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Revolución del chocolate afecta a los mexicanos

Revolución del chocolate

afecta a los mexicanos

Por MAXIM LATOUR

México acaba de perder uno de sus más profundos motivos de orgullo: la paternidad del chocolate. Una investigación publicada en “Nature Ecology and Evolution” determina que aztecas y mayas no fueron los primeros en disfrutar de esa bebida que se obtiene procesando las semillas de la “theobroma beans”. La cultura mayo-chinchipe, ubicada en la Amazonia de Ecuador, disfrutaba de ella hace 5.500 años, milenio y medio más que los 4.000 años aceptados para el uso del chocolate en la península de Yucatán y sus alrededores.

Aunque, en estricto sentido, lo que ambos tomaban no se parecía a lo que hoy entendemos por chocolate. Ellos comían –más que bebían- una masa  hecha con la semilla del cacao mezclada con maíz, chile, miel y un poco de agua. Es cuando el cacao llega a Europa en el Siglo XVI cuando podemos hablar de una bebida  predominantemente hecha con la semilla del cacao. Se le llamaba licor de chocolate, al que a mediados del siglo XVI se agregó azúcar y la manteca del cacao. Es aquí cuando en propiedad podemos hablar del chocolate como hoy lo conocemos. Pero seguía siendo un brebaje oscuro y fuerte, hasta que en 1870 en Suiza le añadieron leche y ya tenemos el chocolate de taza como lo tomamos hoy, mientras paralelamente se desarrollaba una bombonería que fue muy europea.

Hay que advertir que este chocolate que hoy bebemos pasa por una fermentación que le da su delicioso sabor. El año pasado, la Royal Society of  Open Science hizo una descripción de las diversas técnicas de fermentación microbiana que en muchos casos hacen la diferencia.

Está científicamente aceptado que el chocolate afecta favorablemente el estado de ánimo, pero no se ha podido precisar la razón bioquímica. También es cierto que previene trastornos cardio-vasculares, aunque menos de lo que dicen sus productores y sobre todo lo que pretenden los chocoadictos –porque, eso sí está comprobado-, el chocolate produce cambios neurobiológicos semejantes a las drogas. Así que… bueno es chocolate, siempre que no te mate.

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