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Autoritarismo, populismo y democracia

Por Jaime Granda

***Cuando el socialismo gira hacia el populismo, dejando que su gente haga lo que le da la gana, el remedio resulta peor que la enfermedad.

Los miembros del Foro de Sao Paulo creyeron que diciendo por todos los medios que Jair Bolsonaro era representante del autoritarismo, el pueblo de Brasil votaría masivamente por el candidato del grupo corrupto de Lula Da Silva.

Basaron sus creencias en que los textos sobre autoritarismo recogen lo peor de ese modo de ejercer el poder que se ha dado a lo largo de la Historia de la Humanidad y lo presentan como característico de los sistemas dictatoriales.

Sin embargo, esa actitud abusiva de la autoridad no es exclusiva de las dictaduras y sobran casos donde no hay autoridad para los allegados y mucho autoritarismo para evitar que se discuta públicamente sobre sus deficiencias y las penurias que pasa el pueblo por su mal proceder.

Los textos consultados expresan incluso que en el contexto de las relaciones sociales, un ejemplo clásico de autoritarismo es el que en ocasiones se da en el entorno familiar. Se considera que existe un autoritarismo cuando los padres ejercen de figura de autoridad de una manera represiva, con fuertes normas y en ocasiones con métodos de control violentos.

Una cosa es descalificar el autoritarismo, con la misma intención que el socialismo descalifica a la democracia y otra cosa es eliminar toda autoridad para complacer a sus seguidores.

Lo cierto es que durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez había respeto de los hijos hacia sus padres, sus maestros, hacia la gente mayor en general y eso facilitaba la convivencia.

En cambio  durante lo que va del siglo XXI abundan noticias de total irrespeto hacia padres, maestros y la gente adulta por parte de niños que se sienten envalentonados porque con el cuento de impedir el maltrato físico, los maestros ya no pueden ni llamar la atención a sus alumnos cuando se están comportando mal.

En este siglo XXI es rutina saber que un hijo mata a sus padres. Las cárceles comunes no son centros para la regeneración sino que son verdaderas universidades del delito y guarida segura para los jefes de grupos hamponiles.

En el caso específico de lo que ocurre en Venezuela, cuando el socialismo gira hacia el populismo, dejando que su gente haga lo que le da la gana, el remedio resulta peor que la enfermedad.

Mientras en Venezuela no se corrija el excesivo presidencialismo, el autoritarismo seguirá a la vuelta de la esquina de cualquier grupo aunque surja de elecciones populares.

Al final de cuentas, con ese socialismo, la democracia venezolana ha derivado hacia el autoritarismo con fines exclusivamente políticos, creando leyes y reformando la Constitución con el único fin de sostenerse en el poder aunque haya millones de venezolanos pasando hambre y muriendo de mengua. Frente a todo eso, habría que admitir que esto es peor que el descalificado autoritarismo.

Hay que apuntar hacia el futuro que no es casualidad que de los 20 primeros países del mundo en el registro del Índice de Desarrollo Humano (IDH) correspondiente a 2018, 18 funcionan con democracias parlamentarias. Es fácil deducir que mientras haya menos personalismo en la presidencia del país, habrá menos autoritarismo, menos corrupción y se pueden mantener los valores familiares para bien de todos.

@jajogra

 

 

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