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Veinte años de chavismo no nos han enseñado nada

Por Francisco Poleo

De 1998 recuerdo poco y recuerdo mucho. Era un niño. Me quedó grabado a fuego la desesperación de mis padres, Rafael Poleo y Graciela Requena, por impedir que Chávez ganara. Por eso me enervan quienes quieren dictar cátedra de anti-chavismo pero le hicieron la corte a Hugo Chávez.

En 1998 ser chavista era la moda. Por ejemplo, recuerdo a mi madre yendo furiosa a mi colegio porque una maestra había puesto un problema de matemática alabando a Chávez. Chávez todavía no era presidente. Estaba en curso la campaña.

Desde pequeño estuve cerca de la política porque la veía pasar por mi casa. En el verano del 98, con mi padre como aspirante a senador, en varias ocasiones llegaba a mi casa de jugar y me encontraba a Luis Alfaro Ucero, candidato presidencial de Acción Democrática, almorzando tras algún acto de campaña.

Imaginen mi sorpresa cuando escuché en casa que había que votar por un tal Henrique Salas Romer y no por Alfaro. El niño que era no entendía de política en ese momento, pero ahora entiendo lo que significó para mis padres votar por un candidato tan lejano a su pensamiento. Pero era un sacrificio necesario. “No queda otra. Hay que unirnos para frenar a Chávez”, le dijo mi padre a mi madre.

Chávez todavía no era presidente y ya era imperativa la unidad para frenar lo que representaba. La lucha antichavista de mis padres viene desde antes del 98, pero esto es lo que yo recuerdo. Lo cuento desde ese punto de vista porque ese era mi mundo: Mis padres y mi colegio. Luego llegó la victoria de Chávez y crecí viendo en casa la lucha incesante contra el chavismo.

Tengo 28 años y toda mi vida ha estado envuelta en la lucha antichavista. Eso no es normal. Estoy hiper-politizado desde pequeño. Hago un esfuerzo por no guardarle rencor a quienes nos acusan de chavistas, colaboracionistas y demás yerbas, pero no es fácil.

Abuso de la primera persona al escribir esto porque la falta de respeto entre nosotros toca la fibra más íntima de cada quien.

No es fácil ser equilibrado, sereno y firme cuando llevas toda tu vida enfrentando al mismo monstruo. Lo fácil sería ser extremista, ultra. Pero no. Sigue siendo válido lo que le oí a mi padre en el 98: “No queda otra. Hay que unirnos para frenar a Chávez”.

Veinte años de populismo no nos han enseñado nada, porque sin unidad no hay nada.

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Francisco Poleo

Vicepresidente Ejecutivo de la revista Zeta, el diario El Nuevo País y el portal de noticias http://www.enpaiszeta.com . Instagram: @franciscopoleor.

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