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Las potencias intentan trazar hoja de ruta del final de la guerra en Siria sin EE. UU.

Una atmósfera de fin de ciclo rodea la cumbre que celebran este sábado en Estambul los presidentes de Turquía, Rusia y Francia junto con la canciller alemana.

Con el pretexto de supervisar el acuerdo de alto el fuego que Recep Tayyip Erdogan y Vladímir Putin sellaron hace un mes para frenar un baño de sangre en la provincia rebelde de Idlib, Emmanuel Macron y Angela Merkel pretenden impulsar también una salida negociada después de siete años y medio de guerra en Siria.

En ausencia de Estados Unidos, que apoya a las fuerzas kurdas que controlan una cuarta parte del país árabe, los cuatro líderes tratan de salvar el plan de reforma constitucional previsto por Naciones Unidas como hoja de ruta para la posguerra. El régimen del presidente Bachar el Asad considera que ha derrotado a la insurgencia —con la ayuda de sus aliados rusos y de las milicias proiraníes—, y por ello acaba de dar un portazo a la propuesta del mediador de la ONU, Staffan de Mistura, un veterano diplomático que se dispone a tirar la toalla tras más de cuatro años de vanos esfuerzos.

“El principal propósito de la cumbre es hallar nuevas vías basadas en que no existe una solución militar para Siria, sino solo una salida política”, ha anticipado el portavoz de la Presidencia turca, Ibrahim Kalim, ante la reunión internacional que se celebra en un antiguo palacete otomano de la ribera asiática del Bósforo.

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Ankara confía en consensuar una declaración final en la que se detallen los pasos hacia una transición pactada en el país árabe. El plan presentado por De Mistura —que también ha sido invitado a la cita de Estambul— persigue constituir una comisión tripartita de reforma constitucional que siente las bases para la celebración de elecciones. El mediador preveía que se formara el mes que viene en Ginebra, con presencia de delegados del régimen, de la oposición y de representantes de la sociedad civil designados por Naciones Unidas. Pero el ministro de Exteriores sirio, Walid Mualen, rechazó de plano la idea el miércoles durante una visita de De Mistura a Damasco: “La Constitución es una cuestión reservada a la soberanía, solo los sirios pueden decidir sobre ellas, sin intervención extranjera”. “Nos enfrentamos a un serio desafío”, reconoció el viernes el mediador en un pesimista informe ante el Consejo de Seguridad.

La excusa nacionalista del jefe de la diplomacia siria suena a broma en un país donde se está librando un conflicto a escala de guerra mundial. Las fuerzas rusas salvaron al régimen de la derrota con su intervención directa a partir de septiembre de 2015, apoyados por la carne de cañón de las milicias chiíes: los Guardianes de la Revolución iraníes, los combatientes libaneses de Hezbolá y escuadrones iraquíes y afganos.

Turquía, Arabia Saudí y las monarquías del Golfo han sostenido la rebelión con ingentes envíos de armamento y fondos. Las milicias kurdas de las Unidades de Protección del Pueblo reciben amplio respaldo de la aviación y de fuerzas especiales de Estados Unidos. El Estado Islámico se ha nutrido, en fin, de brigadas internacionales de yihadistas procedentes de países musulmanes y europeos.

Después del fracaso de nueve rondas negociadoras auspiciadas por Naciones Unidas, Rusia tomó las riendas del proceso diplomático en Siria ante la creciente política de alejamiento del conflicto adoptada por la Administración del presidente Donald Trump. De la mano de Irán y Turquía, el Kremlin ha promovido en las sucesivas conferencias de Astaná varios acuerdos de alto el fuego en zonas de distensión. Esta estrategia ha permitido al régimen de Damasco concentrarse en un solo frente para poder derrotar a los grupos rebeldes en todos sus feudos, uno tras otro.

El reducto insurgente de la provincia noroccidental de Idlib es el último bastión de entidad de la insurrección que estalló en marzo de 2011 contra El Asad. Tres millones de civiles —la mitad desplazados desde otras provincias rebeldes— y unos 90.000 rebeldes —una tercera parte yihadistas de la poderosa milicia Hayat Tharir al Sham (HTS, vinculada a Al Qaeda)— se hallan cercados en Idlib desde el pasado verano, cuando el ejército gubernamental se disponía a desencadenar una ofensiva militar a gran escala.

La frágil tregua sellada el 17 de septiembre por Ankara y Moscú planea sobre la cumbre que reúne en Estambul a Erdogan y Putin con Merkel y Macron. Los plazos han ido venciendo y los milicianos de HTS no aceptaron retirarse el pasado día 15 de la zona desmilitarizada de entre 15 y 20 kilómetros de anchura establecida en torno a Idlib. El resto de las fuerzas rebeldes, que están autorizadas a permanecer sobre el terreno, han replegado ya sus armas pesadas, de acuerdo con las estipulaciones del alto el fuego, y han permitido que patrullas conjuntas turco-rusas supervisen su cumplimiento. Este ha sido el caso del Frente de Liberación Nacional, coalición rebelde apadrinada por Turquía.

Los yihadistas sirios y extranjeros, sin embargo, controlan más de la mitad de Idlib y parecen estar dispuestos a vender cara su piel ante un cese de hostilidades que no les deja escapatoria. Siete civiles, entre ellos tres niños, murieron el viernes en bombardeos de la aviación de Damasco sobre la provincia rebelde, según informó el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos. Esta misma ONG, que cuenta con observadores sobre el terreno, aseguró también que al menos 60 miembros de las milicias encabezadas por los kurdos sirios habían perdido la vida este sábado en un ataque del Estado Islámico en la provincia oriental del Deir Ezzor, cerca de la frontera de Irak.

El riesgo de una nueva escalada bélica marca la agenda de la cumbre de Estambul. Turquía, que ha acogido más de tres millones de refugiados sirios en su territorio, difícilmente podrá afrontar una repentina oleada de 800.000 nuevos exiliados que, según las previsiones de la ONU, huirán de Idlib si el régimen lanza la ofensiva final. Un eventual éxodo masivo puede tener repercusiones incalculables para Europa. Con más de medio millón de muertos y la mitad de la población desplazada de sus hogares por los combates, el pueblo sirio no atisba aún luz ni esperanza al final del túnel de una guerra interminable.

Fuente: elpais.com/Juan Carlos Sanz

https://elpais.com/internacional/2018/10/27/actualidad/1540636927_342822.html

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