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ALFREDO MICHELENA: El próximo paso, seguir luchando

ALFREDO MICHELENA

El próximo paso: seguir luchando

     ***Al comparar el 23 de febrero con diciembre pasado apreciamos la asombrosa distancia que hemos adelantado conquistando espacios políticos y voluntades dentro y fuera de Venezuela. Lamentablemente, y aun frente al horror de la represión vivida, todavía hay miedo a una intervención humanitaria internacional combinada, aunque se sabe que no podemos solos. El mundo todavía prefiere proteger la soberanía y no al soberano.

      Por ALFREDO MICHELENA

Quizás muchos esperaban que la ayuda humanitaria entrara “sí, por que sí”; pero “no, no entró”. Sabíamos que sería difícil; pero había esperanzas de superar la barreras que nos pondría el régimen de Maduro.

 La cara fea del régimen

Lamentablemente no fue así. Hubo cerca de 20 muertos si sumamos los de la frontera con Colombia y los del lado brasilero, más cientos de heridos con perdigones y balas disparadas desde y en el lado venezolano. Por el oriente hubo un ensañamiento contra una población mayoritariamente indígena, en especial contra la población de Santa Elena de Uairén, donde se vivieron momentos de pánico con la presencia de la Guardia Nacional, los paramilitares del régimen o colectivos y los presos de las más terribles cárceles del país, todos sembrando el terror. Todos transportados hacia esa población con ese fin.

Quizás algunos creerían que los primeros camiones vencerían la resistencia de las fuerzas de seguridad del Estado. Incluso se habla de que unos seis generales habían asegurado el paso de la carga. Y que desde allí (como en las películas donde siempre ganan los buenos) la caravana se adentraría en el territorio y, de puro corazón, el resto de la Fuerza Armada Nacional se rendiría. Bueno, no fue así. La vida no es como en una de esas películas que se acaban de premiar en la ceremonia de los premios Oscar, en las cuales en menos de dos horas todo se resuelve. Pensemos más bien en una de esas telenovelas que duran años y todo se va complicando con una historia principal y varias subsidiarias que se enredan unas con otras. Es trágico, pero la vida y la Historia son así.

          Alianzas aterradoras

El régimen sabía que podía bloquear fácilmente los pocos puentes que atraviesan la frontera oeste y la única carretera que llega a Boa Vista. Y aunque cerca de unos 200 militares se pusieron a la orden del presidente, el régimen se aseguró de que  las posibilidades de quebrar la unidad militar fueran mínimas. A este fin contó, no solo con la convocatoria de sus hombres más leales, sino con un respaldo de los paramilitares o colectivos y de los cubanos -el senador (R) Marco Rubio y el secretario de Estado Mike Pompeo denunciaron esta presencia. Además de los diversos grupos guerrilleros colombianos que pululan en la frontera oeste, como las FARC, el ELN y el PLN (los Pelusos), más el FBL venezolano, conjuntamente con varias bandas criminales como las Urabeños, los Rastrojos y los carteles de la droga que apoyan al régimen.

Esta participación no es invento de los medios del imperialismo. Y no es solo que lo dijo el Secretario General de la OEA en su informe sobre lo sucedido cuando describía que detrás de las barreras humanas de la Policía Nacional venezolana y la Guardia Nacional había “otra línea de personas de civil pertenecientes a los colectivos (o grupos paramilitares del régimen)”. Por  si hay alguna duda, también lo dejó claro una persona que se considera de izquierda, la ex presidenta de Chile, Michelle Bachelet, quien como Alta Comisionada para los Derechos Humanos expresaba: “El uso de las fuerzas de ataque no gubernamentales o proxys -es decir estos colectivos- tienen una historia larga y siniestra en la región. Y es muy alarmante verlos operar abiertamente de esta manera en Venezuela. El gobierno puede, y debe, evitar que exacerben una situación ya altamente inflamable”. Ya todo el mundo lo vio y lo sabe.

          La reacción internacional

El presidente Guaidó, frente a la masacre, subió el tono y pidió que todas las cartas se pongan sobre la mesa. Es decir, que no se descarte el uso de la fuerza. Y precisó: “Cuando apelan a utilizar fuerzas paramilitares, es el momento de actuar”. Pero el Grupo de Lima, aunque convencido de que ya no es posible una negociación, no se atreve a dar el paso de formar una coalición militar con los EE.UU. a la cabeza.

No creo que una intervención de paz, como la plantea Almagro -caso de los Balcanes en la década de los años 90- o de cualquier otro tipo, encuentre una resistencia militar de proporciones  inusitadas. Más bien el cruce de una brigada de infantería por las fronteras de Colombia y Brasil y un desembarco en las costas venezolanas provocaría el quiebre total de la Fuerza Armada venezolana. Si con piedras casi 200 efectivos militares pasaron la frontera hacia Colombia en un solo día y se pusieron a la orden del presidente Guaidó, en este escenario se puede prever una avalancha de militares que se unirían a las fuerzas de paz. Otra cosa son los grupos paramilitares y las guerrillas, así como las famosas milicias formadas dentro de la población y el miedo a una guerra de cuarta generación. Pero esto no es Vietnam. Al menos estos milicianos deben actuar como lo hará más del 90 % de los ciudadanos y se alegrarán de salir de Maduro, como lo muestran las encuestas. Pero, de nuevo, esto no es coser y cantar.

          El miedo a actuar

Claro que hay miedo a poner los muertos. Pero también es el atavismo de que la paz en sí misma es mejor que la guerra, aunque se someta a un pueblo a una vida miserable -la paz de los sepulcros. O el otro atavismo del cacareado tema de la no intervención, con lo que se defiende la soberanía pero no al soberano, que es el pueblo. Además, se olvida el compromiso internacional de la responsabilidad de proteger a este soberano contra un régimen violador de derechos humanos. Se muestran estudios y análisis jurídicos para justificar o no la intervención, cuando todos sabemos que hay argumentos válidos de lado y lado, y que lo importante es la decisión política. Una decisión que no se atreven a tomar.  Recuerdan a nuestros generales del 11 de abril, cuya indecisión (basada por cierto en criterios muy legales, legítimos e incluso éticos) permitió el retorno de Chávez.

Hemos luchado mucho: veinte años pateando calles, tirando piedras, tragando humo “del bueno” y llenado el pavimento de sangre.  Ojalá que esto baste para quebrar la estructura de poder del pranato que nos domina.

La comunidad internacional debe entender, como dijo el vicepresidente de Brasil, que “Venezuela no logrará librarse sola del régimen chavista. Es momento de la solidaridad Latinoamericana”, por lo que hay que presionar a nuestros aliados para que a su vez presionen más al régimen y entiendan que frente a un régimen como este todas las opciones deben estar sobre la mesa.

          Un paso al frente

La ayuda no llegó a donde debía; pero no hay que decaer. Vamos avanzando. Recordemos cómo estábamos en diciembre pasado: decaídos y desorganizados, peleando unos contra otros. Es un proceso que, con sus reveses  y aciertos, va tomado momentum y  nos ha traído a esta inédita situación en nuestra historia. Hay que prepararse para una lucha larga, como ellos lo han hecho, aunque esto se resuelva en meses. Por ahora, el próximo paso es seguir luchando.

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