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ALFREDO MICHELENA: ¿Por qué los militares no actúan?

ALFREDO MICHELENA

¿Por qué los militares no actúan?

 Está claro que sin una ruptura del régimen y en especial del aparato represivo-militar no será posible conseguir el fin de la usurpación. Esta puede ser una pequeña, pero significativa ruptura que los lleve a negociar o una gran ruptura que precipite esa salida. En últimas se requiere que al menos una parte de la institución militar se ponga del lado de la Constitución. Pero esto no ha sucedido.

           Por ALFREDO MICHELENA

 

El país está en vilo. La crisis se profundiza. La gente se moviliza, protesta, reclama, se atreve; pero el régimen, o mejor dicho,  este estado mafioso o  “pranato”  se mantiene a pesar de que 90 % de los venezolanos quiere que Maduro y combo se vayan. Se ha probado de todo y ahora se les pide a los militares que lo abandonen. Se les ofrece amnistía. Se les advierte de una invasión extranjera y nada cambia, al menos de manera significativa. ¿Qué pasa con ellos?

 

La destrucción de la institución

Desde que llegó Chávez al poder, el objetivo del castrochavismo ha sido destruir la institucionalidad de la Fuerza Armada Nacional. Varios han sido los procesos seguidos a este fin. Entre ellos, la corrupción; la vinculación al narcotráfico y otras actividades delictivas; la ruptura de la jerarquía militar; la eliminación de la meritocracia;  el fin de las rotaciones temporales; y su intensiva incorporación al aparato civil y económico del Estado.

Con el plan Bolívar 2.000 al inicio del siglo vienen las primeras denuncias de corrupción masiva. Entre los militares, hablamos de cientos e incluso miles de millones de dólares. Más recientemente baste leer la lista de la OFAC norteamericana para encontrar varias decenas de ellos. En términos del narcotráfico se habla del “Cartel de los Soles” compuesto por militares activos que permiten el tráfico y trasiego de la droga por el país hacia el exterior. En este sentido también están los vinculados al comercio ilegal del oro, diamantes y otros metales preciosos. Es la articulación de lo militar con las organizaciones delictivas internacionales, incluyendo la guerrilla. Esto le da un poder especial y un ingreso que en últimas compra sus lealtades, a riesgo de ser enjuiciados por quienes han permitido el delito.

 

“Que me pongan donde haiga”

Y por supuesto los que están en posiciones donde se pueden enriquecer por las comisiones. Como los ministerios vinculados a la alimentación para lo cual se han destinado US$ 60 millardos. Se acuerdan de “Pudreval”. Los militares  han colonizado la administración pública, en ministerios, gobernaciones,  institutos autónomos y empresas del Estado, ocupando altos cargos en finanzas y en ministerios donde hacen grandes contrataciones o compras. Dirigen 12 ministerios, seis estados y 76 empresas públicas. Se han creado además empresas militares petroleras, constructoras, firmas agrícolas, seguros, bancos así como fábricas de ropa y vehículos; 14 en el período de Maduro. Unos 11.000 uniformados están en posiciones de poder y están fuera del alcance de la Contraloría General venezolana, ya que ellos mismos se controlan, por decisión del TSJ.

 

Cadena de mando

La estructura militar es una especie de oligarquía piramidal formada por estratos que se superponen unos a otros dando el poder de mando a los de cada estrato superior sobre el inferior.  Y cada estrato superior, cada vez más exiguo en la medida en que se cierra la pirámide, es conformado con los mejores del estrato anterior.  Esto fue roto, pues la “meritocracia” que privilegiaba a los mejores se cambió por la lealtad política revolucionaria, el amiguismo y las complicidades criminales.  Además, las sagradas diferencias entre los militares de carrera, los suboficiales y la tropa se disolvieron y lo político tomó precedencia.

“Venezuela tiene 2.000 generales, más que toda la OTAN combinada”, señalaba el jefe del Comando Sur, el almirante Craig Faller.  Y como dicen en Venezuela “todos comen” … y comen bien. Son tantos porque, entre otras cosas, una vez llegados a los altos rangos no son pasados a retiro. Un claro ejemplo es el gen. Padrino López que lleva cuatro años como Ministro de Defensa, cuando en los 40 años de la República Liberal Democrática el designado en este cargo solo duraba un año.

 

¿Hay militares institucionales?

A juzgar por el aumento de los militares presos por razones políticas, de 31 en la época de Chávez a los más 200 que hay en este momento, hay una oposición interna en la institución.  Esto también se nota en el aumento de las solicitudes de baja y de las deserciones.  El problema es que la institución está penetrada por la inteligencia cubana.  Sabemos que un oficial cubano conocido como “coronel Camilo”, jefe del G2 en Venezuela, es quien realmente dirige el Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria (Cesppa), creado por Maduro.

Según el exgeneral Hugo Carvajal, quien fue jefe de contrainteligencia militar de Chávez, los militares venezolanos “quiere cumplir con sus deberes constitucionales, pero el control es mucho más férreo de lo que imaginan”. Los cubanos, según fuentes bien informadas, son como una sombra que persigue a todos los que no se pronuncian a favor de Maduro.  Los que no son abiertamente leales al régimen son al menos marginados, en especial del control de la tropa.

