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Iglesia católica de Nicaragua suspendió procesión del 1ero de enero por medidas de seguridad

La Iglesia católica de Nicaragua canceló su tradicional procesión del 1 de enero por motivos de seguridad, en medio de una crisis sociopolítica que ha dejado cientos de muertos desde abril y casi dos meses después de la última movilización callejera, prohibida por la Policía Nacional.

Los católicos no marcharon pero asistieron de forma masiva a la oración con Jesús Sacramentado y posterior misa solemne en la catedral de Managua, con motivo de la Jornada Mundial por la Paz.

Decenas de policías antimotines fuertemente armados se desplegaron en el área de la procesión, incluyendo los alrededores de la catedral, pese a que el cardenal Leopoldo Brenes y el obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, anunciaron la cancelación de la misma.

“Nosotros en Nicaragua estamos llamados a ser verdaderos artesanos de paz”, dijo Brenes ante la multitud un día después de que emitiera un mensaje de armonía el Gobierno de Nicaragua, al que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, ha acusado de crímenes “de lesa humanidad” en el marco de las protestas contra Daniel Ortega.

El acto católico, que duró más de dos horas, se basó en las apreciaciones del papa Francisco en su más reciente mensaje, titulado La buena política está al servicio de la paz, que Brenes recomendó leer “a los que hacen la política en Nicaragua”, con la promesa de que no es un texto extenso.

Ataviados con la bandera nacional de Nicaragua, que ha sido motivo de cárcel en medio de las protestas contra Ortega, los católicos oraron por la paz, la justicia, las víctimas de la crisis y la superación de la misma.

Una ceremonia similar a la de Managua celebraron los católicos en la ciudad de Matagalpa, donde los creyentes retaron a la Policía con una procesión espontánea por las calles que transcurrió sin incidentes.

El ambiente en Nicaragua se mantuvo tenso por la nutrida presencia policial en las principales ciudades, especialmente en el departamento de Jinotega, en el norte, donde la Policía confirmó la muerte de cuatro hombres en un tiroteo ocurrido el 30 de diciembre pasado, en el que pereció el supuesto jefe de grupos armados “para estatales”, Luis Antonio Rizo, y otros tres hombres.

El Episcopado y Ortega se mantienen enfrentados debido a que la Iglesia católica local ha propuesto al presidente el adelanto de las elecciones de 2021 como una manera pacífica de resolver la crisis, que comenzó en abril pasado.

El pasado 4 de diciembre, Ortega acusó a “algunos” obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua de formar parte de “las fuerzas golpistas” y de “sumarme alegremente al golpe terrorista y criminal” que a su juicio, intentó derrocarle durante las protestas.

La crisis de Nicaragua ha dejado, según organizaciones humanitarias, entre 325 y 545 muertos, que el Gobierno cifra en 199.

Esas organizaciones cuentan cientos de desaparecidos y 674 “presos políticos”, mientras que el Gobierno admite 340 encarscelados, a los que denomina “terroristas”, “golpistas” y “delincuentes comunes”.

La crisis también suma miles de heridos y decenas de miles de nicaragüenses en el exilio, según algunas fuentes. Nicaragua es un país de 6,3 millones de habitantes, de los que un 58,5% se consideran católicos.

Las protestas contra Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo comenzaron, el 18 de abril pasado, tras 11 años de Gobierno continuo, por unas fallidas reformas de la seguridad social y se convirtieron en una exigencia de renuncia, tras el saldo mortal de las manifestaciones.

Con información de 14 y Medio 

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