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Así fue la transición venezolana en 1958: ¿Es posible actualmente?

Transición
16 de julio del 2018, uno de los últimos grandes actos en los que la dirigencia opositora estuvo unida. Foto Cortesía MUD.

Algunos aspectos de la transición a la democracia en Venezuela. “(La Junta ha recibido) una nación en la que ninguna libertad subsistía y en la que la vida y la dignidad del hombre sólo tenían existencia retórica” (dijo) Edgar Sanabria, presidente de la Junta de Gobierno (1959).

La oposición venezolana atraviesa una crisis que hace difícil visualizar una salida democrática en el mediano plazo, por ello considero importante hacer referencia a algunos aspectos del proceso de transición democrática que vivió Venezuela en las décadas de los 50 y 60.

También creo necesario aclarar que cuando hablamos de democracia nos referimos a la posibilidad de que todo ciudadano pueda participar libremente de los asuntos públicos sin más limitaciones que las preestablecidas legalmente y sin temor a expresar ideas o puntos de vista.

Es también hablar sobre el derecho a elegir libremente a los hombres y mujeres que van a estar al frente del aparato del Estado. Existiendo además la posibilidad de ser uno mismo electo para tal distinguida labor. Sin imposiciones, sin coerción, sin temor.

Es pues, la democracia, el espacio de encuentro entre los diferentes, el lugar donde se contrastan las ideas, donde se respeta y se llega incluso a admirar al adversario. Por esta razón, la democracia no es posible donde los extremismos se imponen.

El 31 de octubre de 1958, en la quinta Punto Fijo, propiedad de Rafael Caldera, se encontraron 3 grandes hombres que entendieron la necesidad de un pacto para la gobernabilidad democrática en Venezuela. Se trató del famoso Pacto de Punto Fijo, piedra angular del sistema democrático venezolano. El espíritu de dicho documento permitió asentar las bases para el período de estabilidad política más longevo de toda la historia venezolana, hoy demonizado por quienes han revivido el monstruo de la autocracia, el extremismo y la barbarie.

Dice Norberto Bobbio algo que siempre debemos recordar y reivindicar quienes nos dedicamos al oficio de la política y nos asumimos como demócratas, y es que “la democracia es el espacio donde los extremos no prevalecen, si lo hacen se acaba la democracia”.

Los grandes líderes de la transición democrática venezolana, demostrando un nivel de madurez política superior, acordaron “establecer una tregua en sus actividades de lucha interpartidista” permitiendo con ello el surgimiento de un clima propicio para la Unidad Nacional. El nacimiento de la Junta Patriótica en 1957 permitió que las fuerzas democráticas pudieran cohesionarse más allá de los partidos para trazar una línea estratégica de acción frente a la tiranía, especialmente desde el frente universitario. Se estaba constituyendo la unidad.

No hay duda de que los errores del pasado y sus consecuencias habían servido de lección para los líderes políticos de entonces. El sectarismo de AD durante el “Trienio” utilizado por los militares como excusa para el golpe del 48, llevó a Rómulo a la reflexión. Se acordó un llamado “pacto institucional” no tan formal como el documento de Punto Fijo, pero que sin duda era parte del espíritu de este, que le dio cabida en el gobierno a todos los partidos democráticos. Así fue como se constituyó un gabinete plural y representativo. Así fue como URD, COPEI Y AD llegaron a constituir un gobierno de transición y Unidad Nacional en el que las fuerzas democráticas tenían participación activa. También se le hicieron algunas concesiones a los militares relacionados con temas de principal interés para ellos.

El primer gobierno de la democracia tuvo que enfrentarse a una guerra sin cuartel contra los extremismos de derechas y de izquierdas, materializados en actos terroristas, intentos de golpes de estado, atentados planificados desde República Dominicana, guerrillas, etc, a los cuales solo fue posible hacerles frente gracias al espíritu de unidad nacional y al respaldo popular del nuevo gobierno. Sin unidad de mando y de propósitos no habría sido posible la supervivencia del incipiente modelo democrático.

La caída de Pérez Jiménez fue producto de un conjunto de circunstancias en las que la opción militar tuvo un papel importante, más no estelar. La unidad de criterios acerca de cómo se debería conducir el proceso de transición en las filas opositoras, permitió el éxito. Si hoy existiera la posibilidad de que un grupo de militares diera un golpe de Estado para derrocar la dictadura, estos militares se encontrarían con grandes problemas para la transición: No hay unidad opositora, ni un líder que pueda aglutinar al resto, ni credibilidad.

La lección que nos da la transición democrática venezolana, el llamado “espíritu del 23 de enero”, es una lección acerca de la necesaria unidad de las fuerzas democráticas contra todo tipo de extremismo para poder alcanzar la Unidad de la Nación. Sin unidad no habrá democracia.

Esta información fue publicada originalmente por Lauren Caballero en un hilo en Twitter.

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