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JURATE ROSALES: Un caso de ceguera incurable

Un caso de ceguera incurable

 ***Se aclara la razón por la que la pesadilla que vive Venezuela ha podido extenderse a dos décadas.

Por JURATE ROSALES

Reviso, ordeno, clasifico los números de la revista “Zeta” guardados durante años en mi archivo personal y encuentro que el día de la primera toma de posesión de la Presidencia de la República por Hugo Chávez, en el número de la revista fechado del 4 de febrero 1999, Rafael Poleo escribió en su sección “Péndulo” una profecía que hoy es un hecho cumplido. Cito el primer párrafo de ese “Péndulo” de Poleo, en el cual el único error es que hablaba de meses, cuando había que calcular dos décadas.

Lo escribió Rafael Poleo en febrero de 1999: «Los próximos meses serán de una terrible tensión para los venezolanos. Sin sentido del límite legal, Hugo Chávez usará todos los recursos del Estado para reunir tanto poder como pueda abarcar y retenerlo por tanto tiempo como le sea posible. Una sociedad golpeada y acobardada se verá sometida a tremendas presiones en sus puntos más sensibles. Un presidente de personalidad mesiánica, que no ve claro el mecanismo económico y financiero, no cree en la democracia como se la entiende en Occidente ni concede valor especial a las libertades individuales, tratará de aplastar cualquier forma de oposición política, parlamentaria, sindical, gremial, intelectual, humorística, de cualquier naturaleza o tipo».

Continúa inmediatamente después: «Para un modesto estudioso de la Historia del siglo que termina, son escalofriantes las analogías con lo ocurrido en Alemania entre febrero de 1933 y agosto de 1934. Con las correcciones que deban hacerse en cada caso, allí está el patrón de todo proceso hacia la dictadura constitucional. Hitler llegó a la jefatura del gobierno en enero del 33. Su primera medida fue disolver el Congreso. Luego, so pretexto de que los judíos habían incendiado el edificio parlamentario, emitió un decreto-ley eliminando el obstáculo constitucional y asumiendo poderes especiales con los cuales montó una guerra que sólo terminó cuando estuvieron reducidas a escombros las venerables ciudades alemanas».

Continúa en el siguiente párrafo: «La primera tarea de Hitler fue hacerse una Constitución a la medida. La máscara legal es imprescindible».

¿Les suena conocido? Desde febrero de 1999 veo que todo era previsible y conocido. La única diferencia que observo es que Alemania fue destruida por bombardeos y guerra en un lapso de una década, mientras que Venezuela ha pasado 20 años de sufrimientos para llegar a ese mismo resultado de destrucción total, sin siquiera una guerra.

Termina el profético artículo de Poleo con la siguiente frase: «Chávez pasará. Pero mientras pasa, Venezuela seguirá africanizándose. No otra cosa merece un pueblo que entrega la función de Estado al primer megalómano sin instrucción que pasa por la calle».

Siguiendo los pasos de la tragedia venezolana, observo que una de las primeras medidas de permanencia en el poder, en clara instigación de Fidel Castro, consistió en inducir la corrupción en los altos grados de la Fuerza Armada Venezolana, de la que Chávez intentó apropiarse cuando le cambió el nombre a “Bolivariana”.

Veo que Rafael Poleo volvió a preguntar tres años después, en la revista “Zeta” del 28 de febrero del 2002: «Por ahora, el Alto Mando Militar es deudor de todos los venezolanos por el retraso en la investigación de los hechos revelados en el Plan Bolívar 2000. Si la intención es propiciar y proteger la corrupción, mejor será que terminen de participárnoslo. Así conoceremos la nueva función asignada a las armas de la república, dejaremos de ejercer libertades que no existen y nos portaremos con la humildad que cabe a gente desarmada frente a quien porta chopo. Y si la misión de las Fuerzas Armadas es proteger un proyecto político que expresamente nos promete llevarnos hasta el Mar de la Felicidad, supongo que los interesados tenemos algún derecho a saberlo, para hacer las maletas y dejarlos a ellos aquí, arrinconados con y por su conciencia».

