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ALFREDO MICHELENA: La guerra que ya perdió Maduro

La guerra que ya perdió Maduro

 

***Suenan tambores de guerra en la frontera venezolana. Maduro muestra su poderío como mostrando que tiene dientes y que es capaz de morder.  Pero el rugido de las flotas norteamericanas no se hizo esperar. Negociar su salida es su mejor opción, pues la otra sería aceptar las ignominiosas condiciones de un armisticio como parte derrotada.

 

ALFREDO MICHELENA

 Por ALFREDO MICHELENA

Ya hace tiempo que el santo se le volteó al régimen; pero Maduro y su corte no quieren aceptar la realidad.  Lo que ellos sí deben saber es que una guerra como la que ellos dicen que sucederá, “contra el imperio yanqui y sus lacayos”, no la ganan ni queriendo.

 

El plan de Maduro

          Maduro fue cogido fuera de base. El régimen siempre escogió el campo de batalla y las armas a utilizar, pero esta vez no es así. Cuando en mayo del año pasado fue declarado triunfador en unas elecciones que no fueron reconocidas por la comunidad internacional, probablemente no previó que literalmente el mundo se le vendría encima cuando el 10 de enero usurpara la jefatura del Estado. Y menos que la respuesta de ella sería más que diplomática.

La famosa frase “todas las opciones están sobre la mesa”, incluyendo la militar, comenzó a ser más que una posibilidad una probabilidad. La retórica antiimperialista, es decir antinorteamericana, llegó con Chávez y desde ese tiempo miles de millones de dólares se han invertido en comprar armamento a Rusia, para el día en que el imperio atacara. Bien, ahora eso está planteado.

 

La guerra del pueblo

En el concepto de guerra de cuarta generación o asimétrica, también el régimen ha actuado durante varios lustros, creando brigadas populares y las famosas milicias que ahora Maduro quiere llevar a dos millones (sic) de personas.

Con respecto a esto, baste saber que en el presente menos de un venezolano de cada diez apuesta por Maduro y que seguramente muchos de estos milicianos están en eso más por hambre y chantaje político que por convicción. El régimen podrá repetir las ilusiones del “ché” Guevara de “aparecerán varios Vietnam” – lo que por cierto le falló en Bolivia- pero Venezuela no es un país campesino y aislado. Es un país que se acostumbró a vivir bien –porque aún los más pobres vivían mucho mejor que lo que viven ahorita- y que en el fondo tiene un aprecio por lo moderno y por esos yanquis y esos lacayos, que según ellos nos invadirían.

 

El ejército

Nuestras Fuerzas Armadas, también desde el principio, han sido desarticuladas en sus rangos y estructura. Se ha destruido la meritocracia y privilegiado la lealtad política. Se les ha corrompido sistemáticamente para chantajearlas, y se les ha convertido en articuladores de mafias del crimen organizado internacional, incluyendo el narcotráfico. Claro que aún existen militares institucionales que defienden la corporación y que serían la base para reconstruir esta devastada institución.

Pero si del ejército se trata no basta con buenas intenciones y coraje. Hay que tener “con qué” y esto es mucho si se enfrentara con ejércitos que han estado en cientos de combates, mientras que el nuestro no ha estado en ninguno.

Maduro confía en el apresto militar comprado en Rusia y Bielorrusia, aunque fuentes bien informadas señalan que muchos de esos equipos están en mal estado por falta de mantenimiento. No es que no puedan lanzar un cohete como recientemente mostraron sino que tengan la capacidad de lanzar varios que sostengan un enfrentamiento en el tiempo. Por otra parte, es vox populi que la situación del pertrecho armado es crítico, incluyendo el “rancho”, es decir la comida, lo que es clave para que esos “millones de efectivos” sean realmente efectivos- y valga la redundancia.

 

Los invasores

La coalición armada a la cual Maduro se enfrentaría, según ellos, estaría formada por al menos el ejército norteamericano, el colombiano y el brasilero. Es decir, el ejército más poderoso del planeta, el de nuestro tradicional vecino. Uno cuyos hombres tienen un “entrenamiento” de cuarenta años de combate y el del vecino carioca que es el ejército mejor dotado de la región.

