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La transición polaca se coronó gracias a la negociación con el régimen comunista

Polonia es uno de los casos de transición democrática más aleccionadores y exitosos de la historia. Fue el primer Estado de la Europa del Este en iniciar un proceso democratizador y de apertura económica.

Por supuesto que la transición no se dio de la noche a la mañana. Los polacos tuvieron que enfrentarse a desafíos que pudieran parecernos insuperables vistos desde la lente de la actual coyuntura en Venezuela. La cuestión de la justicia ha sido uno de los temas recurrentes…

Incluso desde antes de la estabilización del modelo democrático. La transición comenzó con una NEGOCIACIÓN entre el gobierno y sectores adversos agrupados en torno a una organización que, al igual que muchas otras organizaciones de carácter social y político, era ilegal…

Se trataba de un sindicato llamado Solidaridad, el cual agrupaba a otros tantos sindicatos que constituyeron una fuerza para luchar por reivindicaciones de los obreros y campesinos, incluyendo la propia libertad sindical, la cual estaba también muy limitada.

Polonia estaba férreamente controlada por el comunismo, su economía era un desastre (aunque la de Venezuela hoy está en peores condiciones) las medidas tomadas por el gobierno eran catastróficas y altamente inflacionarias y no había libertad de prensa, entre otros males.

La invitación hecha por el gobierno polaco a Solidaridad para entablar una serie de negociaciones, fue vista como una oportunidad para que el sindicato entrará a formar parte legal del juego político en dicho país. Su principal líder, Lech Walesa, aprovechó el momento para negociar cuestiones adicionales acompañado por expertos de su propia organización. La Iglesia Católica jugó un importante papel como mediador en las negociaciones y la entrada en juego de Karol Wojtyla, el nuevo Papa polaco (1978) trajo nuevas esperanzas.

En el marco de estas negociaciones se le planteó a la oposición lo que para los maximalistas podría ser algo impensable: participar en unas elecciones al parlamento (Sejm) en las que la oposición solo podría tener acceso a un 35% de los escaños.

El partido Comunista se quedaría con el otro 65% de los cargos incluyendo la lista nacional. Se elegiría de forma libre un Senado y a un presidente que sería nombrado por ambas cámaras. Solidaridad aceptó el trato considerando que serviría como base para un nuevo sistema.

Se llevaron a cabo las elecciones y los candidatos de Solidaridad ganaron en primera ronda todos los escaños que no estaban reservados para el Partido Comunista. Además, sólo dos candidatos de la lista del PC obtuvieron mayoría en esa primera vuelta.

Como si esto no hubiera sido suficiente, el Partido Campesino y el Partido Demócrata se unieron a Solidaridad. La derrota del gobierno era evidente. El nuevo bloque político ahora era mayoría en el parlamento.

Se nombró como presidente a Jaruselski (había un acuerdo secreto con respecto al tema) y se constituyó un gobierno de coalición en el que había ministros comunistas, un Primer Ministro de Solidaridad y ministros de otras organizaciones. Se llamó “La Gran Coalición”…

El Primer Ministro, Tadeus Mazowiecki (Solidaridad), hizo incapie en que era necesario reconstruir el país y concentrarse en resolver los problemas de entonces mediante reformas políticas, económicas y sociales. No era momento para la persecución de los comunistas…

La historia continúa, y es lo suficientemente compleja como para contarla toda en un hilo de Twitter. Pero hay lecciones puntuales que se pueden aprender de este caso. Hoy en día la democracia polaca es estable y su economía una de las más prósperas de la Europa del Este.

Los venezolanos debemos aproximarnos a estos casos para extraer de ellos algunas lecciones que podrían sernos útiles en la lucha por la restitución de la democracia. Una de esas lecciones, pienso yo, es que va a ser muy difícil la transición si no estamos dispuestos a negociar y a aceptar que, aunque haya un cambio de gobierno, es muy probable que el “chavismo”, la “izquierda” y el “comunismo” sigan existiendo. Lo que debemos hacer es ir hacia un proceso de renovación racional y modernizadora, con un gobierno amplio, incluyente y democrático.

Las aspiraciones maximalistas en política, en la mayoría de los casos, no dan buenos resultados. Cuando los sectores enfrentados se enfrascan en una lucha por el “todo o nada”, es muy probable que ambos se queden sin nada. Reflexionemos sobre esto y aprendamos de la historia.

Lauren Caballero – internacionalista, asesor político y articulista venezolano-, publicó este hilo en su cuenta en Twitter.
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