En todo caso, para los que piensan que organizar un golpe militar es fácil recuerden los años que pasó Chávez conspirando y al final no pudo tomar el poder por ese medio.

 

Los paramilitares

 

A pesar de todo esto, Maduro no tiene absoluta confianza en esta institución. Por eso en línea con lo que ya Chávez había establecido y siguiendo el modelo cubano ha venido desarrollando la milicia bolivariana, rama militar no prevista en la Constitución, y dando mayores responsabilidades a los colectivos.  A estos tenemos que agregar que, bajo el Frente Francisco de Miranda, muchos entrenados en Cuba, se vienen desarrollando las Unidades de Batallón Bolívar-Chávez (UBCH), una especie de “Comités de Defensa de la Revolución” de Cuba, que se estima existen en una red de 13.000 unidades. Para no hablar de las comunas.

Las UBCH, según Freddy Bernal, de quien se dice que será el nuevo Ministro de las Comunas, “… además de la tarea política, social, el casa por casa, e involucrada en las Misiones y Grandes Misiones, va ahora a dar otro salto adelante en organización y formación de un revolucionario integral y es toda una estrategia dentro del PSUV para hacer que cada UBCH se transforme -en un tiempo prudencial- en un Cuerpo Combatiente en defensa integral de la nación”.

Para completar el cuadro de cómo está repartido el poder de represión y fuego en el “pranato” hay que agregar a las guerrillas colombianas de las FARC, del ELN y del ELP así como el FBL venezolano, como también las diferentes bandas criminales unas ligadas al tráfico de drogas y otros ilícitos como los Rastrojos, los Urabeños, el Clan del Golfo, entre otros. Además de las criollas como “el tren de Aragua”.  Como vemos, el poder de ejercer la violencia no está solo en manos de la institución militar sino atomizado en varios grupos.

 

El quiebre del aparato militar

Cuando Pinochet se alzó contra Allende, la institución se quebró y la mayoría siguió a su Ministro de Defensa. También se quebró cuando en 1965 en República Dominicana cuando el general Wessin y Wessin dio un golpe de Estado contra el gobierno de Juan Bosh. O incluso cuando Marcos Pérez Jiménez entendió que había perdido mando en sus Fuerzas Armadas.

Pero esos eran hasta cierto punto corporaciones institucionalizadas que mantenían el control del poder de las armas.  Gobiernos en crisis, pero con Estados institucionalmente establecidos. En Venezuela estamos en presencia de un Estado fallido y mafioso o como lo hemos definido: un “pranato”, donde juega más como elemento de cohesión las relaciones políticas (‘revolucionarias”), criminales y de sometimiento por represión que la institución militar. Paradójicamente, fue justo lo contrario. El respeto a la institución y a los derechos humanos fue lo que impidió que Chávez masacrara al pueblo el 11 de abril, pero también que la institución permitiera a su vuelta el 13 del mismo mes.

Un impacto duro y certero a una pelota de basquetbol, por ejemplo, probablemente provocará su ruptura masiva y violenta mientas más bien inflada esté; pero será más difícil romperla cuando está muy desinflada.  Este es el caso de las Fuerzas Armadas criollas, cuya institucionalidad está tan comprometida que su quiebre ha sido muy difícil; además cómo vimos no son ellas la únicas que tienen el uso legítimo o mejor dicho legitimado de la fuerza, pues está toda esa pléyade de grupos paramilitares y delincuenciales que conforman el pranato.  Y son estos últimos lo que vienen ejerciendo la represión al movimiento libertario de la sociedad civil, pues Maduro parece no confiar en los militares para estas tareas.

No es que no quieran, como dijo Carvajal, es que a los militares institucionales se les hace difícil actuar para reivindicar sus deberes constitucionales. Para que esto suceda el golpe tiene que ser mucho más fuerte que en los casos que anteriormente nombramos.

 

Lo que viene

Sea por presión interna o por presión externa o ambas, el punto de quiebre tiene que ser recio para que toda esa amalgama delictiva del pranato se quiebre y los militares institucionales, que los hay, salgan a defender la Constitución y se enfrenten a los que sigan aliados al chavismo y a los grupos paramilitares y delincuenciales a los que nos hemos referido.

Por ahora, para esa ruptura solo se ven tres escenarios: la “operación libertad” en la toma de toda Venezuela y la marcha a Miraflores; la intervención militar extranjera; y el modelo cubano. ¡Qué pardoja! Sea el del “Gramma” o el de Bahía de Cochinos se trata de constituir una fuerza armada en el exterior; claro a las órdenes del presidente Guaidó e incursionar en Venezuela, y para eso ya hay oficiales y tropa en el exterior.  Entonces, al liberar espacios sí se invocaría el 187 artículo numeral 11 de la Constitución para permitir el definitivo ingreso de una coalición internacional, seguramente dirigida por los EE.UU.  para proteger la ayuda humanitaria y controlar las zonas de paz liberadas.

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