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ALFREDO MICHELENA: Adiós UNASUR

ALFREDO MICHELENA

Adiós a UNASUR

 ***Poco a poco va muriendo la Unión de Naciones Suramericanas, conocida como UNASUR, debido a que se volvió un organismo inoperativo, incapaz de lograr consenso en temas clave.

 Por ALFREDO MICHELENA

La articulación de la estrategia de los Castro de expandir su influencia por América Latina (y más allá) encontró en Hugo Chávez su mayor mecenas. Claro, mecenas con los petrodólares que produjo la industria petrolera venezolana, montada en la ola de la subida de precios.  Este ha sido y es al aporte nativo. Eso del bolivarianismo es una ficción de la cual rescataron solo lo de la “Patria Grande”.

Es innegable que fue Simón Bolívar un visionario en cuanto a la necesidad de la unidad continental, tanto que convocó el Congreso Anfictiónico de Panamá (1826). Por cierto, entre los invitados estaban los EE.UU., Inglaterra y Holanda. Allí se avanzaría en acuerdos para crear un bloque comercial, la coordinación militar para defender la soberanía e incluso un plan para liberar a Cuba; pero lo que se acordó fue un “Tratado de Unión, Liga y Confederación”, que en últimas es el origen del a OEA.

La idea de una unión suramericana ya había sido esbozada por el gobierno de Cardoso en Brasil y la primera Cumbre Suramericana se realiza en 2000. Lo que da paso a la primera reunión de la Comunidad Sudamericana de Naciones, en Brasil (2005). Esto deviene en la Unión de Naciones del Sur (UNASUR), cuyo tratado constitutivo se firma en 2008.

UNASUR fue parte de toda una política dirigida a debilitar la OEA junto a la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), conocida por ser una OEA sin EE.UU. y Canadá, y las acciones para debilitar el sistema de protección de derechos humanos en la organización continental.

Detrás de todo esto está el castrochavismo, montado sobre la marea rosada que inundó la región de gobiernos populistas izquierdistas.  Chávez, Lula (y Dilma Rouseff), los Kirchner, Evo, Correa y Lugo, se movían como rutilantes estrellas en el firmamento sureño. No en vano UNASUR fue tildada como el “club de presidentes”. Incluso, al morir Néstor Kirchner, le montaron una estatua en la nueva sede de UNASUR, en Quito.

La organización aseguró la permanencia de varios presidentes que enfrentaron problemas políticos, como el caso de Evo Morales en 2008, el de Correa en 2010, el de Lugo en 2012 y el de Maduro en 2013.  Recuerden al secretario general de esa organización Ernesto Samper, abierto operador del castrochavismo, y como en dupla con Rodríguez Zapatero apoyaron al régimen de Maduro bajo el ropaje de las negociaciones. Embarcaron hasta al Vaticano. Pero la resaca de la marea rosada se llevó a casi todos estos presidentes. Apenas quedan Evo Morales y Tabaré Vásquez.

La crisis comenzó desde la muerte de Kirchner en su papel de Secretario General. Su sucesor no pudo se escogido sin llegar a un acuerdo entre Colombia y la Venezuela chavista, de manera que la candidata colombiana asumiera primero y luego el venezolano Rodríguez Araque. Luego viene Samper (2014), quien es reelegido; pues no era posible acordar un nuevo secretario por consenso. Al final, Samper debió renunciar, aunque esperó hasta que pasaran los conflictos y acompañó las fracasadas negociaciones en República Dominicana. A partir de ese momento no fue posible elegir a su sucesor.

Para abril de 2018, la mitad de sus miembros (Brasil, Argentina, Colombia, Chile, Perú y Paraguay) anuncian que se retiran hasta que no se elija el nuevo Secretario General. Pero en realidad el organismo se había vuelto inoperativo, pues no era posible conseguir un consenso en muchas áreas. Por ejemplo, Venezuela vetaba al candidato de la mayoría para Secretario General. Pero es que además la orientación política de la mayoría había cambiado y la burocracia no. Para agosto, Colombia anunciaba que dejaba el bloque “por ser una caja de resonancia de Venezuela”.

En todo caso, los seis países que se habían retirado junto a Guyana deciden crear el “Foro para el progreso de América del Sur” (Prosur) y firmaron su declaración el 22 de marzo pasado.

Ya el 14 de enero, el presidente colombiano Iván Duque dejaba claro que Prosur será “un mecanismo de coordinación suramericana de políticas públicas, en defensa de la democracia, la independencia de poderes, la economía de mercados, la agenda social, con sostenibilidad y con debida aplicación”. Y estará abierto a todos los países en que exista  “vigencia plena del Estado de Derecho y respeto pleno a las libertades y a los derechos humanos”, según declaró su cofundador el presidente chileno, Sebastián Piñera.

Bolivia, Surinam y Uruguay asistieron, pero no se acogieron al Foro. Venezuela no fue invitada. El argumento de Piñera es que se no quería “venezualizar” (sic) Prosur. Incluso llegó a decir que Guaidó, quien saludó esta creación fue invitado, pero como persona. Esta extraña decisión solo se entiende si lo que se quería es que asistieran justamente los gobiernos que no firmaron, lo cual no significó logro alguno. Por otro lado, al menos en Bolivia no parece cumplirse eso de que “el requisito mínimo para que un país integre Prosur es que en su territorio exista democracia”, como dijo Piñera.

Al final, lo importante es enterrar el parapeto castrochavista de UNASUR, orientado a dar sostenimiento a los gobiernos populistas de izquierda. Por ahora habrá que asegurar que los lineamientos de Duque, aún un poco etéreos, se concreten en mecanismos que permitan facilitar en cada país la defensa de los derechos humanos, la democracia y el libre mercado.

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