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“¡Que te den por cu**, director!” La enconada carrera para dirigir la Real Academia Española

Dentro de un mes menos un día, el 13 de diciembre, la Real Academia Española (RAE) votará a su nuevo director en una ceremonia que parece ateniense de lo simplísima que es su democracia: 46 electores, ninguna candidatura formal y una noche de encierro por delante hasta que salga un elegido.

“Bueno, no es para tanto: desde que soy académico, todas las elecciones han tenido un favorito claro que ha ganado. No ha habido nunca sorpresas ni dramas”, cuenta un académico con más de dos décadas de antigüedad.

El problema es que la RAE no tiene ese favorito claro sino dos candidatos en competencia discretísima, pero enconada. Los nombres no son ningún secreto desde el día en el que Darío Villanueva, el director saliente, anunció precipitadamente que renunciaba a su reelección.

Juan Luis Cebrián, periodista, ex director de El País y ex presidente del GrupoPrisa, ha sido hasta ahora la liebre de la carrera. Su primera fortaleza, y debilidad, es que se ha presentado como el continuador del trabajo de Villanueva, que a su vez es uno de los promotores de su candidatura (según algunos académicos, porque aspira a mantener algún cargo en la institución). Cebrián es el hombre del aparato también para los enemigos del aparato, que los hay.

“Darío chocó con un grupo de académicos hace unos meses. En la RAE todo se lleva con mucha educación, también los enfrentamientos, pero hemos vivido meses de tirantez y anormalidad”, explica la citada fuente. El conflicto remite a verano, cuando la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, instó a la RAE a sumarse al debate del lenguaje inclusivo. Según algunos académicos, Villanueva fue demasiado amable en su respuesta y no reivindicó la autonomía de la RAE, que ya tenía un estudio sobre el tema de Ignacio Bosque.

Las tensiones se desataron en el pleno de octubre, poco después de la renuncia del actual director. Ante la sugerencia de algunos académicos de adelantar la elección, Villanueva reaccionó airadamente, según algunos presentes, y estalló contra lo que consideraba una “infamia”. La discusión fue tan acalorada que un académico salió dando un portazo y exclamando: “¡Que te den por culo, director!”.

“Votar por Cebrián sería un suicidio”

Mientras tanto, pese a que Cebrián ha intensificado su campaña para dirigir la institución, no consigue sumar apoyos. En estos momentos, algunos cálculos indican que ocho académicos lo apoyan: Villanueva, Rojo, Goytisolo, Vargas Llosa, José B. Terceiro, Francisco Rico, Emilio Lledó… Otros tres electores también serían proclives a votar por él.

Cebrián fue el primero en lanzarse a la campaña la misma noche en la que Villanueva anunció su renuncia. Entonces, ¿por qué no logra ampliar su base? Hay varias teorías, según las fuentes consultadas. La primera tiene que ver con su oficio, el de periodista: dentro de la RAE, los filólogos y los creadores tienen la propiedad, el prestigio y la mayoría. Además, Cebrián no tiene una obra escrita relevante ni como novelista, ni como ensayista, ni como articulista. La tercera razón responde a su personalidad. Cebrián, interpretan sus colegas, es un hombre de grandes aliados y grandes enemigos, que no es lo mejor en este momento de incertidumbre. “Votar por Cebrián sería un suicidio”, coinciden dos miembros.

La alternativa es Santiago Muñoz Machado, que tampoco es filólogo pero se ha ganado el respeto de sus colegas gracias a su trabajo en el Diccionario jurídico de la RAE. “Sé que mi nombre ha aparecido, pero prefiero no hablar de estas cosas. La Academia siempre ha sido muy reservada y creo que haríamos bien en seguir así”, explicaba ayer Muñoz Machado a EL MUNDO.

Al reciente Premio Nacional de Historia se le atribuye la capacidad de traer dinero a la RAE en forma de patrocinios, de contar con excelentes contactos y de tener una mirada ambiciosa para recobrar el prestigio perdido. “La Academia debe buscar apoyos, pero no sólo económicos”.

A Muñoz Machado le cuentan 18 apoyos seguros. ¿Estamos a tiempo de que un tercer académico lance su candidatura? Hay un nombre, Gregorio Salvador, que suma todas las cualidades posibles. Todas menos una: él no lo quiere, o no lo quiere lo suficiente. Y tampoco hay que descartar a una mujer: ¿Inés Fernández-Ordóñez?

Con información de El Mundo.

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