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ALFREDO MICHELENA: La opción militar

ALFREDO MICHELENA

La opción militar

 El presidente Guaidó y el presidente norteamericano insisten en que la opción militar está sobre la mesa. Al primero se le critica por no haberla solicitado con la rapidez que requiere la crisis y al segundo porque tomar esa opción sería un desastre para los EE.UU.

Por ALFREDO MICHELENA

 

Desde que Trump dejó claro que todas las opciones para sacar a Maduro del poder estaban sobre la mesa, incluyendo la militar, la posibilidad de una operación militar liderada por EE.UU. ha sido comidilla en toda reunión formal o informal.

 

          La invasión yanqui

Analistas norteamericanos señalan que una actividad militar en Venezuela sería costosa, no solo por lo que involucra en términos financieros, sino que sea la opción que se escoja, es decir una campaña de bombardeo de precisión o una invasión a gran escala, las tropas americanas deberían quedarse por varios años. El argumento no es el ejército regular venezolano, pues en todos los escenarios éste (en su gran mayoría) volvería a apoyar al gobierno de Guaidó, sino los grupos irregulares. Según la otra opción que presenta el exembajador norteamericano Roger Noriega el apoyo de EE. UU debería ser al ejército venezolano bajo el comando de Guaidó, quien puede constitucionalmente pedir una misión militar de EE.UU. para “…mantener la paz”. Entonces “Sin ser arrastrados a una campaña prolongada, las fuerzas estadounidenses podrían desplegarse en áreas liberadas por venezolanos”.  Otros ligan esta intervención para movilizar la ayuda humanitaria.

¿Militares o colectivos?

Se dice que Maduro se sostiene sobre las bayonetas de los militares y eso es cierto. Pero también es cierto que al interior de esa corporación las cosas no deben estar tan bien, tanto que Maduro no se ha atrevido a cambiar de Ministro de la Defensa desde 2014, mostrando que su confianza está atada a un solo hombre. Recordemos que, en el pasado, cada año había ministro nuevo.

El problema son los grupos irregulares, es decir, los colectivos, las guerrillas del vecino país (FARC, ELN, EPL), las bandas criminales armadas, los narcotraficantes y las milicias. No me refiero a ese supuesto millón de combatientes de que habla Maduro. Me refiero a esos miles de cuadros formados en Cuba para este fin.

En todo caso, Maduro y sus asesores cubanos cada día ven la película más clara y se concentran en solicitar a los colectivos que salgan a defenderlo. Hace poco Maduro les dijo: “Llamo a los colectivos. Ha llegado la hora de la resistencia, la resistencia activa en la comunidad”. Y esas bandas de motorizados armados están saliendo a atemorizar a los vecinos que manifiestan contra el régimen. Estos grupos, que han sido armados por el régimen, también actuaron para frenar el ingreso de la ayuda humanitaria a Venezuela desde Colombia y Brasil.

¿Son tan bravos como los pintan?

En mi opinión, los analistas sobreestiman las capacidades de estas organizaciones, pues varios de estos colectivos están ubicados en la urbanización popular llamada “23 de enero”, en Caracas, y la oposición ganó allí las elecciones parlamentarias con considerable ventaja. Según toda la información disponible, el poder de los colectivos no deviene de su penetración entre la gente ni de sus capacidades militares o de armamento que poseen vis-a-vis un ejército regular, sino del poder de intimidación hacia una población desarmada.

Los milicianos entrenados en Cuba y las guerrillas son otra cosa, pero tanto EE.UU. como Colombia (y ellos dos en conjunción) tienen amplia experiencia en lidiar con estos asuntos. Más si como se espera una parte substancial del ejército venezolano pasado al comando del gobierno legítimo se dedica a esto.

También están las fuerzas de ataque rápido como las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES) de la Policía Nacional Bolivariana, el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) y la Dirección General de Contrainteligencia Militar y otros aparatos paramilitares que, aunque más peligrosos en número de efectivos, no son significativos.

          ¿Se involucrarán los latinoamericanos?

Una y otra vez se repite que ningún país de Latinoamérica participaría en una interversión liderada por EE.UU., pero esto puede ser más una posición diplomática que real. Ya pasó en República Dominicana (1965) cuando el presidente Lyndon Johnson, que no quería otra Cuba en el continente (y en contra de las opiniones de sus asesores) invadió y luego solicitó apoyo de la región en la OEA. Un año después, los norteamericanos salían de la isla y el proceso democrático comenzaba, tras cinco años de turbulencia luego de la salida de los hermanos Trujillo. En todo caso, esto lo dejó muy claro el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, cuando junto a Trump dijo que por razones de estrategia el tema de la intervención no se discute públicamente.

Nuestro caso es diferente al de República Dominicana. Por una parte la región está sintiendo el efecto de la dictadura de Maduro, en concreto con la estampida de casi tres millones de venezolanos que huyen del desastre de una Estado fallido.  Por la otra, este Estado fallido trae más problemas que lidiar con tal volumen de migrantes, pues está permitiendo que en su territorio pululen bandas criminales, narcotráfico, guerrillas colombianas (FARC y ELN), Hezbolá y otras organizaciones terroristas. Y esto es un problema para EE.UU. pero también para los vecinos.

En particular, Colombia está preocupada por el reflorecimiento de la guerrilla de las FARC en la frontera venezolana, y claro la presencia del ELN.  Pero también los EE.UU. Para el jefe del Comando Sur (EE.UU.)  los rebeldes están aprovechando la crisis de Venezuela para ampliar su penetración en Venezuela y el alcance de sus actividades ilegales de larga data, incluido el narcotráfico. Por lo que están trabajando con los colombianos más duro en la frontera.

Una situación como la que sucedió en 2010 cuando el presidente Uribe mostró pruebas de la presencia de campamento guerrilleros en Venezuela, no podrá ahora ser fácilmente difuminada. Sabemos que la presencia de esta guerrilla en el país no solo evita que el ejército colombiano termine de derrotar a la guerrilla, sino que ella está siendo parte del tráfico no solo de drogas sino de oro y otros minerales, negocio sancionado por los EE.UU.  Además, Trump está pensando equiparar los carteles de las drogas con organizaciones terroristas.

La ayuda humanitaria

Por primera vez, un general brasilero es el segundo de abordo en el Comando Sur con lo cual cualquier información, pero más importante cualquier acción militar sobre Venezuela, involucrará al gigante amazónico. Es más, el general carioca será el responsable de la “interoperabilidad” entre diversas Fuerzas Armadas en relación con la “ayuda humanitaria”. Y si, como insiste el canciller Pompeo, la ayuda humanitaria va a entrar, el Comando Sur, Colombia y sin duda Brasil serán parte de este proceso. Sería una misión solicitada por el nuevo gobierno, basada en la norma de seguridad internacional y de derechos humanos, denominada “Responsabilidad de Proteger”, proteger a la población venezolana del Estado usurpador que les viola los derechos humanos y en especial el acceso a la alimentación y a la salud.

Y como siempre, una invasión o intervención no se anuncia. Quienes creen que el Congreso de los EE.UU. puede pararla solo deben recordar que la guerra de Vietnam nunca la autorizó totalmente el Congreso norteamericano. Y menos las invasiones de Panamá (1989) e Irak (1990) por George H. W. Bush, ni las ordenadas por Bill Clinton en Haití y Bosnia.

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