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¿Para quién trabajas cuando participas en los linchamientos en Twitter?

Este asunto de los “linchamientos virtuales” -comunes en Twitter- me recuerda el artículo de Stanley Milgram “Los peligros de la obediencia” (1974), donde expone sus conclusiones tras los experimentos de psicología social que realizó en 1961.

Los experimentos se hicieron en 1961, luego del juicio de Adolf Eichmann que fue sentenciado a muerte por los crímenes cometidos en la Alemania nazi, como encargado de las Schutzstaffel (SS). Eichmann alegó que “estaba siguiendo órdenes”. Aquí empieza la cosa.

Tras esta argumentación, Milgram planteó la hipótesis de su estudio: ¿Podría ser que Eichmann y en general, los cómplices del Holocausto judío sólo estuvieran siguiendo órdenes? ¿La obediencia puede ser un problema? Veamos.

En su artículo “los peligros de la obediencia” (1974) Milgram indica: “En la Universidad de Yale preparé un sencillo experimento para averiguar cuánto dolor infligiría un ciudadano común a otra persona simplemente porque un experimentador le ordenara hacerlo.”

Milgram convocó voluntarios que debían leer una lista de palabras a otra persona y solicitarle que la repitiera. Por cada error cometido al repetirlas, el voluntario generaba una descarga eléctrica que iba aumentando progresivamente con cada “error”.

Algunos voluntarios se detenían ante los gritos (falsos) de la otra persona pero el conductor del ejercicio les indicaba que debían continuar pues “no pasaba nada”. Y como se los ordenaban, los voluntarios continuaban.

En el experimento, el 65% de los participantes aplicaron la máxima descarga -de 450 voltios- obviando los gritos de su interlocutor y argumentaron que lo hacían porque “estaban cumpliendo con las reglas y órdenes del experimentador”. ¡El mismo argumento de Eichmann!

Milgram menciona “el instinto de agresión” que indica que todos tenemos instintos agresivos que exponemos cuando hay un ambiente que lo justifica. Esto parece aplicarse muy bien a Twitter donde bajo el anonimato se agrede, desprestigia e insulta libremente.

Otra conclusión de Milgram es la de la “Etiqueta de la sumisión” que se trata de evitar “lastimar” a quien dirige el experimento desobedeciéndolo (el que tiene el control/ poder), más que proteger a quien está recibiendo las descargas (el más débil).

Dice Milgram: “Lo esencial de la obediencia es que una persona llega a considerarse instrumento para realizar los deseos de otra, y por tanto deja de creerse responsable de sus propios actos”. Esto me recuerda inevitablemente a Viktor Frankl y “El hombre en busca de sentido”.

Frankl habla de los judíos que se aliaron con los nazis en los campos de concentración. Llegaron a humillar a sus iguales y a ser parte del aparato represivo. Mucha gente alegaría luego que “cumplió normas” porque necesitaba sobrevivir, aliándose al poderoso.

Algo curioso: en el juicio que le siguieron, Eichmann indicó que solía descomponerse y enfermarse al visitar los campos de concentración, pero esto no le impidió nunca firmar las órdenes de exterminio ni asesinar a judíos, puesto que estaba “cumpliendo indicaciones”.

Una de las principales conclusiones del estudio es que “no se necesita una persona mala para servir en un mal sistema. La gente común se integra fácilmente en sistemas malévolos.” ¿Siendo “buenos” podemos servir a la maldad? Según Milgram, sí.

“El que la obediencia sea muchas veces un imperativo de la sociedad humana no reduce nuestra responsabilidad como ciudadanos. Más bien nos impone la obligación especial de colocar en los puestos de autoridad a aquellos que más probablemente la ejercerán humanitariamente”.

Para todos los aspectos de nuestra vida (familiar, laboral, política) se precisa invocar nuestra conciencia. Un buen ejemplo de las son los linchamientos en redes sociales, al que la gente se suma sin pensar en lo que implica para el otro.

¿Te suena exagerado? No lo es: se empieza por lo pequeño y se evoluciona. A veces es necesario decir “basta”. Invocar, ante todo evento nuestra conciencia y saber que la obediencia es útil solo si armoniza la convivencia, solo si la mejora. Es un asunto de ética.

No soy fan de los experimentos de Milgram pero creo que pueden generar una reflexión valiosa. Si quieren conocer más, les dejo algunas referencias: Si quieren leer el paper “Los peligros de la obediencia” de Stanley Milgram, pueden conseguirlo acá.

Aunque hay otras de vieja data, en Netflix hay una película llamada “Experimenter” (2015) en la que se recrean los experimentos y el contexto del estudio. Aquí pueden ver el tráiler:

Una curiosidad: Peter Gabriel grabó un tema en 1986 que hace referencia al experimento y es muy bueno. Se los dejo:

Una frase clave de Milgram: “la desaparición del sentido de responsabilidad es la mayor consecuencia de la sumisión de la autoridad”. Recordar que la autoridad puede tener muchas formas: desde la popularidad en Twitter hasta imitar u obedecer a alguien que respetamos.

Destacable que tras el juicio de Eichmann, Hannah Arendt escribió el libro “Eichmann en Jerusalén: Un informe sobre la banalidad del mal”. Arendt expone que se puede proceder con maldad dentro de las reglas del sistema al que se pertenece, porque se hace sin reflexionar.

Con información de @adricultora.

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