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El Barcelona le hace manita al Real Madrid en el Clásico

En el 45 aniversario del debut de Johan Cruyff como azulgrana, el Barça le obsequió contra histórica goleada ante el Real Madrid. Hasta el cielo llegó el estruendo del Camp Nou, que volvió a celebrar hasta cinco goles ante su máximo rival. Una cifra siempre mágica, como señalaron en su momento Bruins Slot y Piqué. De nada importó el gol de Marcelo, una anécdota en un clásico que debe acabar con la aventura de Lopetegui en el banquillo blanco, que se quedó sin Mundial y ahora también sin turrones.

Si el futuro de Lopetegui dependía de lo que sucediera en el clásico, la lógica invitaría a pensar que ni siquiera se subiera al avión de vuelta a Madrid como entrenador blanco. Impotente, sin soluciones en la banda, el técnico se vio completamente superado por el partido. Intentó reaccionar en la segunda mitad pero ya era tarde, el manotazo del Barça lo había dejado en la lona y la cuenta había llegado hasta diez.

Fue el encuentro un combate desigualado, pese a que ninguno contaba con sus mejores guantes. Empezó repartiendo por doquier el Barça, arrinconado el Madrid sin poder esquivar los golpes. Tras el descanso pareció despertar el conjunto blanco,pero los mandobles de Luis Suárez le acabaron por tirar al suelo.

Asfixió el Barça al Madrid desde el pitido inicial con una presión incansable que cansó hasta al respetable, exhausto ante tanta carrera de sus ídolos. Descubierto el antídoto a la ausencia de Messi ante el Inter, Valverde no hizo sino repetir la fórmula en el clásco sin que el desahuciado Lopetegui se diera por enterado.

Julen Lopetegui, técnico del Real Madrid Foto: EFE

Imponente el conjunto azulgrana en su puesta en escena sin Messi, superado un Madrid sin soluciones ante el vendaval que estaba sufriendo. Actuó Rafinha con libertad en el teórico lugar de Leo, algo errático con el balón en los pies pero soberbio en el apartado táctico, siempre cubriendo las aventuras de sus compañeros en ataque. Un trabajo oscuro el suyo, pero impagable para su equipo.

En el bando visitante, Lopetegui optó por Isco para completar su once, poblando el centro del campo de futbolistas de calidad y posesión. Sólo le falló un pequeño detalle: tener el balón. Fue el Barça el que amasó la pelota sin piedad, recuperando en campo contrario en infinidad de ocasiones con una presión arriesgada pero muy valiente. Despojada de malas maneras la etiqueta de conservador del carnet de Valverde.

Coutinho, en el clásico. Foto: Dani Duch

Ante la acumulación de jugadores por el centro, el Barça ocupó mucho mejor las bandas que su rival, con sus dos laterales muy ofensivos. El Madrid ordenó una defensa adelantada confiando en que los delanteros del Barça –Suárez y Coutinho- no tenían profundidad. Pero se olvidó de Jordi Alba, una bala por su banda.

Marcelo estaba completamente bloqueado por su banda y el Madrid apenas daba señales de vida con disparos lejanos que no inquietaban en exceso a Ter Stegen. El Barça, en cambio, no se cansaba de correr. Menos participativo pero igualmente brillante, Arthur manejaba el balón y organizaba el juego.

El clásico del Camp Nou no fue sólo el primero sin Cristiano y Messi desde 2007, sino también el primero con el VAR como protagonista. La suegra había aparecido a cenar casi sin avisar. Y apenas tardo media hora en quejarse. Otra vez Alba conectó con Suárez, arrollado por Varane antes de rematar. Sánchez Martínez no observó infracción, pero sus compañeros le instaron a verlo por televisión y acabó aceptando la evidencia. El uruguayo asumió la responsabilidad y no falló, siempre certero cuando tiene una diana de color blanco.

La decepción en el Real Madrid. Foto: Getty

Estaba en la lona el Madrid, y en la calle Lopetegui, que optó por un cambio de dibujo al descanso como única vía de escape. Ordenó una defensa con tres centrales, quizás para dificultar un tanto la presión azulgrana y encontrar mejor salida de balón, con dos carrileros muy profundos. En cinco minutos, sus jugadores se lo agradecieron con una bonita combinación que culminó Marcelo recortando distancias.

Acusó el golpe el Barça, teñida la pelota de blanco sin aviso previo. El Madrid se lo creía y merodeaba el área azulgrana con muchísima facilidad. Eran Valverde y sus hombres los que estaban ahora exigidos a dar una respuesta. El poste repelía el disparo de Modric en lo que se intuía como el empate. No eran capaces los locales de dar tres pases seguidos con criterio. Era ahora el Madrid el que recuperaba en capo contrario y provocaba alteraciones cardíacas en la grada.

A diferencia de Lopetegui, Valverde reaccionó a tiempo y demostró más cintura que su colega. Apostó por el músculo de Semedo y por la velocidad de Dembelé, aunque, sobre todo, por la frescura de ambos, agotados sus hombres tras hartarse a correr. El Madrid dejaba espacios, obligado a buscar el empate, y abría la puerta a la sentencia del Barça.

Los cambios del Barça surtieron efecto rápido. La primera pelota que tocó Dembelé provocó un contragolpe letal, que acabó en el centro de Sergi Roberto y el giro de cuello espectacular de Suárez ante el Courtois sólo pudo salir en la foto. Discutido en este inicio de curso, el voraz delantero uruguayo corroboró su mejora en las últimas semanas con una actuación para el recuerdo dedicada a su mejor amigo,sentado en primera fila con el brazo en cabestrillo.

Sentenciado el clásico, los últimos minutos del partido se convirtieron en un suplicio para el Madrid y, especialmente, para Lopetegui que seguramente vivió sus últimos minutos en el puesto con la mano en la cabeza. El hat-trick que culminaba Luis Suárez le mandaba al banquillo y el quinto de Arturo Vidal, en trance ya en Camp Nou, le enviaba al paredón. El chileno saldaba cuentas pendientes con los blancos cogiendo el relevo de Iván Iglesias o Jeffren.

El manotazo sideral del Barça a Lopetegui le devuelve al liderato y pone siete puntos de distancia con su máximo rival.

Con información de La Vanguardia

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