Sucesos

Muere niña de siete años por cansancio y deshidratación en zona fronteriza de EE.UU.

A Jackeline Call, de 7 años, que viajaba con su padre Nery, de 29, en un grupo de 163 migrantes en busca del sueño americano, le fallaron las fuerzas tras varios días de viaje. Fueron andando. En autobús. Como podían.

Hasta que sus ansias de una oportunidad se vieron truncadas. La niña de Guatemala murió de deshidratación y cansancio en El Paso, Texas, mientras se encontraba bajo custodia de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos,  EE. UU. que depende del departamento de Seguridad Nacional.

Su fallecimiento, desvelado por el periódico ‘The Washington Post’ tras confirmarse por la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, plantea dudas sobre el trato ofrecido por los agentes de inmigración a los migrantes, que deben recibir alimentos y agua tras ser detenidos.

Según los registros de la CBP, la niña empezó a sufrir convulsiones ocho horas después de la detención, realizada hacia las diez de la noche (medianoche en España) del 6 de diciembre.

Estaban en una zona del desierto al sur de Lordsburg (Nuevo México), ubicada a unos 260 kilómetros de El Paso (Texas), ciudad fronteriza con Juárez (México), donde lindan los dos mundos.

Cuando llegaron los servicios de emergencia, constataron que no había comido ni consumido agua durante días.

Su temperatura alcanzaba los 40,9 grados. Fue entonces cuando decidieron trasladarla en helicóptero al Hospital Infantil Providence de El Paso.

Allí, sufrió un paro cardíaco. Fue reanimada. Pero no pudo recuperarse. Falleció menos de 24 horas después.

Su muerte no sólo aviva el debate de la última crisis migratoria, utilizada por el presidente de EE. UU. Donald Trump, para movilizar a sus bases ante las elecciones del Congreso el pasado noviembre.

También, pone de manifiesto la mala gestión de esta crisis. La secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, se defendió indicando a la cadena Fox que “la familia eligió cruzar de forma ilegal”.

En las últimas semanas, la zona cero de la polémica se ha ubicado en las ciudades fronterizas de Tijuana (México) y San Diego (California), debido a la decisión de Trump de separar a los menores de sus padres.

Por otra parte, un gran número de centroamericanos, a los que México permite el paso como medida de presión a EE. UU. por las negociaciones del tratado comercial NAFTA II, recientemente renovado, cruzan también por Texas, Arizona y Nuevo México.

Así lo eligió el padre de Jackeline, al pensar que sería más fácil sortear a los traficantes y agentes fronterizos. Sin embargo, no contó con la rudeza del desierto.

Con informacion de Marta Torres/El Mundo 

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