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Barcelona logra cómoda victoria 2-0 ante el Villarreal de la mano de Dembelé

Lo prometido es deuda y el millonario fichaje de Dembelé prometía grandes exhibiciones de velocidad en el Camp Nou. No le hizo falta al francés marcar, como ha hecho en otras ocasiones, para demostrar al Barça que quizás no se equivocó con su fichaje. Sus cabalgadas ante el Villarreal maravillaron a la afición azulgrana y pusieron los cimientos de un cómodo y necesitado triunfo para los de la Ciudad Condal.

Denostado no hace tanto por propios y extraños, más pendientes todos de si cenaba hamburguesas que de si marcaba goles, Dembelé se está sacudiendo la polémica sobre el terreno de juego. No hay reproches para el galo esta temporada, ya sea por sus goles o por su juego, demasiado acechado por sus extravagancias. Se impone poco a poco su fútbol y el Barça se congratula de ello.

Impresiona el Villarreal sobre el papel, no tanto sobre el verde. Calleja conduce un Porsche pero no pasa de segunda. Ha construido un equipo rocoso, de esos incómodos, pero muy poco lucido a pesar de la calidad que abarrota especialmente su centro del campo. Se acentuó esa sensación en el Camp Nou, donde el Barça se topaba con una pared una vez tras otra.

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Repitió Valverde el mismo once que Eindhoven. Sigue sin ser demasiado partidario de las rotaciones el técnico, quizás olvidado el abismo europeo del curso pasado, abrazado en parte por el cansancio de sus hombres. No estuvo tan cómodo Arturo Vidal en el fútbol posicional que planteó el Submarino como en la locura ante el PSV, pero no desentonó, cada vez con más confianza sobre el terreno de juego.

Amenazó el Villarreal con repetir el escenario apocalíptico que dibujó el Betis en el coliseo azulgrana con una salida ambiciosa, llegando con demasiada facilidad a los dominios de Ter Stegen. Descubría la afición azulgrana al joven Chukwueze, siempre incisivo por banda derecha y a pierna cambiada. Sus cabalgadas llevaban de cabeza a Jordi Alba, que pedía ayuda para tapar a la que apunta a ser una futura estrella.

Le costó al Barça hacerse con el mando del partido, aunque descubrió una nueva pareja de baile que debe satisfacer y mucho a Valverde. Semedo Dembelé conectaron bien por la derecha del ataque azulgrana, desplazando poco a poco el balón hacia el campo del Villarreal. No lograba encender su mejor versión Messi, algo apagado, aunque suficientemente enchufado como para enviar a los dos centrales del Villarreal con amarilla al descanso. Una fea entrada de Cáseres pareció lastrarle toda la tarde.

Percutía Dembelé, que en las últimas semanas parece otro futbolista, cada vez más cerca de la versión que se espera de un jugador de más cien millones de euros, si es que alguien, más allá de Messi, puede valer tanto dinero. No tenía demasiado trabajo Asenjo, aunque sí sus centrales y Cáseres, que evitaba el gol de Dembelé tras otra gran maniobra del extremo galo.

Parecía tener las ideas claras el Barça, con la paciencia por bandera, intentando encontrar huecos poco a poco en la nutrida defensa castellonense. Complicado parecía por el centro, por lo que las bandas fueron la vía elegida. Se sumó Alba poco a poco por la izquierda, compensando un poco el gran trabajo de Semedo, y sufría cada vez más el equipo de Calleja.

Premió el fútbol la ambición del Barça ante la racanería de su rival. El primer gol de la tarde nació de las botas de Dembelé, cuyo milimétrico centro remató Piqué a gol, a pesar de los meritorios esfuerzos de Asenjo. Segundo partido consecutivo que el central ve puerta, confirmando que atraviesa un gran momento de forma a pesar de la saturación de partidos que se reúnen en sus piernas. Tuvo fuerzas incluso de batallar con Gerard Moreno, quizás un preludio de lo que le espera en Cornellà la semana que viene.

Intentó dar un paso adelante el Submarino Amarillo tras el descanso, más por obligación que por convicción. La parada de Asenjo ante Arturo Vidal recién inaugurada la segunda mitad parecía anticipar un final de encuentro más abierto, un escenario que no era el propicio para el Barça, más interesado en controlar el juego que en las idas y venidas. La faceta defensiva está siendo su mayor carencia en lo que va de temporada y tenía una prueba de fuego ante sus narices.

Se cerró bien el Barça, muy atento en la presión para aprovechar la velocidad de Dembelé. Disfrutaba como un niño el francés con tantos metros para correr. Esta vez le tocaba a él después de tantas ocasiones apretando el R2 en su mando de la Playstation. Se desmelenó Calleja dando entrada a Bacca, no le quedaba otra. El balance ofensivo de su equipo era raquítico, casi insultante con los futbolistas que tenía sobre el césped.

Alcanzó el equipo azulgrana el pitido final sin recibir un gol seis partidos después, la mejor noticia para Valverde y los suyos, muy necesitados de esa estabilidad defensiva, la única vía para acabar alzando algún trofeo a final de temporada. También se congratuló el técnico del postrero gol de Aleñá, uno más que subir al carro. El triunfo, además, le valió al Barça para recuperar el liderato liguero después del empate del Sevilla en el campo del Alavés.

Con información de lavanguardia.com

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