Por ahora se anunció que salía desde San Diego (California) rumbo al sur, presuntamente hacia el caribe colombiano, el Theodore Roosevelt Carrier Strike Group, y la 11ª Unidad Expedicionaria de la Marina, o MEU, embarcados en el USS Boxer. Además, se anuncian los ejercicios COMPTUEX -orientados a la preparación de un despliegue militar- en el Océano Atlántico, frente al estado de la Florida. Este Grupo de Ataque con Portaaviones (CSG) está compuesto por el portaaviones USS Abrahm Lincoln (CVN-72), un crucero misilístico y cuatro destructores. Cuando se anunció este movimiento de naves desde Norfolk (Virginia) la nota de prensa enfatizó que “los CSG son símbolos visibles y poderosos del compromiso de Estados Unidos hacia sus aliados, socios y amigos”.

En este momento, Maduro y su entorno se estarán preguntando si en realidad se aprestan para invadirlo. Lo cierto es que al menos son parte de una guerra psicológica y muestran infinitas más potencias y capacidades que los mostrados en los recientes ejercicios que hizo Maduro con el malogrado ejército venezolano, el cual recuerda a Saddam Hussein a pocos días de su estruendosa derrota y eso que éste tenía el ejército más poderoso del medio oriente.

El régimen estará también ligando que los sofisticados sistemas de radar que compraron a Bielorrusia y a Rusia funcionen y no solo logren detectar, sino que sirvan para atacar, que no es lo mismo, los aviones norteamericanos. También deben estar pensando si los aviones y helicópteros rusos, que como sabemos han tenido tantos problemas, darán la talla en una confrontación.

Por cierto, ya Maduro debe tener claro que Rusia no se atreverá a participar militarmente en un conflicto en Venezuela que ponga en peligro sus conquistas armadas en su zona de influencia, donde los EE.UU. no han intervenido directamente (Ucrania). Los chinos ni siquiera se plantean actuar en un teatro de guerra y menos en Venezuela. Como tampoco los iraníes que alardearon en enviar una flota por estos lares. Y los cubanos no se van a jugar su isla por los chavistas venezolanos.

 

El impacto

Es cierto que la vida se está haciendo insostenible en Venezuela, como lo demuestra el río de gente que, como un desangramiento sin torniquete, sigue fluyendo hacia el vecindario creando problemas de sostenimiento. Pero la confluyente presión internacional que se ha desarrollado a partir del 23 de enero también ha hecho su trabajo.

Ya veremos cuando el 23 de febrero se dé el ingreso de la ayuda humanitaria por al menos tres puntos: en el caribe (Curazao), en Brasil (Boa Vista) y Colombia (Cúcuta, por ahora)  que pueden aumentar y se forme una especie de pinza que rodee al régimen.

Por ahora, la única salida que tiene en mente el tirano, o quienes lo asesoran, es darle tiempo al tiempo para que quienes los tienen sitiados se cansen y se vayan.  Lamentablemente, para él el tiempo hasta ahora está jugando en su contra. Cada día hay más gobiernos que lo rechazan y reconocen a Juan Guaidó como presidente de Venezuela; además, hay un proceso de organización y movilización masiva de los venezolanos en resistencia liderados por el nuevo presidente y en Venezuela las protestas espontáneas aumentan. En el mes de enero se registraron en el país 1.594 protestas por motivos políticos, según reporta el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) y las manifestaciones que ha convocado el presidente Guaidó han sido las mayores vistas en el país.

 

La confrontación

Por ahora, goteadito, el estamento militar comienza a resquebrajarse.  Parece que en el mundo militar se está aceptando que esto se acabó y que no tienen vida si siguen pegados a un régimen que va en picada. Además, Maduro debe saber que en el momento en que se dé el primer enfrentamiento armado contra quien sea que ingrese en el territorio venezolano, en pos de mover la ayuda humanitaria y se plantee un escalamiento de las hostilidades, la corporación militar se quebrará.

Pocos cumplirán lo que dijo Vladimir Padrino López de “morir por la patria”, es decir por Maduro. Ellos como en el Eclesiastés saben que “hay tiempo para morir, y hay tiempo para vivir”. Y más cuando saben que hay negociaciones del régimen con los EE.UU. y que como dijo clara y contundentemente Elliot Abram, responsable del tema ante Trump, lo único que negociarán es el cuándo y el para dónde se irá Maduro y su combo. Saldrán en desbandada. Por eso, el tiempo es oro o mejor dicho vida, al menos vida libre para ellos.

Perder una guerra es lo peor que le puede pasar al chavismo-madurismo, pues tendrán que aceptar las condiciones que se le impongan en el armisticio. Negociar ahora es su mejor opción de no perder todo y además ir presos sin condiciones. Y si Maduro insiste en una posición numantina, posiblemente sus adláteres lo sacrificarán por un futuro mejor.  Por ahora esperemos al 23 de febrero…

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