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Polonia reclama otra Europa

Las diferencias que separan a la sociedad polaca se dejaron a un lado en noviembre para celebrar un aniversario que les une. Cientos de miles de ciudadanos festejaron el día 11 la independencia recuperada en 1918, después de 123 años de ocupación, y perdida de nuevo durante la Segunda Guerra Mundial.

Tras más de cuatro décadas de comunismo, Polonia vivió una transición democrática ejemplar en los 90 y en 2004 ingresó en la Unión Europea. Desde entonces, la economía del país no ha dejado de crecer -un 4,6% en 2017, según la OCDE- y su paro de menguar. Avalados por los buenos resultados, la sexta potencia de la Unión pide paso en una Bruselas con la que el actual Gobierno nacionalista del partido Ley y Justicia (PiS) ha mantenido importantes tensiones, que han causado desgaste en las encuestas de cara a las elecciones de 2019, aunque el partido se mantiene líder con el 38% de votos.

“La economía sigue creciendo a la par que nuestra confianza, a pesar de que Europa aún nos ve como el hermano pobre sin opinión. Polonia quiere compartir responsabilidades, pero a cambio de tener el mismo peso político”, sentencia Przemyslaw Baranski, vicepresidente del Instituto de la Libertad, un ‘think tank’ que forma a los futuros líderes del país.

El último alzamiento de Varsovia acabó en noviembre con una sentencia del Tribunal de Justicia de la UE que ordenaba parar de forma cautelar la reforma del Tribunal Supremo polaco por lesionar la independencia judicial. El PiS la acató. “El Gobierno no es antieuropeo, pero tiene un problema de comunicación. Es un partido conservador y a la vez revolucionario en su forma de hacer política. Por eso, en ocasiones hacen las cosas rápido y lo cuentan mal al resto de Europa, que desconoce que la reforma judicial en Polonia sí es necesaria”, apunta Baranski.

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El periodista Jedrzej Bielecki, corresponsal de Asuntos Europeos del diario ‘Rzeczpospolita’, cree también que las formas del partido son clave en la imagen exterior del país. “La manera del PiS de ejecutar la reforma fue pésima, pero lo cierto es que el sistema judicial no funciona y hay corrupción. El partido de Kaczynski podría haber esperado un año a que su gente entrase en el Tribunal. No hacerlo trajo una gran polarización”.

Ambos aducen que uno de los éxitos del PiS es la división interna en la opositora Plataforma Cívica de Donald Tusk, a la que acusan de alentar una campaña del miedo en la UE contra Visegrado y de inventar opciones como el Polexit. El periodista hace un guiño a la España de la crisis: “Su experiencia con Alemania, sobre todo de los parados jóvenes, es un motivo para que los españoles se den cuenta de que hay otra Europa con la que también pueden pactar, y que no amenaza la democracia”. Sin embargo, en el índice de libertad de expresión de Reporteros Sin Fronteras, Polonia cayó 29 puestos en 2016 tras ganar el PiS, del 18 al 47. La Federación Europea de Periodistas advirtió entonces que el Ejecutivo apuntaba tendencias represivas con trabajadores y medios críticos.

Las críticas a las amenazas a la libertad de expresión se multiplicaron en febrero a raíz de otra medida no menos polémica. La modificación de la ley del Holocausto penaba con hasta tres años de cárcel a quien emplease el término campos de concentración polacos, como ya hiciera Barack Obama en 2012. Tras un conato de crisis diplomática con Israel y EE.UU., Varsovia eliminó la condena.

El Instituto para el Recuerdo Nacional redactó el informe que encargó el Ejecutivo para avalar la norma. Alicja Gontarek, especialista del centro, defiende que las intenciones eran buenas, pero reconoce que la elección de la fecha de publicación de la norma -el 26 de enero, un día antes de la liberación de Auschwitz- fue un error. “Se trataba de acabar con la práctica extendida de afirmar que Polonia participó o permitió el Holocausto, de cambiar esa concepción errónea”, señala. Y aclara que la embajadora israelí conocía los planes del PiS desde hacía un año.

“Infectada por el antisemitismo”.

Para Leslaw Piszewski, presidente de la Comunidad Judía en Varsovia, la reforma iba en contra de la propia experiencia del Holocausto. “Limitaba el trabajo de los investigadores y tanto el texto como la fecha de publicación eran escandalosos”. Su opinión personal es contundente: “Polonia está infectada por el antisemitismo”. Asegura que la sociedad y el Gobierno no dan una respuesta adecuada a la xenofobia y que la ley de delitos de odio no se suele aplicar.

Polonia -donde el 71% apoyaría en Europa un veto migratorio como el de Trump, según el último Informe Europeo de Islamofobia- tiene uno de los índices más bajos de inmigración de la UE, algo que supone un problema de falta de mano de obra en un país con apenas paro. “Queremos que vuelvan los polacos que emigraron y esperamos que lo hagan tras el Brexit”, dice la ministra de Familia, Elzbieta Rafalska.

Marta Makowska, analista del Instituto Polaco de Asuntos Internacionales, cree que la reputación del país -donde el 75% votaría por la permanencia en la UE si se celebrara un referéndum- quedará muy dañada tras las tensiones con Bruselas. “El PiS no se arrepiente de su fracaso en comunicarse con Europa, que es como una bestia sin dientes y no aplicará sanciones”, advierte, “sólo buscan el contacto con su electorado porque, al final del día, argumentarán que no son españoles o franceses quienes les van a votar de nuevo el año que viene. Serán los polacos”.

Fuente: elmundo.es/Teresa Aburto

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