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Final de la guerra civil en Ferrari abre puertas a Fernando Alonso

Los puñales se habían tomado una tregua durante las últimas semanas de 2018 en la Fórmula 1, pero el desenlace resultaba inexcusable.

La batalla interna en Ferrari precisaba de un vencedor y un vencido. Así lo decidió, ya antes de las vacaciones de Navidad, el presidente John Elkann. Era el momento de apostar por Mattia Binotto como nuevo jefe del equipo de F1 y prescindir de Maurizio Arrivabene. A primera hora de ayer, La Gazzetta dello Sport adelantaba la noticia. La confirmación oficial de la Scuderia se hizo esperar hasta mediada la tarde.

«Agradecemos a Maurizio su valiosa contribución al incremento de competitividad del equipo en los últimos años», relataba la nota del Cavallino, donde a Binotto, director técnico desde 2016, era confirmado como nuevo hombre fuerte. A los 49 años, 24 de ellos entregados a Maranello, asume toda la responsabilidad de una escudería que no puede tolerar otra temporada en blanco. El último título de pilotos data de 2007. Y el de constructores, de 2008.

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De modo que en la agenda de Binotto se acumulan las urgencias. El 15 de febrero tiene la presentación del nuevo coche en Milán. Tres días después, en Montmeló, los primeros tests de pretemporada. Y el 17 de marzo, arranca el Mundial en Australia. Además, deberá defender ante la FIA y Liberty Media la privilegiada posición de Ferrari de cara a la revolución reglamentaria de 2021.

Muerte de Marchionne

El triunfo de Binotto supone el final a una guerra civil desencadenada el pasado julio, tras la muerte del anterior presidente, Sergio Marchionne. Tres días antes de la luctuosa noticia, Arrivabene había recibido una oleada de críticas tras los errores en las órdenes de equipo durante el GP de Alemania. Unas semanas después, el huracán arreciaba en Monza, donde al muro rojo le tembló de nuevo el pulso en la estrategia.

Arrivabene no había sabido extraer todo el rendimiento del SF71-H, el monoplaza dominador de la primera mitad de temporada. Y los rumores se extendían como la peste. La candidatura de Binotto, director técnico desde 2014, ya era la favorita de Marchionne, que en 2016 ya había iniciado una revolución en el departamento técnico, resolvía un relevo inminente que sólo su propia muerte truncó.

Sábado fatídico en Suzuka

El 6 de octubre, ya con el Mundial casi perdido, una última gota colmó el vaso de la paciencia. La pésima selección de neumáticos de aquel sábado, había arruinado las opciones clasificatorias de Sebastian Vettel y Kimi Raikkonen en el GP de Japón. El título, como en los tres años precedentes, se marchaba a Mercedes, para mayor gloria de Lewis Hamilton. Entonces, Arrivabene estalló contra sus trabajadores. Una vez más, en los peores momentos, su manga ancha con los pilotos coincidía con los ataques contra sus propios empleados. De hecho, las conclusiones del informe interno de 2018 se centraban en las presuntas carencias del coche y eximían de responsabilidades a Vettel.

Al menos este adiós abre una puerta a un hipotético regreso de Fernando Alonso a Ferrari. La evidente animadversión de Arrivabene, cuyo fiero carácter quedó tantas veces en evidencia ante los periodistas, queda al fin atrás. Ahora, con Binotto a los mandos, pueden tenderse puentes para un nuevo acuerdo.

Fuente: elmundo.es/Miguel A. Herguedas

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