fbpx
ColumnistasInternacionalesNacionales
Destacados

JURATE ROSALES: A ver si un uniformado lo entiende

JURATE ROSALES

A ver si un uniformado lo entiende

 Por JURATE ROSALES

Un asombroso quid pro quod ha paralizado desde hace años bajo el mandato de Chávez y ahora con Maduro el segmento de la Fuerza Armada Venezolana que se cree “nacional”; pero de hecho vive y actúa, pienso yo, bajo un gigantesco engaño que, a su vez, es de raíz internacional. Me refiero al segmento de los uniformados que se comen el cuento iniciado por el difunto Fidel Castro de la “disque preservación” de la Fuerza Armada, evitándole las labores de represión en las calles, como si fuera una señal de respeto, cuando en realidad es de suspensión de pena que puede ser de cárcel, sin que los involucrados se dieran cuenta.

Efectivamente, incluso en las últimas horas de ese régimen que ya no tiene posibilidad de sobrevivir, Nicolás Maduro sigue obedeciendo las premisas de que la Fuerza Armada formal no debe participar en las labores de represión sangrienta, por lo menos abiertamente. Estos trabajos son reservados para la Guardia Nacional, las policías.

Estaba prevista la Milicia (que no respondió, felicitaciones para ella) y hasta ahora, era una importante tarea de los colectivos de civiles armados. Quizás, si se confirma, se les podrían agregar algunos inquilinos de las cárceles, como los que fueron traídos al Puente Las Tienditas, en Táchira, para impedir la entrada de la ayuda humanitaria estacionada en Colombia.  Según parece ellos fueron armados y trasladados de la prisión tachirense de Santa Ana por la ministra de Asuntos Penitenciarios, Iris Varela. Si hemos de dar crédito a una denuncia que hizo ante las Naciones Unidas el Coordinador del Observatorio Venezolano de Prisiones, Humberto Prado.

Cuando uno sigue la evolución en los sistemas comunistas y observa la siempre seguida norma de separar el estamento militar de los efectivos de represión, es cuando sale a la luz un enorme engaño: fue Stalin el primero en comprender que la mayor amenaza a su poder omnímodo era su propia Fuerza Armada y fue el primero en considerarla su más importante enemigo, que debía ser desarmado a todo trance.

Stalin fue el maestro de lo que todos los regímenes comunistas, después de él, implementaron sin excepción alguna: separó tajantemente la policía política, transformándola en un poder dentro del poder (por cierto, Putin siempre fue hombre formado y presente en ese poder y no en el estamento militar). A los militares, Stalin (y desde entonces todos los sistemas comunistas) los han sometido a la estricta supervisión de los comisarios políticos, dotados de un poder de vida o muerte por encima del generalato mismo. En la gran purga militar de 1937 ordenada por Stalin, fueron ejecutados o condenados 3 de 5 mariscales, 13 de los 15 comandantes de ejércitos, 8 de los 9 almirantes, 50 de los 57 generales de los cuerpos de ejército y 154 de los 186 generales de división.  El más famoso de ese grupo fue el mariscal Mijail Tujachevsky. Todos ellos eran los militares vencedores en la revolución que permitió a Stalin convertirse en dueño de la URSS –repito– gracias a ellos.

En Cuba, la primera purga del ejército cubano fueron las ejecuciones dirigidas por el Ché Guevara en la prisión de La Cabaña, lo que descabezó el poder militar de la isla. Cuando ese poder volvió a reforzarse a través de los años, Fidel Castro procedió nuevamente a descabezarlo con el fusilamiento del general Arnaldo Ochoa, el coronel Antonio de la Guardia, el mayor Amado Padrón y el capitán Jorge Martínez, todos ejecutados el mismo día.

En Venezuela, además de los más de cien militares que se encuentran presos actualmente en la prisión militar de Ramo Verde, separado y enterrado vivo en “La Tumba” de la Plaza Venezuela se encuentra el preso militar de más alto rango y el más famoso, como lo es el general Raúl Isaías Baduel.

Nótese que, en todos los casos, sin excepción, el “condenado” es un héroe que salvó la situación en el momento crítico. Tujachevski era el salvador de la revolución soviética cuando ésta se estaba perdiendo.  Ochoa era el héroe de la guerra de Angola que dio de comer a Cuba durante el llamado “período especial”. Baduel repuso a Chávez cuando éste ya estaba tumbado. Como se ve, son “errores” que se pagan enjuiciando al militar que fue demasiado leal.

Por cierto, en Venezuela, otro de los casos a tomar en cuenta es el del general Miguel Rodríguez Torres, quien después de haberle disuelto a Maduro las revueltas populares de 2014 es hoy un preso político en la prisión de La Pica. Fue tres veces director de la policía política (Disip, posteriormente Sebin), enteramente reorganizada por él y ha sido ministro de Relaciones Interiores. Ser demasiado exitoso en la represión le costó su libertad.

Periódicamente, es una norma del comunismo efectuar cada cierto tiempo “podas” del poder militar, enjuiciando a un cierto número de oficiales militares para quitarles a todos los demás cualquier esperanza de imponer la fuerza de fuego de la que disponen (si no se la han quitado, que esa es otra vertiente del mismo problema). Todos los sistemas comunistas han utilizado como norma la vigilancia y castigo político contra el más alto nivel militar en sus respectivos países.

Viendo mi bola de cristal, temo que el próximo en la lista sea Fredy Bernal por haber “defendido” exitosamente los puentes que intentaban introducir en Venezuela la urgente y vitalmente necesaria ayuda humanitaria. Veremos cómo le va. También veo colgado de un hilo al general Vladimir Padrino López, posiblemente por demasiado exitoso en la defensa de Nicolás Maduro. Temo que ni la coincidencia de que ambos tengan un nombre de muy famosos zares rusos (Nicolás y Vladimir), ayudaría a mantenerlos en sus respectivos puestos de mando.  Amanecerá y veremos.

Tags
Mostrar más

Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

Artículos relacionados

Close
Close