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JURATE ROSALES: En Las Tienditas suena la campanada fúnebre para el comunismo mundial

JURATE ROSALES

          Por JURATE ROSALES

Empiezan los tres días cruciales en los cuales la noticia más absurda  es la decisión cubana de “resistir” en Venezuela, decisión que no tiene asidero sensato. Una de las características de Fidel Castro era que sabía exactamente cuando había perdido y debía aceptar el fracaso.  Lo aceptó cuando siendo joven se exilió temporalmente de Cuba para vivir en Nueva York. Lo repitió cuando huyó a México. Volvió a hacerlo al convencerse de que se equivocó fomentando las guerrillas en América Latina.  Evacuó  rápidamente Granada ante la aplastante superioridad militar norteamericana y la certeza de que no habría ayuda rusa. En cambio, ahora vemos a Raúl Castro y a Miguel Díaz Canel estancados, incapaces de tomar decisiones y empeñados a seguir un guión desgastado.

Con la simple presencia del Comando Sur norteamericano en la frontera entre Colombia y Venezuela, queda obvio que cualquier oposición cubana o cubanoide no hará sino acelerar la caída no sólo de Maduro en Venezuela, sino la de Díaz Canel en Cuba y Daniel Ortega en Nicaragua. Los actuales  dirigentes cubanos no parecen comprender que ya no valen las anteriores maniobras de ganar tiempo para volver a levantar cabeza, porque esta vez  el tiempo se acabó.  Si insisten, es difìcil que ganen algo y por el contrario  tienen mucho – o todo – que perder.

Destruir a Venezuela habrá sido el irreparable error de Fidel Castro. El caso de Venezuela es actualmente tan claro y escandaloso, que hasta los becados por mamá cubana con churupos venezolanos, como lo fueron Pablo Iglesias con “Podemos” y Jean Luc Mélanchon  con “Francia Insumisa”, no encuentran ahora cómo zafarse de tan dañina relación.

La tragedia venezolana  -con sus miles de muertos a manos de las autoridades, los que perecieron por la inseguridad y por falta de servicios médicos; su hambruna y la destrucción de su capacidad productiva en todos los campos, incluyendo el que parecía inagotable como lo es el petróleo-,  ha sido la estocada final ya no solamente a Maduro o a Díaz Canel, sino al comunismo mundial. Es clarísimo e innegable el contraste entre la Venezuela famosa por su prosperidad de país más favorecido con todos los bienes que el suelo y subsuelo del planeta puede concentrar en un solo espacio terrenal, y el país que se encuentra ahora sin producción en ningún rubro, con una hambruna mortífera,  enfermedades devastadoras, una inflación de 1.350.000%, una huida de 3,5 millones de sus habitantes y el abandono casi total de su estructura vial, eléctrica y de agua potable. Todo por haberse sometido a un sistema implantado desde Cuba.

Dentro de este panorama hay un segundo aspecto que a partir de ahora promete cambiar muchas cosas. Consiste en que el drama de Venezuela es tan notorio, que pasó a ser una advertencia mundial, porque si la económicamente poderosa Venezuela, dueña de los mayores yacimientos de petróleo del planeta Tierra,  ha podido caer en la más abyecta pobreza por haber creído en un sistema engañoso, cualquier país, por poderoso que sea, podría verse engañado de la misma manera. Esta es una conclusión mundial, al juzgar por el grado de alarma que ha creado el ejemplo venezolano.

No es casual la larga lista de países que reconocieron en Juan Guaidó al presidente interino de Venezuela :   Albania,  Alemania, Andorra, Argentina, Australia, Austria, Bahamas, Bélgica, Brasil, Bulgaria, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Croacia, Dinamarca, Ecuador, España, Estados Unidos, Estonia, Finlandia, Francia, Georgia, Guatemala, Haití, Honduras, Hungría, Irlanda, Islas Marshall, Islandia, Israel, Japón, Kosovo, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Macedonia, Malta, Marruecos, Montenegro, Países Bajos, Panamá, Paraguay, Perú, Polonia, Portugal, Reino Unido, República Checa, República Dominicana, Rumania, Suecia, Ucrania y se le agregarán otros en los próximos días. Esos países tienen gobiernos de los más distintos signos partidistas, lo cual significa que en su decisión privó, más allá del concepto de partido, el de preferir la democracia antes que una dictadura comunista. Un ejemplo de ello es que en Estados Unidos la aprobación para reconocer a Guaidó presidente interino de Venezuela vino tanto del partido republicano como de la vocera formal del partido demócrata, Nancy Pelosi. Hay valores que superan las divisiones partidistas y lo de Venezuela es prueba de ello.

El caso venezolano servirá de advertencia a absolutamente todos los países democráticos del globo terráqueo, para comprender que a la democracia hay que cuidarla diariamente, como una hermosa planta que para dar sus flores necesita ser regada. La insidia, paciencia y crueldad con la que el sistema castro-cubano, heredero directo del ruso-comunismo, destruyó al país más rico de Sur América, son algo que puede ocurrirle a cualquier nación que de buena fe deje penetrar lo que en el fondo es un veneno mortal.

El descuido en el caso de Venezuela ocurrió por muchas vías, empezando por algo tan aparentemente inocuo como la elección de un atolondrado  militar a la presidencia de la república. Hoy sabemos que aquella fue la última elección presidencial limpia que tuvo Venezuela. A partir de entonces  ya están comprobadas las imposiciones que se utilizaron,  puesto que  la empresa que durante años suministró la tecnología electoral, Smartmatic, ha denunciado recientemente haber sido víctima de interferencias ocultas en la cuenta de los votos.   Es de recordar que el representante de la Smartmatic que había establecido el contacto entre el Consejo Nacional Electoral (CNE) y su empresa, murió en Maiquetía en un sospechoso accidente de aviación cuando avisó que se había percatado de algo y que pronto lo anunciaría.

Asombra la forma lenta y alevosa con la que Venezuela fue llevada a una catástrofe económica y sobre todo, humanitaria, hasta dejar a un país que era rico y próspero en una situación de ausencia grave de alimentos, medicinas y servicios, empujando a 3 millones de ciudadanos a buscar refugio contra la hambruna en los países vecinos. En cuanto al gigantesco saqueo de los bienes de la nación, sus cifras ya fueron evaluadas hace un año por el entonces diputado que presidió la Comisión de Contraloría de la Asamblea Nacional y es actualmente presidente interino de la república, Juan Guaidó.  En la revista Zeta del 24 de abril 2018 está su entrevista sobre los “entre 300 y 600 mil millones de dólares robados por el régimen chavista”.

Mientras escribo esta nota, está en marcha la señal de partida para ingresar a Venezuela la ayuda humanitaria que está lista y movilizó a Colombia con el cuantioso envío norteamericano. Está la ayuda que envía Brasil por su frontera y Dios sabe qué demencia militar ordenó cerrarla, por supuesto sin lograrlo. Están los centenares de millones de ayuda que organizan gobiernos del mundo entero, lo que nuevamente transforma esta situación de Venezuela en un caso de rescate con participación mundial.

Y finalmente está algo que marca el fin de una inmensa desgracia, vieja de un siglo: es el fin del comunismo en el planeta, con sus últimos vestigios exponiéndose en Cuba y Nicaragua, cuando su fin, ahora sí, está irremisiblemente anunciado, debido a la ceguera de Castro y Díaz Canel cuando insisten en retener el control sobre Venezuela.

 

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Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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