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RAFAEL SIMÓN JIMÉNEZ: La nueva Venezuela

La nueva Venezuela

***La movilización ciudadana de todo un pueblo, que ha tomado conciencia de que debe activarse para exigir sus derechos, logrará enrumbar la nación hacia un país libre, próspero y justo.

 Por RAFAEL SIMÓN JIMÉNEZ   

A lo largo de casi veinte años de desastre chavista, el pueblo venezolano ha dado reiteradas demostraciones de su indoblegable beligerancia democrática y de su irrevocable decisión de no dejarse imponer una dictadura represiva y ruinosa, constituyéndose en un muro infranqueable para los despropósitos del régimen.

En esta nueva jornada de activismo y movilización, bajo el protagonismo de los ciudadanos y con una cada vez más protuberante solidaridad de la comunidad democrática internacional, ha jugado un papel  principalísimo la Asamblea Nacional y su presidente el diputado Juan Guaidó. Estos han ejercitando su incuestionable legitimidad democrática. Se han colocado al frente de las exigencias colectivas resumidas en el cese de la usurpación del poder ejecutivo, la designación de un gobierno de unidad nacional de transición que conduzca al país en el menor plazo posible a unas elecciones libres y limpias donde el conjunto de los venezolanos, soberana y libérrimamente decidan el destino de la Nación.

Guaidó, cumpliendo funciones de mandatario provisional, se ha constituido en el líder de un gran esfuerzo colectivo por la reconquista de la libertad y la democracia en Venezuela. Sus actuaciones transparentes y atinadas han tenido la fuerza inspiradora y motivadora para entusiasmar y esperanzar a millones de compatriotas, que hastiados de la tragedia que nos abarca a todos han seguido sus mensajes y directrices para desafiar a un régimen, que carente de todo apoyo popular ha exacerbado su capacidad represiva y criminal.

Ahora bien, la perseverancia en el combate libertario tiene que ser vista como una tarea colectiva en la cual cada día se incorporen mayores sectores; se ensanchen las organizaciones y fuerzas civiles; se aísle y cerque al gobierno, obligándolo a ceder ante la presión nacional e internacional. Por supuesto que, en la dirección y orientación de esa lucha, Guaidó y la Asamblea Nacional juegan un papel de primer orden; pero sería un grave error pretender descargar sobre ellos toda la responsabilidad, en un proceso cuyo éxito solo puede ser el resultado de una tarea asumida por el conjunto de los venezolanos.

Lamentablemente, en nuestro imaginario histórico colectivo, siempre se suele privilegiar la esperanza del hombre milagroso, providencial, predestinado a salvar al País, sin darnos cuenta de que buena parte de nuestros males descansan sobre esa concepción absurda que siempre deriva hacia el personalismo, el caudillismo y el militarismo que tantas desgracias nos han traído. No nos damos cuenta de que solo la acción colectiva, la conciencia cívica, la movilización ciudadana, la decisión y la conciencia de todo un pueblo pueden partear la nueva Venezuela democrática: Libre, próspera y justa.

Juan Guaidó, en su condición de presidente de la Asamblea Nacional, y mandatario encargado de Venezuela, tiene sin duda un papel fundamentalísimo en la conducción y liderazgo de esta etapa del proceso que todos debemos respaldar; pero pretender que su sola figura puede generar los cambios que impostergablemente requiere Venezuela, es sobreestimar su papel y sobre todo no entender que la salvación de Venezuela recae sobre los hombros de todos los ciudadanos.

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