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FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS: El drama de la derecha

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El drama de la Derecha: más gente y mejores ideas, sin medios para comunicarlas

 ***La Derecha siempre baila al son que toca la Izquierda. Por eso le estorban los medios que tienen que ser fieles a los valores de esa base social.

 Por FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS

Salvo sorpresa de última hora, es decir, de última vox, las Derechas escenificarán hoy su drama electoral de siempre, al menos desde UCD: con tanta o más gente que las Izquierdas y con mejores ideas, carece de medios para comunicarlas. Desde los orígenes de la Transición asumió como rasgo ideológico esencial su inferioridad moral ante la izquierda. Y cuando una fuerza política no cree en sí misma, renuncia a difundir lo que es, porque, en realidad, ha renunciado a ser y prefiere vivir de alquiler, aunque sea temiendo un desahucio, que se produce fatalmente, elección tras elección.

El odio de la Derecha política a la Derecha social

Para las raras excepciones que sobreviven en este clima de dominio mediático de la Izquierda, como el grupo Libertad Digital, el triunfo de la Izquierda es más rentable, dentro de una aseada pobreza, que el de la Derecha. Desde Aznar hasta hoy, lo que ha caracterizado siempre al PP, y sigue caracterizando a Ciudadanos, es una inquina retorcida e implacable contra los medios que conectan con su base social. Es como si nuestra mera existencia recordara su rendición, y si, además de ningunearnos, pueden liquidarnos, lo hacen. De Antena 3 a la COPE y las concesiones de radio y televisión, que la derecha siempre entrega a la izquierda, sobran ejemplos.

El principio básico de sumisión mediática a la izquierda y la extrema izquierda, que con Rajoy alcanzó extremos delictivos y suicidas, es simple: se trata de comprar protección mediática personal en los medios progres a cambio de presentarse y ser aceptado como la excepción que confirma la regla de que la Derecha es odiosa y nunca debería prevalecer en las urnas. Y si lo hace, por desgaste de la Izquierda en el Poder, debe asumir siempre el legado izquierdista contra la base social a la que ha prometido cambiarlo. El pepero renegado así gana la medalla de la “moderación” frente a los “radicales” del partido y de su base social, que es “berroqueña”, “castiza”, “carca”, “carpetovetónica”, “casposa”, “irredenta” y lindezas habituales.

 

Las rendiciones mediáticas

Que la izquierda más zote y estúpida de Europa, la nuestra, mantenga esta política es natural: le favorece. Que la Derecha acepte que la “buena imagen” de un político o de un candidato suyo a cualquier cargo dependa de la aceptación que tenga en la Izquierda es incomprensible. Pero viene siendo lo habitual desde los años 80. Véase la política servilmente prisaica de Aznar ante el antenicidio, RTVE y las concesiones de radio. La verdad es que desde que la UCD de Calvo Sotelo se despidió abriendo la FM a los grupos de comunicación no socialistas, ni AP ni el PP han hecho otra cosa que aumentar el poder de la izquierda en los medios audiovisuales.

Porque si Aznar se rindió a Polanco, Rajoy no se limitó a impulsar la liquidación política de la COPE, su gran apoyo en la primera legislatura de Zapatero, sino que se ha arrastrado ante el mismo personaje que lo cercó en Génova 13 el 11M de 2004, Antonio García Ferreras, que pasó de Jefe de informativos de la SER a comisario de Roures y Zapatero en la Sexta, la cadena más radicalmente izquierdista de Europa, y después de ser salvada económicamente por Antena 3, siempre con el PP de Rajoy de por medio, es el todopoderoso padrino mediático de Iglesias, Sánchez y el separatismo. La guinda fue la entrega de Telemadrid a Podemos por el PP y Ciudadanos. De no ser trágicamente liberticidas las consecuencias, sería hasta divertido.

