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Jurate Rosales: ¿Veinte años no son nada?

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¿Veinte años no son nada?

*** “Nada aprendido, nada olvidado”, se dijo de los exiliados por la Revolución Francesa que regresaron de 35 años de exilio. Con veinte años en el destierro, ¿habrán aprendido los venezolanos a convivir pese a sus diferencias?

Por Jurate Rosales

En el año 1989 los regímenes comunistas de Europa Oriental  parecían fuertes e inexpugnables, pero bastó que cayera el primero  para que en el término de dos años todos los demás se derrumbaran como una fila de naipes. Si uno pregunta a qué se debió esa aparente facilidad  cuando apenas unos meses antes la represión ejercida por el sistema comunista lo hacía imposible, las respuestas son varias y entre ellas hay dos que, más que de ejemplos, pueden servir de advertencias.

Muchos han sido los análisis para explicar lo súbito y rápido de aquel derrumbe después de medio siglo de una presencia que parecía inamovible. Pocos se han percatado de las dos principales causas de la caída de regímenes represores que de pronto perdieron su capacidad de gobernar y se desplomaron. Encontrándose Venezuela en este momento en una situación asombrosamente similar a la de los derrumbes del comunismo en Europa, no puedo evitar de mencionar las similitudes y resaltar las diferencias.

Empiezo por enumerar las causas del derrumbe  que fueron importantes sin haber sido decisivas. Muy importantes fueron, en aquella última década del siglo XX, los nuevos métodos de información que transformaron en obsoleta la censura ejercida por el monopolio informativo del Estado. Entonces –hace un cuarto de siglo- la gente empezó a buscar maneras de informarse burlando la censura. Hoy ese obstáculo no existe: causa risa  el empeño que tuvieron, al principio de esta rebelión, los medios de información venezolanos de ¡no nombrar! a Juan Guaidó. ¿Cómo se formaron estas marchas de más de millón de personas sin que ninguna televisora lo anunciara? Quisiera saber quién fue el genio madurista  que aconsejó no hablar de ello en los medios nacionales. No hizo sino incrementar el caudal de información de persona a persona. Lo que ya funcionó para los opositores de un régimen opresor hace 40 años, ahora es mucho más accesible y en Venezuela esto se comprobó.

Otro aspecto que tuvo importancia en Europa Oriental y la tiene ahora en Venezuela, es la religión. No tenemos un Papa Vojtyla que aseste la certera estocada final, pero sí tenemos obispos que cada uno vale un Papa, y terminarán arrastrando a  Bergoglio el de Roma (no le quedará otra).

Importantes han sido en todas las luchas contra el comunismo, las siempre numerosas diásporas de los exiliados. El mayor aporte de los exiliados siempre ha sido socorrer a los parientes dejados bajo el sistema de hambre y penurias –por cierto, signo distintivo de todos los regímenes comunistas: la penuria.

Hasta ahora, en Venezuela vamos bien. Los factores históricos que en Europa llevaron a la liberación están dados. Son ellos la información, las Iglesias y las ayudas brindadas por los exiliados.

Donde empiezo a dudar es en dos aspectos que a mi juicio son las  las condiciones que decidieron la caída del comunismo en Europa oriental y que no veo todavía muy claras en el caso venezolano. Una de ellas es el estamento uniformado. En las fuerzas armadas de todos los países  donde el comunismo se derrumbó, el factor militar ya había sido tan cuidadosamente despolitizado por medio de constantes purgas dirigidas por la policía política, que la fuerza bruta de las armas sólo funcionó cuando la ejerció esa policía. Es de observar que  en ningún país liberado del comunismo hubo juicios contra los militares y policías después de caer el régimen. Muchos continuaron en sus puestos, buscando la jubilación. La situación allí fue muy distinta de la venezolana, porque funcionaba la diferencia de nacionalidades – la mayoría de los jefes de la policía represora eran rusos y volvieron a Rusia, dejando los demás países con su propia gente, que ahora sólo quería vivir en paz, protegida por la fuerza armada de su nación. En el caso de Venezuela, será necesario que se vayan los agentes cubanos, el Hezbollah, el ELN, los remanentes de las FARC y cualquier banda armada. Para los militares venezolanos el dilema no es fácil de solventar. Creo que esos grupos actuarán definiéndose individualmente.

La otra diferencia que también considero “principal” es el factor tiempo, el de los 20 años del chavismo. Allí me remito nuevamente a los casos que aparecen en la Historia.  A los veinte años de un régimen comunista, están todavía muy frescas las divisiones, ambiciones y antiguos pleitos dentro de una diáspora. Los exilados llegan por oleadas cada una con sus propios rencores que no son los del grupo anterior, pero todos se consideran con el derecho de regresar para gobernar. Terminan – como norma que nunca ha cambiado – peleándose entre ellos en vez de unirse para lograr una estabilidad duradera en su país.

Los ejemplos – sin una sola excepción – se han visto en todos los países que sufrieron del comunismo. En Rusia, los defensores del zar o sus herederos en el exilio odiaban a muerte a la oleada siguiente, la de Trotski (Trotski fue asesinado en México y el heredero murió en Francia en un accidente de carro. El comunismo sí está siempre claro sobre quiénes son sus enemigos). En los países balcánicos, los exiliados que defendían a su rey rechazaban unirse a los que soñaban con una república y a las diásporas  se dividían en los partidos políticos que habían existido en el pasado.  Moscú, por su parte, siempre estuvo muy atenta para incrementar estas rivalidades en cada grupo de exiliados. No fue sino cuando ya había pasado un siglo de comunismo en Rusia y medio siglo en Europa oriental, ya muertos o seniles los presuntos candidatos, que los opositores en cada nación encontraron el lenguaje unificador.

No lo digo en vano. La ceguera del exiliado ya fue una vez descrita cuando regresaron – peleados entre ellos pero regresados – los exiliados que habían huido durante la revolución francesa: “rien appris, rien oublié”: nada aprendido y nada olvidado, frase atribuida a Talleyrand, uno de los más inteligentes ministros en la época de ese regreso, quien tuvo que lidiar con las tontas ambiciones de los “regresados” después de unos 35 años de exilio (1789 – 1814)  que aparentemente no fueron suficientes para entrar en razón.

Ojalá los 20 años venezolanos sean suficientes. Más nada que agregar.

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Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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