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RAFAEL POLEO: Una nueva estrategia para sacar a Maduro

Una nueva estrategia

para sacar a Maduro

Por RAFAEL POLEO

Las democracias occidentales empeñadas en forzar un cambio político para Venezuela están en un callejón sin salida. Su única opción es retroceder y reiniciar la marcha por otro camino. Pero tampoco tienen que volver al punto de partida. El régimen pro-ruso de Nicolás Maduro está extremadamente debilitado por las medidas económicas. Sólo que su agonía puede prolongarse más allá de lo soportable para una población cuya penuria en materia de alimentación, agua, luz, atención médica y transporte ya es crítica, se agravará cada día y no tiene solución bajo la actual dictadura… salvo que se le levanten las sanciones, lo cual se supone es impensable.

Estados Unidos marcó la pauta en la estrategia seguida hasta ahora, la de estrangular económicamente al régimen y convencer a los militares de que salvaran sus propios pellejos  montando en un avión a Maduro y a su corte. Pero los generales siguen leales al régimen, entre otras razones porque ellos son parte de esa corte. Como en Cuba, el régimen se sostiene sobre las bayonetas, desmintiendo la romántica conseja de que éstas no sirven para sentarse sobre ellas. Estados Unidos podría romper este nudo gordiano utilizando sus propias bayonetas, pero, para sorpresa de quienes confiaban en que para actuar con las armas Washington sólo esperaba a que la opinión pública estuviera madura para aceptarlo,  la Casa Blanca ha logrado convencernos de que no piensa llegar a esos extremos ni aún ante la presencia militar descarada de Rusia, a la cual sólo ha podido responder con declaraciones más o menos dramáticas.

Esta perplejidad americana abre paso a la proposición europea de una negociación que permita a Maduro y a su corte de los milagros escapar al viejo continente para allí disfrutar de lo pillado, como ya ocurrió con las dictaduras de derecha que América Latina padeció en el siglo XX, aquellas que oprimían pero no arruinaban. Esta proposición es apoyada por el Grupo de Lima, asociación de gobiernos suramericanos interesados en que Venezuela se reincorpore al mundo democrático. La mecánica sería convocar unas elecciones en las cuales el madurismo obtendría hasta un 20 % de los votos y quedaría como un partido más, a la espera de un reflujo totalmente previsible. En efecto, la luz no volverá sólo con la salida de quienes la apagaron. Los primeros años democráticos todavía serán de penuria, situación que explotará el PSUV, agazapado como un íncubo en el cuerpo social venezolano.

Aparentemente, Estados Unidos se jugó todo a la carta de que Maduro no podría sobrevivir a las sanciones económicas y financieras. Y, también aparentemente,  Estados Unidos ha perdido esa específica apuesta. Es lejanamente posible que el formidable equipo reunido para atender el caso saque un conejo del sombrero, pero la impresión que dejan los hechos es que Putin los dejó fuera de balance al responderles acentuando el carácter militar de su presencia en Venezuela. Al recibir a la esposa del presidente (i) Guaidó, el presidente Trump insistió en que Maduro tiene que irse, pero lo visible es que Rusia está más decidida a quedarse con Venezuela de lo que Estados Unidos está dispuesto a hacer para impedirlo.

Mientras tanto, Venezuela ha llegado a nivel africano, y sigue descendiendo.

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