La base de esta renuncia a los lazos naturales de un partido con su base social, que son los medios de comunicación, es la claudicación moral ante la Izquierda, desde que el falangista Suárez se hizo centrista, y luego progresista, pasando por la firma por Juan Carlos I de la Ley de Memoria Histórica que lo deslegitimaba y acabando en la votación de las Cortes para sacar a Franco de la fosa, apoyada por Rivera y ante la que el PP, casi tan cobarde como la Conferencia Episcopal, se abstuvo. Por cierto, ni Casado ni Rivera preguntaron en los debates qué ha pasado con la urgencia que corría la exhumación. Ambos se dedicaron, con la admirable excepción de Cayetana Álvarez de Toledo, a respaldar como suya una Ley de Violencia de Género de la que sus bases abominan. La Derecha siempre baila al son que toca la Izquierda. Por eso le estorban los medios que tienen que ser fieles a los valores de esa base social, porque se presentan cada día a las elecciones del kiosko o el dial. Del mando a distancia ya nadie se preocupa: todos los canales son de izquierda. A Intereconomía ya la jibarizaron. Y 13, como su madre la COPE, nunca atacará a los satánicos obispos catalanes.

 

A una Izquierda sin principios, una Derecha sin valores

Lo más chocante es que esa renuncia a la defensa de España y de la Libertad, los dos fundamentos de la refundación del PP por Aznar en 1990, se produce al mismo tiempo que la Izquierda renuncia a todos sus valores tradicionales. Hoy son feministas, ecologistas, animalistas, globalistas y lo que sea. Todo menos marxistas o socialdemócratas, lo que eran cuando eran. Pero como la Derecha obedece al pensamiento progre, va cambiando con las modas de la Izquierda. Esta semana no tocaba antifranquismo sino feminismo… pues feministas. ¿Mañana toca cambio climático? Pues a ecologizar. ¿Pasado mañana ideología inclusiva contra la exigencia educativa? Adiós a la autoridad profesoral, y universidad gratis para todos. Aún veremos a algún Gallardón 2.0 frente a Las Ventas y contra los toros, que según el PACMA son bueyes dispuestos a empatizar ante una lechuga. No hay ridiculez que un Lassalle cualquiera no pueda defender en El País.

Sin embargo, el surgimiento de Vox contra la Dictadura Progre -que merece las mayúsculas- y la rebelión de intelectuales liberales del PP y C´s contra el feminazismo de la Viogen o la Desmemoria Histórica de España ha puesto en crisis esta sumisión ideológica de más de cuarenta años. Ha ayudado también el Golpe de Estado catalán, para que la idea nacional española, sin la que no caben libertad, constitución, tradición ni derecho alguno, salvo el de obedecer al tirano republicano que nos pongan, haya retoñado con fuerza extraordinaria, improvisada pero arrolladora. Mérito tiene Abascal, sin duda, aunque fuera el Rey el primero en alzarse contra la desidia de una clase política pavorosamente incapaz de cumplir con su deber más elemental: defender al pueblo que les paga para mantener su soberanía sobre nuestra heredad histórica y garantizar nuestras libertades.

La foto de Colón, que logró enterrar la figura etarra del mediador o relator internacional pactado por Sánchez en la rendición de Pedralbes, es el símbolo de una recuperación simbólica que, sea cual sea el resultado de las elecciones esta noche, no tiene marcha atrás. Son millones los jóvenes que han descubierto que España es suya y se la están robando políticos infames. Obligación de los políticos patriotas será distinguirse de los que no lo son. No porque el patriotismo sea un hecho ideológico, sino porque es un valor. Y eso es lo que obliga a redefinirse a una derecha para la que el único valor es la gestión económica, dejando a la izquierda la creación de ideas y la imposición de modas políticas.

 

Contra la hemiplejia ideológica y moral

De ese abandono de décadas sólo se saldrá con una reorganización mediática que defienda a diario valores liberales y principios nacionales. No es que las derechas, cualquiera de ellas, deban imponerlo. Basta con no impedir su crecimiento natural, paralelo al de una base social y electoral creciente. Si con más gente y mejores ideas, la Derecha no gana hoy de forma nítida, sino que debe encomendarse a un milagro para que la Izquierda pierda, es porque durante todas las horas de todos los días de todos los años todas las cadenas de televisión y la aplastante mayoría de postes de radio adoctrinan a los españoles para rechazar cualquier cosa a la que la Izquierda llame Derecha. Lo que sea. Mientras eso no cambie, el drama de una nación ideológica y moralmente hemipléjica, como lamentaba Ortega, seguirá representándose. Hasta que arda el teatro.

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