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CARLOS CANACHE MATA: EL REGRESO

Carlos Canache Mata

EL REGRESO

 ***Tras su gira por varios países latinoamericanos, el presidente Juan Guaidó regresó a Venezuela asumiendo el riesgo de ser detenido por el régimen al pisar suelo patrio.

 Por CARLOS CANACHE MATA

Escribo estas líneas el lunes 4 de marzo, después de haber regresado a su patria Juan Guaidó, presidente legítimo de Venezuela. Durante una semana estuvo ausente, realizando en el exterior, con eficacia y valentía, actividades derivadas del ejercicio del cargo que ocupa. De viva voz comunicó a varios jefes de Estado latinoamericanos la magnitud de la tragedia que hay en Venezuela, ya difundida por las agencias noticiosas internacionales, como consecuencia del fracaso de una dictadura que, adicionalmente, en desmedro de la soberanía nacional, es tutelada por el régimen cubano.

Acertadamente, Guaidó ha denunciado que “nuestro dilema hoy en Venezuela es entre dictadura o democracia; entre pobreza y miseria o prosperidad y progreso”. En el discurso que pronunció al encontrarse de nuevo con su pueblo, se refirió al bloqueo gubernamental de la ayuda humanitaria que el país debía recibir el pasado 23 de febrero y a la “masacre” de nuestros indígenas en la frontera con Brasil. Ya nadie duda que la de Maduro es una de las peores dictaduras que ha padecido el continente en la historia contemporánea. Y en lo que respecta a la situación económica, hay que destacar, en el marco de una hiperinflación y una escasez devastadoras, que, según la última Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi), la pobreza por ingreso, que fue del 87 % de la población en el año 2017, subió al 94 % de la población en el año 2018. Tiene sobrada razón el presidente Guaidó cuando afirma que el dilema que vivimos es continuar con la tiranía o volver a la libertad, y seguir con hambre y sin recursos ante las enfermedades o restablecer el derecho a la seguridad alimentaria y a la salud.

El presidente Guaidó también envió un mensaje a las Fuerzas Armadas, recordándoles sus obligaciones constitucionales y, ante la comprobada existencia de grupos paramilitares, les ordenó “detener a los colectivos armados que actuaron el 23 de febrero; ser cómplice por omisión es también un delito de lesa humanidad”. Los que actualmente están al frente del poder se sostienen por las espadas, desenvainadas para derramar sangre en los mítines y las manifestaciones de la protesta popular. La reinstitucionalización de las Fuerzas Armadas es una tarea pendiente.

La dictadura presentó como una “victoria” haber impedido el 23 de febrero el ingreso de la ayuda humanitaria enviada desde el exterior por países amigos y organismos multilaterales, y hasta llegó a incendiar dos de los camiones que trataron de transportarla en uno de los puentes que comunican a Colombia con Venezuela.

A mi memoria vino el recuerdo de la “victoria” que Pirro II, rey de Epiro (región de la antigua Grecia), obtuvo contra los romanos en la batalla de Ascol; pero con tan alto costo que, cuando sus generales lo felicitaban, les dijo: “Con otra victoria como ésta estoy perdido” (origen de la frase victoria pírrica). El repudio nacional e internacional contra la conducta de la dictadura en relación con la ayuda humanitaria que se bloqueó el 23 de febrero le significó un alto costo político, por lo que se puede decir que, además de inhumana, fue una victoria pírrica. El fantasma de la debilidad que se pasea por los corredores de Miraflores y la presencia de importantes representantes del cuerpo diplomático en el Aeropuerto de Maiquetía influyeron para que no se intentara la detención de Guaidó a su regreso al país.

Pero hay que estar alerta.

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