En esa misma entrega de “Zeta” noto lo siguiente dicho por Poleo en febrero del 2002: «Ni siquiera me refiero, que ya sería bastante, pero pudiera parecer abstracto, a la evidencia de que la política militar del actual Presidente fractura la estructura moral y operacional de las Fuerzas Armadas. Visto el proyecto que Chávez no oculta, hay derecho a relacionar esta política con una intención de disolver las FAN en un manso río…».  Por cierto, cuando Poleo lo escribía, consideraba que el gobierno de Chávez ya estaba caído «por obra de su anacronismo».

Allí es donde se equivocó, a mi juicio por dos razones cuya gravedad en aquel año 2002 no eran previsibles. La primera y principal, absolutamente válida y sigue siéndolo, se debió a que los venezolanos son demócratas convencidos y creen en que su suerte debe dilucidarse con elecciones; pero no contaron con la entonces incipiente electrónica, que computación mediante, les falsificó los resultados electorales año tras año. La otra razón es que el sistema de control interno, propio del comunismo, importado, instalado y afincado desde Cuba a Venezuela (el general Antonio Rivero contó 80.000 efectivos cubanos en Venezuela en un momento dado), es de muy difícil extirpación. Con eso y con los miembros de los “colectivos” diseminados por todo el país, es natural que la Fuerza Amada dude en deshacerse de lo que Poleo ya llamó en aquel momento “la mansuetud” de los uniformados.

La extrema crueldad evidenciada el pasado jueves en el video que mostró el secretario general de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, filmado en los calabozos por el muy valiente teniente Ronald Dugarte con las torturas a las que están siendo sometidos militares presos por no comulgar con las aberraciones del sistema dirigido en Venezuela por efectivos cubanos (según repetidamente declaró), explica la longevidad de la dictadura chavo-madurista, que tan difícil luce ahora de extirpar. Igual como era previsible la destrucción de la democracia en Venezuela desde el año 1999, también debía haberse previsto la implantación de torturas vía Cuba, porque hubo quien me recordó que nada de esa crueldad es cosa nueva. Viene de lejos. Es de cuando todavía existía la Alemania Oriental comunista con la que Cuba firmó un revelador convenio. Cito: «Lo de la tortura en la Tumba, que no deja marcas de violencia, es la técnica de la Stasi. Cuba firmó un convenio de Cooperación Cuba/Alemania del Este relativo a técnicas de represión». O sea que no solamente el sistema comunista se sostiene como norma con torturas y por eso existe desde hace un siglo sin que se logre acabar con ese drama, sino que Venezuela hoy en día aplica sus más modernos métodos, mejorados en Alemania del Este en sus años de comunismo, estudiados por el G2 cubano y aplicados por el “socialismo del siglo XXI”.

Tampoco, por lo tanto, es de asombrarse de que lo aberrante resultase longevo. Es la secuencia lógica de la implantación de un sistema que históricamente sólo puede sostenerse por la vía de la opresión y la tortura. ¿Qué más esperaban desde el día en que Chávez habló de la ruta hacia “el mar de la felicidad”? ¿De veras pensaban que eso podría sostenerse sin matar, torturar y dejar morir de hambre a toda la nación? ¿Y no era que ya tenían ante la vista los ejemplos del comunismo durante décadas de horrores en la URSS, Europa del Este, China y Cuba? ¿Pensaban de veras que en Venezuela no iba a pasar lo mismo?

Vuelvo a citar las proféticas palabras de Rafael Poleo, al que todos debemos dar el crédito de haberlo dicho a tiempo y me remito a una discusión que tuve con la conseja del editor y que quedó plasmada en su “Péndulo” del 15 de agosto 2002. Cito: «Pero he aquí que los militares parecen no hacer caso. Punto en el cual debo honrar lo ordenado por la Directora de este medio, que no me pidió que regañara a sus lectores quienes, como los lectores de Chávez, son en su mayoría de clase media. Madame Jurate lo que me pidió fue un análisis de por qué los militares no han bajado al loco del guayabo». Sigue en la revista la respuesta de Poleo, clara y detallada, la cual, desgraciadamente, deja constancia de la cobardía, el egoísmo y la ceguera del Alto Mando militar, ese mismo que parece repetirse desde hace estos tres lustros, sin que las torturas de sus propios miembros de la FAN parecieran inmutar al generalato de hoy, como tampoco inmutó a los del 2002. ¿Será un caso de ceguera incurable?

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Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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