sólo un gesto de lógico apoyo de un hijo a su padre, sino también de reivindicación del apellido Urdangarin frente a lo que representa ser un Borbón. Por las mismas fechas, Doña Cristina volvió a ser fotografiada en una terraza madrileña con su hermana y varios amigos.

CRISTINA VIAJA MUCHO A ESPAÑA Y QUIERE QUE SU PRESENCIA AQUÍ SE ‘NORMALICE’

De las visitas a la Infanta a la cárcel hay también constancia de otra realizada a mediados de agosto, poco antes de pasar algunos días con sus hijos y la familia de su marido en Bidart, en el País Vasco francés. En aquella ocasión, Doña Cristina aprovechó también para pasar una jornada con su hermana Elena en Madrid, y a ambas se las pudo ver de compras.

Ya más recientemente, a principios de septiembre, la Infanta Cristina viajó a la capital con algunos de sus vástagos. Se desplazaron a La Zarzuela, donde participaron en la celebración familiar por el cumpleaños 18 de Victoria Federica, hija de Doña Elena y Jaime de Marichalar. Varios fotógrafos captaron otro fin de semana a la benjamina de Cristina, Irene, junto a su abuela, Doña Sofía, de compras por la Milla de oro de Madrid. Son pruebas tanto de lo continuados que son los viajes a España de la Infanta y sus hijos, como del esfuerzo que están haciendo todos en Zarzuela por recuperar una sintonía familiar medio rota mucho tiempo.

Aunque conocedores del entorno subrayan que incluso en los peores momentos de la tormenta por Nóos ha habido más contactos de los conocidos. Cómo no recordar que en mayo Irene Urdangarin disfrutó de otro musical, en este caso Billy Elliot, junto a Doña Sofía, la Reina Letizia y otras chicas del clan Borbón.

Se sabe que, cuando acude a Madrid, la Infanta Cristina a veces se aloja en Zarzuela y en ocasiones en casa de sus íntimos Cristina de Borbón Dos Sicilias y su marido Pedro López-Quesada. La discreción y las ganas de pasar lo más desapercibida posible han caracterizado hasta ahora las visitas. Pero algo parece que ha empezado a cambiar. Porque la Infanta está decidida a volver a reivindicarse.

Fuente: elmundo.es/Eduardo Álvarez

https://www.elmundo.es/loc/casa-real/2018/10/27/5bd33522e5fdea87228b4630.html

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